23
jun
El Comercio

Hace dos semanas expliqué que el mantenimiento del empleo requiere salariosmás bajos, que las regiones que mejor se adaptan al nuevo entorno son las que mejor soportan la crisis y cómo adoptar una pequeña rebaja salarial del 10% podría haber salvado dos millones de empleos (http://goo.gl/Y6hEE). La semana pasada conocimos que los costes salariales han caído el 1,4% en el primer trimestre de 2013 respecto al mismo periodo del año anterior. La devaluación interna, aunque tarde, ya ha comenzado.

Ahora bien, para que esta medida sea realmente competitiva, y no una mera pérdida de poder adquisitivo, los precios de los bienes y servicios tienen que caer también. Esto no ha sucedido en todas las comunidades autónomas. Desde 2003 a 2013 (considerando cinco años de bonanza y cinco de crisis, para tener una panorámica completa), los salarios han crecido casi exactamente lo mismo que la inflación en la media del territorio nacional. Es lógico que haya cierta proporción, ya que muchos servicios valen lo que los consumidores pueden pagar por ellos, lo que a su vez depende de los salarios de quienes los proporcionan.

No obstante, hay regiones donde la evolución de ambas variables está desequilibrada. Es el caso de Navarra, donde la inflación ha crecido el 19,2% más que los costes salariales. Este desajuste suele ocurrir cuando la legislación local protege a los comerciantes locales, lo que dificulta la entrada de competencia. Sin embargo, el caso navarro, como el cántabro o el castellano y leonés, no es grave, porque tanto los precios como los salarios se han contenido más que la media nacional. Más peligroso es el de Cataluña, donde la inflación acumulada (38,8%) es lamás elevada de España, a causa de múltiples requisitos normativos e impuestos más gravosos que en el resto de las CCAA. A causa de esto, esta región tiene mayor dificultad para reducir el importe del personal y ha perdido la pujanza de antaño. La Rioja, con la segunda cifra de inflación más elevada, sufre un problema parecido de falta de competitividad empresarial.

Murcia y Castilla-LaMancha son otros ejemplos de desequilibrio, porque esta cifra creció mucho en la última década y, a pesar de los esfuerzos por contenerlos en el último año, el recorrido a la inversa esmás complicado.
Cuando una región se acostumbra a vivir del dinero fácil, como burbujas o transferencias de fondos públicos, quienes se han instalado en una posición confortable se resisten a ajustar sus beneficios conformea sus nuevas posibilidades. El reequilibrio solo llega cuando no hay otro remedio, porque el paro se hace insoportable. Extremadura, aunque más suave, sufre un problema parecido, ya que el gasto de la mano de obra ha crecido el 8,6% más que la inflación, a pesar de que su desempleo es el segundo mayor de España.

Otras regiones como el País Vasco, Galicia o laComunidadValenciana, muestran igualmente una flexibilidad insuficiente, ya que sus salarios han crecido bastante más que la inflación. Si España quiere recobrar su competitividad necesita mejorar en ambos aspectos: la falta de competencia empresarial y de liberalización laboral. No somos una isla y si queremos seguir siendo socios del resto del mundo, necesitamos contener el importe de las nóminas. Para conseguirlo, es vital favorecer una mayor competencia para que se abarate el coste de la vida.

No se puede avanzar en la senda de la recuperación dando pasos con un pie, aunque algunos gobernantes pretendan cargar el peso del esfuerzo en un solo lado.


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