15
jun
OkDiario

La situación que atraviesa la economía española, pese a las intenciones del Gobierno, ya no pasa tan desapercibida. Tras las nuevas previsiones del Banco de España, con reajustes a la baja en las proyecciones del PIB de este año, la OCDE se ha pronunciado respecto a la situación económica del país, así como al impacto derivado de la crisis ocasionada por el coronavirus. Unas previsiones que arrojan más pesimismo a una economía que se encuentra gravemente deteriorada.

De acuerdo con las previsiones que realiza el organismo, la contracción en el producto interior bruto (PIB) dependerá de una serie de variables que siguen mostrando excesiva incertidumbre. Y es que la naturaleza de dicha crisis, así como la incapacidad de contar con precedentes fiables, impiden conocer escenarios contrafácticos, entre los que se encuentra la posible recaída que muchos economistas contemplan para los meses de octubre y noviembre.

La previsión del organismo se ha basado en dos posibles escenarios: el optimista, en el que la pandemia ha logrado disiparse durante los meses de junio, sin recaídas futuras, y un segundo en el que el virus volviese a sacudir a la población, interfiriendo nuevamente en la economía, obligando al Gobierno a reactivar las medidas de contención del virus. Medidas entre las que se encuentran las de distanciamiento social, las cuales son responsables de haber generado el duro shock de oferta al que se ha enfrentado la economía durante estos meses en los que el virus se ha comportado con mayor intensidad.

En este sentido, el primer escenario que pronostica el Banco de España se muestra más pesimista. Tal y como se recoge en la publicación, la contracción del PIB para este año, en el mejor de los casos, podría rebasar el -11%; un descenso que se sitúa en el máximo descenso previsto por el Gobierno en su actualización de perspectivas. Sin embargo, si atendemos al descenso más pronunciado de la economía española, previsto también por la OCDE, dicha economía, ante la coyuntura actual, podría deteriorarse hasta alcanzar niveles en la contracción superiores al -14%. Un pronóstico que asusta a cualquier ciudadano, incluso sin ser economista.

Y es que, como recoge la OCDE, España se sitúa como la economía más damnificada del conjunto de países que conforman dicha organización. Los pronósticos, los cuales sitúan a Francia e Italia en segunda y tercera posición, muestran una cara de la moneda que, sin ser contemplada por el Gobierno, aleja la recuperación en ‘V’, por gradual que esta sea. Pues, aunque -bajo mi consideración- sea pronto para hablar de recuperación en ‘V’ o en ‘L’, el único precedente visible, hasta el momento, muestra un comportamiento de la economía española que, ante las peculiaridades de la estructura económica, deja imágenes tan representativas como la que pudo observarse durante la recuperación alemana tras la Gran Recesión, que duró un año y medio, mientras que la recuperación española se extendió más de nueve años.

Ante esta situación, los desequilibrios macroeconómicos que muestra la economía española tras la crisis que ya comienza a amainar muestran todas esas vulnerabilidades que, hasta ahora, se mostraban ocultas por la fase expansiva y de crecimiento prolongado que atravesaba el país, en un mar de políticas económicas no convencionales y tipos bajos. Como reflejan también los pronósticos, tras la crisis la economía española podría verse inmersa en un escenario en el que los niveles de deuda en relación al PIB se alzasen por encima del 122%, mientras los niveles de déficit llegasen a rebasar el umbral del 10%. Por su parte, el desempleo, ante la situación y la pérdida de capacidad productiva en sectores puramente estratégicos, podría alcanzar el 22%. 

Incentivar la economía real

En resumen, una situación que pone los pelos de punta a todos los analistas. Pues, ante la posibilidad de contar con un Gobierno que no casa con los grandes capitales, así como con el tejido productivo, y con el propio deterioro que ya de por sí suponen las externalidades negativas generadas por el coronavirus en el entorno económico, la recuperación podría perder dinamismo, condenando a la economía española a una lenta y poco próspera recuperación, de la cual, incluso, podríamos salir con una economía puramente quebrada. Por tanto, es hora de comenzar a adoptar soluciones verídicas e incentivar la economía real que conforma el tejido productivo. Es absurdo hablar de recuperación con políticas que, ante una intensa descapitalización del país, tratan de espantar aquellos elementos que, precisamente, necesita la recuperación económica.


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