08
jun
OkDiario

La paralización de la actividad económica en España se ha convertido en un auténtico calvario para las empresas españolas. Ante el duro shock de oferta que estaba experimentando la economía por las medidas de distanciamiento social que trataban de frenar el brote vírico, las empresas españolas, así como todas aquellas empresas que se encontraban en los países afectados por el virus, se han visto en la obligación de frenar toda actividad que se encontrase en funcionamiento, debiendo renunciar a sus ingresos hasta que el Gobierno considerase que la contención del virus estaba siendo efectiva.

Esto, para las empresas europeas, por ejemplo, ha supuesto un duro golpe para sus finanzas, pues la caída en los ingresos para este año, reflejada también en la producción que recoge el PIB en los distintos países que han sido afectados por la pandemia, se presenta bastante severa. Sin embargo, para las empresas españolas precisamente, el golpe representa un daño agregado, pues hablamos de un tejido empresarial que, a diferencia de otros países, presenta un gran elenco de pequeñas empresas, las cuales, en el cómputo total del tejido productivo español, ya representan el 99,9% de las empresas en el país.

Así, hablamos de empresas excesivamente vulnerables ante la crisis que nos sacude. Unas empresas que, además de vulnerables, soportan el 70% del empleo en el país, de la misma forma que producen el 88% del empleo nuevo generado. Y es que, las pequeñas y medianas empresas españolas, por el hecho de ser pequeñas, poseen unos recursos que, a diferencia de las grandes empresas, les hace más vulnerables ante escenarios de recesión o contracción económica. De hecho, atendiendo a las cifras de 2008, únicamente el 7% del empleo destruido durante la Gran Recesión, como reflejan los datos precedentes, fue destruido por la gran empresa. El restante, el 93% restante fue destruido por pequeñas y medianas empresas que, como hoy, se enfrentan a un escenario complicado.

Liquidez

En este sentido, estamos hablando de empresas que, a la luz de los datos, reflejan esa vulnerabilidad clara de la que hablamos. Para hacernos una idea, en términos de liquidez, por ejemplo, las empresas españolas se encuentran a la cola de liquidez, en contraste con el tejido productivo que poseen nuestro homólogos del bloque comunitario. Del cómputo total de compañías establecidas en Europa, así como del agregado de liquidez que suponen todas ellas, el conjunto de empresas españolas -contando a las grandes como Inditex- solo tendrían el 3% del total de liquidez de la Unión Europea. Esto, en contraste con nuestro vecino, Francia, estaríamos hablando de que sus empresas representan el 20%.

Como estamos comentando, hablamos de un tejido empresarial que, como refleja este último dato, muestra la escasez de recursos. Una situación que nos lleva a que, como muestran las empresas española, la caja media que poseen estas empresas, en una relación de días que puede aguantar la empresa manteniendo los costes fijos sin tener que recurrir a nuevos ingresos, se encuentra en los 57 días. Una duración que, si atendemos a los días que llevamos confinados, así como la gradualidad que está mostrando la recuperación de la actividad económica en el país, teniendo en cuenta que, como recoge el PMI, la actividad manufacturera registra un hundimiento no visto desde el año 1976, se queda más que escasa.

En esta línea, la economía española, ante la incapacidad de reactivarse con total normalidad, ya ha comenzado a sufrir los efectos el coronavirus, de tal forma que ha comenzado a generar destrucción de capacidad productiva. Desde el confinamiento, y sin contar los casi más de 3 millones de empleados que se encuentran en estos momentos afectados por ERTE, la economía española ha destruido cerca de 760.000 empleos. Y es que, como decíamos, estamos hablando de que, atendiendo a los datos mostrados, el 70% del empleo está soportado por estas Pymes que, ante la situación, no han podido desarrollar su actividad con normalidad.

Turismo

Además, a esto debemos agregarle que los sectores más afectados han sido el sector turístico, del que nuestra economía depende, tanto directa como indirectamente, en un 25% de nuestro PIB, y un 14,7% del empleo; así como el sector del comercio, el cual soporta, de la misma forma, otra gran cuantía de nuestra economía y empleo.

Por el lado de las empresas, tal y como confirmaba el compañero economista Daniel Lacalle, estamos hablando de una destrucción que ya se cifra en 133.430 empresas. Unas empresas que han sido devastadas por esta crisis, siendo condenadas al cierre absoluto y, teniendo en cuenta que estas empresas en su gran mayoría no volverán, a la desaparición. Esto nos ha llevado a que indicadores como los de petición de subsidio, así como los de beneficiarios de estos, se hayan disparado, respectivamente, en un 136%, así como un 207%. Por tanto, disparando el gasto público de unas cuentas públicas que, ante lo ocurrido, se encuentran al borde del colapso, así como a la espera del rescate europeo.

En conclusión, la situación, como se muestra, requiere de una actuación que permita, en primer lugar, la adaptación de las empresas y el evitar que estas se destruyan, destruyendo con ellas empleo y capacidad productiva; así como, en segundo lugar, contener el tejido productivo intacto, de tal forma que la recuperación esperada para la economía, teniendo en cuenta la peculiaridad de una economía contracíclica como la economía española, sea lo más efectiva y fugaz posible.

Pues, con unos precedentes como los de 2008, la economía española no se encuentra en una situación en la que, con un desempleo estructural de partida del 14% -el más elevado de Europa-, pueda permitirse el que su economía se descapitalice, al ritmo que, por el momento, se está descapitalizando.


Deja un comentario