10
feb
OkDiario

Si uno atiende a la coyuntura que presenta la economía española, podemos observar como, pese a los resultados que arrojan los indicadores medios, estamos ante una España completamente desigual. Tanto en materia de desempleo, así como salario medio, incluyendo muchas variables, la economía española no es para nada uniforme. Mientras que en determinadas comunidades autónomas están creciendo a ritmos muy acelerados, en otras el crecimiento se encuentra prácticamente estancado.

De la misma forma ocurre con el empleo. Mientras podemos observar a unas comunidades autónomas creando empleo a su mejor ritmo desde que se creó la serie histórica -como es el caso de Madrid-, otras, como Extremadura o Murcia, muestran un enfriamiento en la creación de empleo, incluso una destrucción en algunos casos. Lo que algunos denominan la “España a dos velocidades” es una realidad que pone de manifiesto la necesidad de unas políticas adaptadas a cada escenario, con diagnósticos individuales y precisos.

Para hacernos una idea de la magnitud de lo que hablamos, la Comunidad de Madrid, por poner un ejemplo, no solo se ha convertido en el principal motor económico de España, sino en uno de los pocos motores económicos de España. Si cogemos la última EPA y desagregamos por comunidades autónomas, podemos observar como la creación de empleo en la Comunidad de Madrid, atendiendo al aporte de la totalidad de autonomías, representa el 85% -redondeando el dato- de la totalidad del empleo neto generado en el país durante el último trimestre.

Pero no es un caso aislado a la EPA del último trimestre del año. Si atendemos a las magnitudes anuales, podemos observar como en la Comunidad de Madrid, durante el año pasado, se crearon 138.900 empleos. Si cogemos esta magnitud y la situamos en proporción con los 402.300 empleos que ha creado el país este año, podemos identificar que el 35% de la creación de empleo en el país, en estos momentos, lo está generando la región que preside Isabel Díaz Ayuso.

Así, la Comunidad de Madrid se ha convertido en el principal motor económico del país, superando incluso a Cataluña en todos los indicadores.

Si atendemos a las medidas que desea implementar el nuevo Gobierno, podemos observar como todos los proyectos van enfocados en nuevas reformas entre las que se destaca la nueva subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Una subida que, en estos momentos, muchos califican como una subida insignificante por la cuantía que representa, pero que, en detalle, marca la diferencia la comunidad en la que se aplique. Y no hablamos de diferencias positivas, pues precisamente se muestra lo contrario, es decir, negativa.

En materia de salarios, por ejemplo, la referencia para la toma de decisiones incluye el salario medio del país, que refleja, como su propio nombre indica, el promedio de los salarios en España. El problema de la media es que mientras más aumentan los desequilibrios en el país, este salario medio es cada vez menos significativo. Además, en el momento que unas comunidades autónomas, especialmente las que sitúan en las colas de la distribución, comienzan a mostrar un mayor distanciamiento del bloque común, la media se distorsiona, por lo que el resultado se va volviendo aún menos representativo.

Esto ocurre en España, aunque todavía no ocurre de forma extrema. Mientras el salario medio en España, en 12 pagas, se encuentra cercano a los 1.900 euros, comunidades autónomas como Extremadura presentan un salario medio bastante inferior, cercano a los 1.600. Si atendemos a la subida del SMI, contando con las 14 pagas que este contempla, estamos hablando de que, conforme vamos incrementando el SMI, para algunas comunidades autónomas, el número de trabajadores que quedarían por debajo del nuevo umbral es cada vez mayor. Es decir, cada vez hay más trabajadores que se verían afectados por la medida.

Para ello utilizamos el índice de Kaitz, que nos refleja la relación entre SMI y salario medio. Con la subida hasta los 950€, el índice de Kaitz, el cual no recomienda que ascienda por encima del 60%, ya supera ese límite en muchos territorios, mientras que en otros, incluso, se podría seguir incrementando sin efectos apreciables en su mercado laboral. Hablamos de claras desigualdades que no solo ponen en relevancia la disparidad entre las distintas comunidades autónomas y territorios en el país, sino que cuestionan, a su vez, el efecto óptimo de medidas tan generalistas como las que, desde el gobierno, pretenden aplicarse.


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