06
may
Diario de Navarra

De la mano de la tradición neoliberal anglosajona y de su famoso Tax Freedom Day, Día de la Liberación Fiscal, Julio Pomés presidente del think tank navarro Civismo, acompañado de Carlos Espinosa de los Monteros (vicepresidente de Civismo y de Inditex), Pedro Schwartz (secretario de Civismo y presidente del Consejo Económico y Social) y Cristina Berechet (jefe de Investigación de Civismo) presentaron el jueves en Madrid esa misma celebración a la española. Es decir, la fecha en la que el español medio acaba de pagar sus impuestos si desde el 1 de enero hubiera estado ahorrando todos sus ingresos para cumplir con Hacienda. A partir de ahí, el español medio deja de trabajar para la Administración y empieza a ganar dinero para sí mismo.

Por María Antonia Estévez

En total, sostienen los dirigentes de Civismo, trabajamos para el Estado hasta el 4 de mayo, lo que supone 124 días. Si se cuenta la seguridad social que la empresa paga para cada trabajador resulta que el día es el 25 de junio, lo que supone que el Estado de Bienestar nos cuesta casi medio año de nuestros ingresos. A estas conclusiones llegan los dirigentes de Civismo tras un cálculo en el que imaginan un trabajador de sueldo medio (24.000 euros brutos) que paga sus impuestos sobre la renta, cotizaciones a la Seguridad Social, impuestos directos e indirectos: IVA, impuesto sobre bienes inmuebles, impuestos especiales sobre alcohol, tabaco, electricidad, hidrocarburos de circulación, impuesto sobre las ventas minoristas, el impuesto de transmisiones patrimoniales, el de actos jurídicos documentados Este análisis se amplía a las comunidades autónomas, empezando por la comunidad donde, siempre según Civismo, se trabaja menos para la administración y más en beneficio propio, que es el País Vasco, con el 29 de abril como Día de Liberación Fiscal o bien, en el polo opuesto, Cataluña cuyos contribuyentes se liberan el día 8 de mayo.

El navarro, privilegiado

El navarro medio, sostiene Julio Pomés, es el segundo después del vasco que menos días trabaja para cumplir con el fisco si se le compara con los contribuyentes del resto de CCAA. El pasado lunes 30 de abril fue el Día de la Liberación Fiscal foral, lo que representa cuatro días menos que la media nacional y un día más que la Comunidad Autónoma Vasca. Las razones de que esto ocurra hay que buscarlas según Pomés en que los impuestos forales de IRPF y el IBI son diferentes frente al resto del Estado. La última subida del IRPF ha sido menos que en el resto de España tal como ha venido sucediendo históricamente. Los navarros pagamos hoy casi 200 euros menos que lo que tributan fuera de nuestras mugas, algo que para Pomés es mejor para capear la crisis puesto que tener una mayor renta disponible incentiva el consumo y la iniciativa emprendedora. Nadie arriesga para que el posible beneficio vaya a Hacienda. Navarra lo ha hecho mejor que otras CCAA. Y respecto al Impuesto de Bienes Inmuebles, los navarros pagamos 120 euros menos que la media nacional. Aun así, para Pomés todavía queda algún impuesto en Navarra capaz de disuadir tributar o invertir, como es el de Patrimonio. Si descontamos de los supuestos 30 millones que va a proporcionar a las arcas forales lo que cuesta recaudarlo, el balance es ridículo para los cientos de millones que se van a perder de los contribuyentes de otros sitios que tributaban en Pamplona Sociedades, IRPF, IVA e invertían en Navarra. Es un disparate que en Navarra tengamos un impuesto que no lo tienen en Madrid, desde donde nos vienen los inversores. La deslocalización de Patrimonios se notará en la liquidación del próximo año y será una ruina para Navarra.  

Julio Pomés, a favor del copago sanitario en Navarra

Sugiere, además, Pomés que Navarra debería bajar el gasto público en sanidad mediante una participación en el coste por parte de los ciudadanos de rentas medias, el famoso copago. Es una evidencia irrefutable que la sanidad foral es insostenible y que nos puede llevar a una posible intervención por el Estado que se cargue el régimen foral. El Gobierno debe de cumplir su deber de equilibrar las cuentas y dejar para otro momento discusiones de política partidista. La situación es grave y no admite demora aplicar la dura catarsis o Navarra perjudicará su economía para un lustro. Todos estos datos proporcionados el jueves en la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid, derivan de una reflexión de fondo que trataron de abordar tanto Pedro Schwartz como Espinosa de los Monteros en su línea neoliberal: la del, para ellos, excesivo peso del Estado en la economía actual. El gasto público no sirve para dinamizar la economía. Nosotros estamos convencidos de que el Estado debe gastar menos y quedar más en manos de los privados que en el ejercicio de su libertad, le emplearían como quisiéran ¿Cuándo más, cuanto menos? Espinosa de los Monteros puso un ejemplo cristalino: cuando hace unos años el Nobel de Economía Milton Friedman vino a España invitado por Schwartz, le pregunté cuánto consideraba él que era una tasa fiscal razonable que un ciudadano debería aportar de sus ingresos. Friedman respondió: nada que supere el 10%. Y por si no quedara claro, Espinosa añadió cómo a lo largo del siglo XX losEstados han ido asumiendo una serie de funciones que si fuéramos capaces de abstraernos y considerarlas sin prejuicio, podríamos cuestionar, porque no está demostrado que el Estado tenga que tener hospitales ni escuelas ni toda una serie de cosas que el pensamiento y practica ha ido aceptando como normales cuando podríamos muy bien defender que la enseñanza fuera privada o que la sanidad tuviera que ser cien por cien privada. Al final, el Estado tienen el monopolio de la justicia y el de la defensa de sus ciudadanos de la violencia. Y también una cuestión de beneficencia: la atención a los más desfavorecidos. Para todo ello sí da el 10%. El resto lo puede hacer el sector privado y de manera más eficiente. Sus modelos estadísticos presentados, sin embargo, no aventuraban qué ocurriría si la enseñanza, la sanidad, el orden público, la investigación, etc., quedaran al pairo de los mercados, a la deriva del mayor beneficio posible y sin la brújula de instituciones que velaran, no por la beneficencia, sino por una justa distribución de la riqueza.