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Expansión

A lo largo de la historia, la industria ha sido considerada como el sector que más ha contribuido al desarrollo económico de los países. En la actualidad, también, a través de las materias primas que consume, los empleos que genera, las innovaciones que produce y los bienes que fabrica. Además, está determinando el futuro económico global por el cambio trascendental que supone la cuarta revolución tecnológica. A medida que pasan los años, la digitalización que conlleva la Inteligencia artificial (IA) está mutando las formas en las que producimos, consumimos y nos relacionamos, y todo esto a una gran velocidad.

El concepto de gran fábrica que da trabajo a miles de personas se irá poco a poco extinguiendo. Aparecen en cambio, cada vez más, nuevas empresas digitales, ligeras de estructuras, que van sustituyendo a las plantas antiguas y que las acabarán batiendo o, al menos, les enseñarán el camino para que se vuelvan más competitivas. Un proceso que implica la renovación integral de las instalaciones productivas para adaptarlas a la automatización.

Esta transición del sector industrial dependerá de la capacidad que tengan nuestras empresas manufactureras de adoptar las nuevas tecnologías, de acometer cambios profundos en la cadena de abastecimiento, producción, distribución y consumo. Un fenómeno que se está verificando en la industria y en cualquier otro sector a nivel mundial, y ante el que España no se puede quedar atrás.

La inteligencia artificial, que se define como la ciencia que investiga que las máquinas realicen sus funciones a imitación de la complejidad humana, es la responsable de crear este mundo nuevo que nos ha tocado vivir, presidido por los móviles, los robots, los drones, los buscadores instantáneos en las bibliotecas más completas, la conducción de un coche sin piloto, la impresión (fabricación) en 3D, la realidad virtual aumentada, la visión artificial, el internet de las cosas, el almacenamiento de la información en la nube, la ciberseguridad, la capacidad de procesar cantidades masivas de datos, lo que desemboca en el fenómeno del big data, las grandes plataformas logísticas, etc. Un conjunto de actividades que sugieren que esta Cuarta Revolución Industrial afecta a toda la economía, y que  si sigue su curso, generará efectos espectaculares en el bienestar, la prosperidad y la productividad de las naciones.

¿Está preparada España para afrontar este proceso de reindustrialización? El último Consenso Económico de PWC, publicado esta semana, recoge un monográfico que contesta a esa pregunta, y también a otras sobre el proceso de digitalización de la economía española. El informe se basa en las respuestas a un cuestionario formulado a 100 ejecutivos y expertos económicos. Las conclusiones son muy desalentadoras, ya que se estima que el sector empresarial español tiene poca capacidad de adaptación a un cambio de tal envergadura, debido a una serie de factores que postergan este proceso:

1) Para la mayoría de los encuestados, la principal razón del retraso radica en el desajuste entre el nivel de formación de la mano de obra disponible y las posibilidades que abre la tecnología. Esta falta de preparación es constatable no sólo en la formación profesional y técnica, sino también en la enseñanza obligatoria y postobligatoria. Por tanto, sin una reforma del sistema educativo en materias de ciencia, tecnología y técnica, España no logrará avanzar suficientemente hacia la Industria 4.0.

2) La deficiente respuesta de las administraciones públicas, tanto en recursos como en metodología y en gestión del apoyo a la digitalización, especialmente si se la compara con la que se ha dado a este reto en otros países de nuestro entorno;

3) Al fracaso de los intentos públicos, se une la escasez de iniciativa privada para efectuar esa transformación. Es más: el sector privado es el que debería acometer los principales esfuerzos de inversión y desarrollo de las nuevas líneas productivas. Desgraciadamente, las empresas españolas, incluidas las industriales, no están transitando en la dirección adecuada para hacer frente a los desafíos que tienen por delante.

Pero el monográfico de PWC recoge también razones para el optimismo. El lado positivo es que las compañías, si quisieran y se lo propusieran, podrían amoldarse con rapidez a la digitalización, con un beneficio tangible que no sólo afectaría a la actividad industrial, a la logística y/o a las nuevas empresas, sino a todos los sectores y negocios; incluso los segmentos industriales más tradicionales pueden beneficiarse de las oportunidades que esta conversión brinda.

Así las cosas, los cambios  tecnológicos exigirán a la economía española un viraje de rumbo. Nuestro país necesita tener una industria fuerte, eficiente y competitiva, como instrumento imprescindible para alcanzar un alto nivel de crecimiento y empleo. Conviene recordar que las ganancias de productividad en este sector son superiores a las logradas en otras ramas. Pero la digitalización no se limita a este campo, sino que es fundamentalmente transversal: tiene múltiples facetas y aporta novedades y oportunidades de negocio para todos los sectores productivos, como es la interconexión con proveedores, clientes y plataformas logísticas. No hay que irse muy lejos para encontrar ejemplos que afectan a nuestro día a día, en forma de economía colaborativa, al prestarle el coche a alguien sin necesidad de dejarle las llaves; de compras a través de la red, tanto en la banca como en el comercio al detalle; de conducción automatizada de vehículos; de taxis on line y de un largo etcétera que se está introduciendo a toda velocidad y radicalmente en nuestra vida cotidiana. Se trata de algo que nos resulta cada vez más fácil y natural. Un reflejo de esto es que desde hace años cierran quioscos, oficinas bancarias, librerías, agencias de viaje, etc. que están siendo sustituidos por nuevas vías de comunicación e información.

En definitiva, los países desarrollados, entre los que España no debe ser una excepción, nuestros empresarios y políticos enfrentan un nuevo reto industrial que está trasformando la forma en que trabajamos y nos relacionamos. La digitalización de la fabricación permitirá un resurgir económico del mundo. La progresiva evolución del sector industrial español dependerá de la capacidad que tengan nuestras empresas manufactureras de adoptar las nuevas tecnologías de producción y también de generar innovación propia y ser así más competitivas. De lograrlo o no depende que nos acompasemos al ritmo de marcha global. Así pues, no es poco lo que está en juego.


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