31
mar
Panam Post

En los últimos días el país ha vuelto a sufrir un revuelo en todo lo que concierne al coronavirus y su impacto en la economía. Hace tan solo unos días conocíamos la orden de confinamiento total que el presidente Sánchez proponía para, en primer lugar, reforzar las estrategias adoptadas para frenar la elevada tasa de contagio, así como, por otro lado, contener el posible colapso de las UCIs; especialmente en Madrid, donde la situación ya se ha descontrolado por completo.

En este sentido, lo planteado por el presidente Sánchez no es más que las medidas solicitadas previamente por distintos líderes autonómicos que, bajo su criterio, solicitaban al Ministro de Sanidad con el único fin de paralizar toda aquella actividad no esencial que, por el momento, se estaba llevando a cabo. Una medida que causó bastante crispación a muchísimas personas, puesto que las formas adoptadas por Sánchez fueron, como poco, extrañas.

Y es que, a punto de acabar el día, el presidente seguía sin anunciar qué actividades se consideraban esenciales y cuales no. Una publicación que no salía, y que tuvo que salir a última hora de la noche. Tal fue la espera que, junto a la publicación, el Gobierno se vio en la obligación de dar una moratoria de un día para todas aquellas personas que, sin saberlo, se encontraban en la obligación de acudir a la oficina a realizar cualquier actividad que, siendo preciso, le permitiese un posterior confinamiento.

Una medida que, bajo mi criterio, estaba bien enfocada. Y matizo esta afirmación diciendo que, en este sentido y por el momento que nos acontece, lo prioritario en estos momentos es el acortamiento de la vida del virus. Es decir, debemos centrar todos nuestros esfuerzos en frenar la curva de contagio de tal forma que, a la vez de no colapsar nuestro sistema sanitario, podamos acelerar la salida de este brote vírico, el cual tiene colapsada —y esto si es ya una realidad— la economía. Una apuesta seria, pero que, en el coste de oportunidad, podría salirnos muy rentable.

Bien, para que nos salga rentable, en este sentido, debemos paralizar toda actividad que no se considere esencial, es decir, reforzar el confinamiento y controlar férreamente el distanciamiento social. Como decía, esto tienen un elevado coste, no podemos negar lo evidente. Sin embargo, lo que se pretende es suplir ese coste con un beneficio como el de, en primer lugar, salir cuanto antes de esta situación. Así como, por otro lado, poder reanudar la actividad económica lo antes posible. El último punto, clave para controlar la posible consolidación de pérdidas.

Debemos saber que la consolidación de estas pérdidas, en estos momentos, dependen sobre todo de la duración y lo que se prolongue este virus. Estamos en un escenario en el que la actividad económica se muestra completamente paralizada. Una paralización que impide el generar ingresos en las empresas, prolongando una situación que, de continuar en el largo plazo, podría obligar a las empresas a echar el cierre, consolidando una pérdidas de capacidad productiva que, al igual que en 2008, nos obligaría a una recuperación más costosa para nuestra economía.

Sin embargo, de un mayor confinamiento y un buen comportamiento del virus, si podemos controlar la situación, no solo estaremos salvando más vidas, sino que, también, estaremos salvando a muchas empresas. Empresas que podrán reanudar su actividad en un menor plazo de lo estimado con el confinamiento parcial y la permisión de los sectores. Una apuesta que, como decía, conlleva un coste, pero que al igual que hemos mencionado y debemos recordar, valga la redundancia, pretende compensarse con esa posible reanudación acelerada que podría facilitar un mayor confinamiento y distanciamiento social.

Ahora bien, el problema de esto es que si vamos al Boletín Oficial del Estado (BOE) y observamos lo propuesto por el Gobierno, el confinamiento general no solo nos deja píldoras de ambigüedad que impiden a la sociedad una lectura clara y efectiva. Sino que, por otro lado, refleja una inacción y una improvisación muy presente en la actual gestión que se está llevando a cabo ante la crisis que nos acontece. Una inacción muy presente si contrastamos la actividad que, por el momento, se encontraba suspendida, así como, aquellas actividades que, por el momento, se mostraban abiertas.

En resumen, gran parte de lo que estaba abierto sigue abierto. Así como, por otro lado, casi todo lo que ya estaba cerrado, también, tras la publicación del BOE, sigue cerrado. Es decir, casi sin cambios apreciables.

Y este es el verdadero problema. Aunque los anuncios no reflejen cambios notables, sí existen determinados sectores que, como la construcción, aportan notablemente a la economía española. Sectores que, en estos momentos, se encuentran paralizados ante ese refuerzo del confinamiento. Sin embargo, como comentaba, muchos otros sectores que podrían haber sido cerrados por no considerarse actividad esencial, en estos momentos, siguen abiertos al público, ofreciendo sus servicios y acudiendo a su puesto de trabajo, al igual que lo hacían hace una semana.

Es decir, estamos ante un confinamiento general, pero que pese a ser general sigue siendo parcial. En otras palabras, estamos haciendo una fuerte apuesta, con un elevado coste agregado para nuestra economía. En este sentido, una apuesta que, de no verse correspondida con un acortamiento de los procesos de recuperación, podría derivar en serios perjuicios para nuestra economía, así como para todos los sectores que, ante el confinamiento, han tenido que cesar su actividad. Una situación que sigue acercándonos a esa consolidación de pérdidas que, como ya ha recalcado el Fondo Monetario Internacional (FMI), debemos evitar a toda costa.

Es momento de actuar y, de hacerlo, debemos hacerlo con contundencia y responsabilidad. No podemos seguir actuando como lo hemos hecho hasta ahora, a medias. Es una irresponsabilidad y un gran agravio para nuestra economía el realizar apuestas que, por otro lado, no se pueden ver compensadas con escenarios favorables. Debemos recordar que las caídas estimadas para el país son muy profundas, cuantificadas en un 10% de nuestro PIB. Ni que decir ya de otros indicadores como el empleo, el cual lo conoceremos muy pronto, en cuanto se presenten los indicadores.

Ante esto, con una economía tan deteriorada, debemos medir nuestros movimientos con lupa, controlando cada escenario con mucha cautela. Por ello, de adoptar medidas que pueden perjudicar a la economía, debemos tener controlados los costes de oportunidad positivos, así como su consecución, pues, de aplicar las medidas y no hacerlo, las pérdidas para la economía podrían ser irrecuperables tras la pandemia.



Deja un comentario