30
sep
El Economista

El proceso soberanista en Cataluña está afectando gravemente a su economía. A pesar de que algunos analistas locales intentan destacar las pocas inversiones extranjeras que se han localizado en los últimos meses (en muchos casos como meras oficinas de representación), el saldo económico es demoledor para una región que sistemáticamente ha crecido por encima de la media nacional en esta fase de expansión del ciclo económico.

En este sentido, estimamos que, sólo en un año, las pérdidas derivadas de los hechos anteriores y posteriores al golpe separatista ascienden a 827,9 millones de euros respecto al PIB de España, es decir, dificultando el crecimiento de la economía española. Para llegar a tan escalofriante cifra, hemos utilizado diferentes variables que permiten aproximarse al coste real desde diferentes perspectivas, teniendo en cuenta las diversas implicaciones que se desprenden un fenómeno de semejante magnitud y complejidad.

Por un lado, evaluamos la diferencia entre el crecimiento real y el potencial de la economía catalana; una brecha que, tras experimentar un importante crecimiento en 2017, es equivalente al 3,9% del PIB catalán. La pérdida de crecimiento potencial viene explicada por la deslocalización no sólo de las sedes sociales de más de 5.000 empresas en un año sino por el desvío de producción, paralización de inversiones y, por tanto, menor creación de empleo a medio plazo. La clave no está tanto en si crece más o menos que la media nacional sino cuánto crecía antes del «golpe» y cuánto crece ahora.

Por otro lado, es importante observar la evolución de la contribución de Cataluña al crecimiento del PIB de España en comparación con la de la Comunidad de Madrid. Ésta lleva superando a aquélla desde que la economía de nuestro país volvió a crecer, en el cuarto trimestre de 2013. Así, de una tasa del 3,3% estimada por Funcas para 2017, hasta 0,91 puntos porcentuales corresponderían a Madrid frente a los 0,84 aportados por Cataluña. Y, en 2018, ambas regiones acrecientan su distancia, con 0,81 puntos procedentes de la comunidad madrileña y únicamente 0,52 de la catalana. Esto significa que, en un solo año, la economía de esta última ha perdido casi la mitad de su influencia en la tasa de crecimiento del conjunto de la economía española.

La suma de estos datos compone una fotografía bastante fiel y completa del menoscabo que está sufriendo la economía catalana en sus distintas vertientes, y permite vaticinar todo lo que aún está por perderse en caso de que no se ponga fin a la inestabilidad política e institucional que pesa sobre esta comunidad.


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