11
feb
Expansión

El sector manufacturero de la zona euro ha comenzado el año con un comportamiento excelente, sin que parezcan haberle afectado ni el Brexit ni el proteccionismo de Donald Trump.  La depreciación del euro y la mayor demanda del mercado mundial están jugando un papel clave para mejorar su competitividad, tanto dentro como fuera de Europa. Así, en lo que llevamos de 2017, las exportaciones se aceleraron, alcanzando máximos respecto a los tres últimos años. Este crecimiento se tradujo en nuevos aumentos del empleo en enero, encadenando 29 meses de incremento mensual.

Además, los últimos datos publicados del Índice de Gestión de Compras (PMI por sus siglas en inglés), que elabora Markit, testimonian que la industria siguió su tendencia ascendente y alcanzó su mayor nivel desde hace seis años (+55,2). Recordemos que un valor por encima del 50 significa que continúa aumentando la producción industrial. Un dato excelente, ya que no debe olvidarse que la industria es un sector fundamental para la recuperación económica de Europa. No en vano, la mayor parte de las exportaciones europeas (y españolas) corresponden a productos industriales competitivos y de calidad.

Esta aceleración en enero de la actividad industrial (PMI) en la zona euro fue generalizada. Pero los países que tuvieron un mayor crecimiento fueron Austria (57,3), Países Bajos (56,5), Alemania (56,4) y España, donde el índice PMI manufacturero alcanzó 55,6 puntos frente a los 55,3 de diciembre del año pasado.

La industria española, muy bien, gracias.

Este dato del PMI español de enero supone una mejora con respecto al Índice de Producción Industrial (IPI) del conjunto del año pasado, que publicó este jueves el INE. Corregidos los efectos estacionales y de calendario, la industria creció en 2016 el 1,9%. Lo que significa que llevamos cuatro años con tasas positivas frente a las muy negativas de los años 2011, 2012 y 2013. No obstante, y a pesar del esfuerzo realizado, todavía la producción manufacturera se encuentra muy por debajo de los valores registrados durante el 2007.

El crecimiento del IPI de 2016 se apoyó sobre todo en la producción del sector de bienes de equipo, que creció un 3,9%. Este importante incremento está permitiendo satisfacer la demanda externa y la interna, consolidando el cambio de modelo productivo que se está verificando en la economía española. Lo que demuestra que el país sigue invirtiendo en tecnología, a la vez que procura mejorar, no sólo su productividad, sino la calidad de sus productos. Además, el espectacular crecimiento de la fabricación, la importación y la exportación de bienes de equipo muestra que España se ha integrado en la cadena de producción mundial de éstos, es decir, un mismo bien es importado, reelaborado y exportado de nuevo. 

Dificultades en el horizonte

Pese a estos alentadores resultados, durante este 2017 la industria europea, incluida la española, podría tener que afrontar el reto del nuevo proteccionismo provocado por la llegada de Trump a la presidencia de EEUU. Un proteccionismo que busca fomentar la actividad económica y  la creación de empleo dentro del país, pero que, a medio plazo, podría afectar negativamente al consumidor estadounidense, debido a  que un aumento arancelario en las importaciones  llevará  a una subida de los costes y, con ello, a una mayor inflación y a una pérdida de poder adquisitivo. Y lo que es peor, puede poner en peligro el buen funcionamiento de la  cadena de valor a nivel mundial.

Tomemos como ejemplo la industria automovilística. En la mayoría de los casos, un  coche se fabrica en distintas partes del mundo, por ejemplo los de General Motors: las materias primas se extraen de  países de África o Latinoamérica, las piezas se producen en  México y el coche termina por ensamblarse en EEUU. Lo mismo sucede en la industria europea, que, al igual que la americana, está muy bien integrada en la cadena de valor internacional.

Desgraciadamente, cuando ésta se rompe por causa del proteccionismo, pueden darse ineficiencias y pérdidas en las empresas industriales ubicadas en países emergentes, lo que puede implicar despidos masivos a nivel mundial y una vuelta a la recesión. Esto significaría menos ventas, tanto por la contracción económica como por el proteccionismo.

A esto habría que sumarle el perjuicio que suponen los aumentos de los costes energéticos, muy dañinos para la industria española y, en general, para la europea. Desde el pasado primero de enero, cuando la Organización de los países exportadores de petróleo  (OPEP por sus siglas en inglés) redujo la oferta de crudo,  se ha producido un incremento en los precios (por ejemplo del transporte) y,  con ello, de la inflación. En los últimos tres meses, los precios por barril de petróleo han pasado de 45 dólares a 55.

En definitiva a pesar del positivo avance del sector industrial europeo y español, nadie se puede quedar de brazos cruzados ante un panorama político, económico y social que se nos antoja incierto y complicado. De ahí que, tanto los gobiernos europeos como los empresarios, deban buscar la forma de cuidar la industria, con el fin de que la cadena productiva siga con un movimiento eficiente. Por su parte, la industria europea tendrá que otear el horizonte y buscar nuevos aliados para consolidar su producción y ampliar sus mercados, es decir, nuevos consumidores que compensen las posibles pérdidas que se avecinan.


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