04
abr
El Economista

La crisis económica producida por el coronavirus Covid-19 amenaza la economía española con un rescate ante el desajuste de las cuentas del Estado, como la deuda, el déficit y la seguridad social. Los analistas más conservadores estiman que, sin la ayuda de la Unión Europea, la deuda pública -que según el dato del último trimestre de 2019 se sitúa en el 95,5%- se disparará hasta el 130% del Producto Interior Bruto (PIB) en los próximos años. Las previsiones recogen que, para el año que viene, alcanzará ya el 120% del PIB.

Sin embargo, otros especialistas son aún más duros. El instituto europeo Bruegel, presidido por el expresidente del Banco Central europeo (BCE) Jean-Claude Trichet, alerta de que, en el peor de los escenarios, la deuda puede alcanzar el 140% para finales de este año. Varios modelos muestran que el desplome económico será mayor que el de la crisis financiera de 2008, que provocó una escalada de la deuda española que casi culmina con la intervención de la economía a finales de 2011, cuando la deuda llegó hasta el 69,5% del PIB. Ante esta situación, el frenazo del consumo, la mayor caída histórica del empleo y el aumento del gasto, la ayuda de la Unión Europea será fundamental para evitar la quiebra y la intervención de las cuentas.

El déficit, desbocado

Según un informe del Centro de Políticas Económicas EsadeEcPol, el aumento del déficit de 2020 «será muy probablemente el más elevado registrado en un solo año en la historia moderna». España es el segundo país de la Unión Europea con un mayor déficit en sus cuentas durante los años 2009 y 2018, solo por detrás de Irlanda.

En este tiempo, España consolidó, de media, un desajuste en sus finanzas públicas del 6,93% del PIB, según los datos del Banco Mundial. Los países de su entorno no superan el 5,5%, que es el caso de Portugal. Además, España se ha desviado del objetivo de déficit marcado por Bruselas más de seis veces en estos años.

Para evitar su intervención, en 2012 Madrid tuvo que recurrir al Mecanismo de Estabilidad Europeo (Mede). Ahora, el Eurogrupo estudia de nuevo utilizar esta medida para lanzar ayudas a los países más afectados por la crisis vírica del coronavirus.

Las negociaciones sobre los mecanismos financieros europeos ponen de manifiesto las diferencias entre los diferentes países. Según los expertos, el incumplimiento de la senda de déficit durante estos últimos años resta credibilidad a España para solicitar ahora apoyo económico y mutualización del riesgo de la deuda soberana a países que han mantenido unas cuentas saneadas y el rigor presupuestario exigido y exigible, como es el caso de Alemania y Holanda.

España ‘se come’ medio Mede

El Mede no es suficiente, tal y como está dotado ahora, de hacer frente a las peticiones de los países europeos. En este momento, tiene unos recursos propios que ascienden a 410.000 millones de euros. España pretende conseguir un crédito en torno a los 200.000 millones de euros. De este modo, casi la mitad del mecanismo de estabilidad europeo tendría que destinarse al Estado español, según Civismo.

El gasto público, por su parte, se ha disparado en las últimas tres semanas. Los costes de las medidas aprobadas por el Gobierno de España para paliar los daños de la crisis del coronavirus se acercan ya a los 20.000 millones de euros. Solo las primeras medidas supusieron, según las estimaciones del Banco de España, unos costes de 17.427 millones de euros, el 1,4% del Producto Interior Bruto (PIB).

Según el último informe trimestral del supervisor, esta cantidad aumentaría si el Gobierno movilizara el resto de fondos que tiene preparados. A su juicio, en esta situación el volumen de fondos públicos alcanzaría el 8,8% del PIB. De este volumen total, un 0,5% del PIB supone un aumento directo del gasto, mientras que el resto estaría destinado a la concesión de avales y líneas de crédito a empresas.

En este sentido y ante el riesgo de una quiebra de las cuentas públicas, la vicepresidenta tercera y ministra de Asuntos Económicos y para la Transformación Digital, Nadia Calviño, reconoció hace días que el estímulo fiscal que piden los agentes económicos es muy complicado. «Necesitamos ingresos», manifestó el miércoles después de negar la suspensión de impuestos como el IVA o Sociedades.

«No podemos abandonar el funcionamiento normal del sector público», apuntó Calviño. «Estamos haciendo todo lo posible, con moratorias sin cobro de intereses, con todo tipo de facilidades para las empresas que en estos momentos lo están pasando mal», aseguró.

Difícil unión fiscal

Los responsables económicos de la Eurozona estudian la posibilidad de implantar una respuesta fiscal coordinada en toda la Unión para estimular la economía. Sin embargo, un informe del think tank Civismo subraya que, en la actualidad, la divergencia fiscal entre algunos Estados europeos en términos de gasto público es muy elevada. Las grandes diferencias en las políticas tributarias nacionales hace que, por ejemplo, el peso del gasto público sobre el PIB irlandés ascienda al 25,4%, mientras que en Francia se sitúa en un 56%.


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