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feb
Expansión

“La proximidad al poder ejerce un efecto moderador”, dice el economista Juan Ignacio Crespo. “También Felipe González tenía un discurso radical El otro día vi un reportaje sobre la Transición y pensé: ¡Madre mía! A su lado , Pablo Iglesias parece casi monjil”. ¿Hasta qué punto es Iglesias una monja y no un revolucionario? ¿Qué hará si llega al poder? ¿Y qué efectos tendrían sus políticas en la UE?

Ésta es la pregunta que intenta responder la revista Actualidad Económicaen el número que hoy sale a la venta. Aunque en Podemos no tendrán listo su programa hasta “después del verano”, sí disponen de Un proyecto económico para la gente, el texto de Juan Torres y Vicenç Navarro que Iglesias presentó en Madrid en noviembre.

Diagnóstico

Su diagnóstico es que “nuestro modelo productivo era insostenible”. Torres, catedrático de la Universidad de Sevilla, subraya que “España fue el único país de la OCDE en donde no se produjo crecimiento real de los salarios entre 1995 y 2007”. Su peso en el PIB lleva cayendo desde mediados de los 70, lo que ha provocado “una gran concentración de ingresos en los niveles más altos”. Y como estos “tienen satisfecha prácticamente toda la necesidad de consumo”, la actividad se ha ido desinflando.

Durante un tiempo, esta debilidad se enmascaró gracias a las facilidades para hipotecarse, pero el colapso de Lehman Brothers puso al descubierto la ficción en la que vivíamos. De repente, los españoles nos encontramos con que teníamos que devolver una montaña de dinero, nadie nos daba crédito y el paro estaba hundiendo nuestra capacidad de gasto. “La solución exige, por consiguiente, atajar la deuda, restablecer la financiación e impulsar la demanda”, sentencia Torres. Para ello, propone negociar una reestructuración ordenada; crear una banca ciudadana que no se mueva por el puro ánimo de lucro, y subir la remuneración del trabajo. “Debemos ir a unos nuevos Pactos de La Moncloa que permitan restablecer la economía de los hogares”, dice.

No se trata, como ven, de un planteamiento revolucionario. Un medio tan poco sospechoso de comunista como The Economist ha abogado por quitas sustanciales de la deuda periférica, y la banca pública convive con la privada en muchos países occidentales. Pero pocos economistas consideran que “la única manera de salir de la crisis” sea forzar una subida salarial, como ha defendido Iglesias.

Porque los sueldos constituyen una fuente de demanda, pero son también el precio del factor trabajo. Aunque Torres y Navarro son conscientes de que su propuesta “representaría mayor coste laboral”, no creen que fuese “perjudicial para las empresas” porque venderían más. Pero eso no está claro.

“En una economía abierta como la española”, razonan fuentes próximas al Gobierno, “no existe la menor garantía de que los ciudadanos vayan a destinar un aumento de la renta a la compra de artículos nacionales. Parte se filtrará fuera”. Como además la oferta se habrá encarecido, se venderá menos. El resultado será el incremento de las importaciones, el declive de las exportaciones y el deterioro de la balanza comercial.

Ése fue justamente el origen de la crisis. “España va bien”, dice un presidente de banco, “pero seguimos siendo vulnerables”. Cualquier error podría desatar el pánico entre los inversores y devolvernos al ojo del huracán. A nosotros y a todo el proyecto europeo.