16
may
Actualidad Económica

Un país asegura su fortaleza económica cuando su industria es poderosa y además su crecimiento está basado en la innovación. La nueva época, en la que ya vivimos, se caracteriza porque la generación de riqueza se dispara cuando la promueve el ingenio de tener nuevas ideas e inventar productos y servicios nuevos.

Ahora la dinámica de la innovación ha adquirido un crecimiento exponencial, tal como se ha visto con las vacunas para prevenir el covid. Hoy la innovación se ha convertido en un predictor del futuro que le aguarda a un país.

El Bloomberg Innovation Index 2021 es una valoración que integra siete indicadores: el gasto en investigación y desarrollo, el valor añadido de las manufacturas, la productividad, la intensidad de alta tecnología, la eficiencia en el sector terciario, la concentración de investigadores y la actividad en lograr patentes. Advierto que aunque este informe es reciente, los datos que recoge son del período anterior a la pandemia. Repasaré a continuación la situación de la innovación en los principales países.

El regreso de Corea al primer lugar se debe principalmente a un aumento de sus patentes, donde ocupa el primer puesto, junto con un sólido desempeño en I + D y la productividad de su fabricación. Los sucesivos Gobiernos coreanos han tenido siempre muy claro que su futuro depende de ir por delante en I+D, y mantener su apuesta en el tiempo les ha dado el éxito.

Singapur ocupa la segunda posición, probablemente porque lleva años asignando presupuesto a la formación de los trabajadores y a las empresas en su transición a una economía digital. También tiene una puntuación alta el valor agregado de sus manufacturas. Además, sus universidades son muy competitivas en I+D a nivel mundial.

Fuente: Actualidad Económica

Suiza está en el tercer puesto, al ser líder en tecnología financiera y biológica. Alemania ha descendido al tercer puesto desde el primero que ocupaba el año pasado y, según una declaración a Bloomberg de Juergen Michels, economista jefe de Bayerische Landesbank, la caída se puede atribuir a la carencia de trabajadores de alta cualificación y a su inadecuada estrategia para avanzar en su política tecnológica. Aunque las dos economías más grandes, Estados Unidos y China, representan gran parte de la innovación mundial, su batalla para defender los derechos de propiedad intelectual impide que colaboren. Esta pugna, que ha perjudicado el avance de la innovación en el mundo, ha supuesto una pérdida de posiciones de ambos colosos en el índice. En Estados Unidos también ha influido el cierre de sus fronteras a estudiantes de países no occidentales que se decretó tras el ataque terrorista a las Torres Gemelas. Este cerrojazo impidió la llegada del talento foráneo de excelencia que venía, que no fue compensada por el aumento del nacional. Esa pérdida de capital intelectual se ha acentuado por el regresivo interés los estudiantes norteamericanos hacia las ingenierías.

Como se puede ver en el gráfico, España ocupa la trigésimo primera posición, un lugar decepcionante, que tras la pandemia descenderá bruscamente, porque la Moncloa está más en la batalla ideológica que en la tecnológica. Además, el gasto de nuestro país en I+D en 2019 fue el 1,25% del PIB, porcentaje que es la mitad de la media de la OCDE. Un factor que ayudaría a mejorar la innovación es una política nacional de I+D que concentrara las inversiones, para que hubiera masa crítica y aumentara la eficiencia. Por último, es lamentable que el mejor talento joven de España tenga que emigrar al extranjero, porque aquí los investigadores tienen empleos precarios y sus salarios son similares a los del salario mínimo, sin apenas promoción en el tiempo. ¿Para eso gastamos tanto en su formación?


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