10
mar
Diario de Navarra

Convocadas ya para el 5 de abril las elecciones autonómicas tanto en Galicia como en el País Vasco, ha comenzado ya, de manera paralela, la necesaria confluencia entre dos partidos que en su discurso se asemejan demasiado: hablamos, claro está, de Partido Popular y Ciudadanos. Una confluencia que partió hace meses de la dirección del Partido Popular y que se plasmó en la marca Navarra Suma, que, como es sabido, ganó claramente las elecciones autonómicas del pasado del 26 de mayo en la Comunidad foral aunque no le sirviera para gobernar, ya que el PSOE, sumando sus votos a otras formaciones más la abstención de Bildu, se hizo finalmente con el Gobierno foral.

A pesar de ello, visto el éxito que había tenido la fórmula Navarra Suma, y ante el hecho de que tarde o temprano se iban a convocar unas nuevas elecciones generales (lo que finalmente sucedió el pasado 10 de noviembre), Casado, líder de los populares, ofreció a Ciudadanos hacer lo mismo a nivel nacional. Pero la formación naranja se negó en redondo y ya es conocido lo que sucedió: el PSOE de Pedro Sánchez ganó las elecciones, el PP se tuvo que conformar con el segundo lugar y Ciudadanos acabó hundido a nivel nacional. Y es que aunque ambas formaciones sabían a la perfección que nuestra ley electoral penaliza la fragmentación del voto, la postura inamovible de un Ciudadanos que aun creía posible convertirse en el nuevo referente de la derecha española llevó a la citada debacle. Ahora, con una nueva dirección nacional del partido naranja (aún en forma de gestora pero con todas las de ganar de cara al congreso que debe elegir el nuevo líder), los dos partidos se han puesto manos a la obra para hacer bueno el principio de “la unión hace la fuerza”.

A pesar de ello, la dirección nacional del Partido Popular se ha encontrado con una posición enconada tanto en Galicia como en el País Vasco. En el caso de la primera comunidad, se comprende la posición del presidente Feijoo: tiene prácticamente asegurado revalidar mandato en su autonomía, Ciudadanos nunca ha tenido relevancia en este territorio y, en la práctica, Génova no le puede imponer nada. Lo que no oculta ciertos riesgos en su actitud: Casado puede ser el nuevo inquilino de La Moncloa en el plazo de año a año y medio (sobre todo si Sánchez se ve obligado a convocar nuevas elecciones anticipadas al no lograr aprobar Presupuestos Generales del Estado), y entonces Feijoo, que aún tiene recorrido en su vida política, seguramente tendrá que olvidarse de retornar a una política nacional en la que ya estuvo hace un tiempo (fue subsecretario de un ministerio antes de 2009), ya que Casado tendría muy presente la nula colaboración que ha encontrado en éste para afianzar esas coaliciones conjuntas, en las cuales el objetivo fundamental del líder del PP es lograr que, en la práctica, Ciudadanos acabe integrándose en un posible nuevo partido (Casado ha dejado caer en más de una ocasión que tiene pensado refundar el partido).

Lo que difícilmente se comprende ha sido la cerrada negativa del hasta hace unos días líder del PP vasco, Alfonso Alonso, a permitir que el número dos de su candidatura tanto por Álava como por Vizcaya fuera alguien de Ciudadanos. Se trata, a fin de cuentas de tan solo dos diputados en un partido, el popular, que en el País Vasco lleva mucho tiempo a la baja. Y más aún teniendo en cuenta que Casado contaba con alternativas en ese partido, ya que el grupo de María San Gil y otros destacados exponentes nunca han dejado de estar allí. Finalmente, la inamovible posición de Alonso le ha costado perder la candidatura a la que había sido confirmado solo unos días antes y ser reemplazado por un hombre, el vizcaíno Iturgaiz, que ya en su momento presidió el PP vasco.

En ese sentido, la dirección de Génova ha dejado claro que quien manda allí no es otro que Pablo Casado, primer líder de la derecha española elegido por el sistema de primarias (las ganó en 2018 y con mucha claridad a la exvicepresidenta Saenz de Santamaría). E igualmente hay que recordar que, igual que Ciudadanos es un partido muy débil tanto en Galicia como País Vasco, en cambio sigue siendo fuerte en Cataluña, con lo que tienen bastante que ofrecer a un PP que en la comunidad catalana se encuentra en mínimos desde hace años. Cierto es que Ciudadanos pegará un bajón en las elecciones que deben celebrarse en cuestión de meses pero que aún no han sido convocadas, y que su lugar será reemplazado en parte muy sustancial por el PSC, pero así se podrá hacer realidad aquello de “hoy por ti, mañana por mí”. La conclusión es muy clara: el centroderecha español nunca ganará unas elecciones generales mientras siga dividido en tres partidos, y, de ellos, hay uno, que es Vox, que no tiene la más mínima intención de hacer candidatura conjunta con Ciudadanos y Partido Popular. Veremos adónde nos lleva esta nueva etapa de aparentemente estrecha colaboración entre los naranjas y los populares.


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