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abr
Diario de Navarra

El futuro está en la sociedad del conocimiento, como lo prueba la posición de vanguardia de Apple, Microsoft y Google en el ranking de capitalización bursátil. Así como para el cálculo del PIB se tiene en cuenta la nueva riqueza que generan esas empresas, no ocurre lo mismo con el capital humano. La economía productiva no cuantifica la pérdida de Producto Interior Bruto (PIB) que supone la fuga de cerebros de un país y el beneficio logrado por la nación receptora. Los mejores profesionales son siempre los que aportan más valor a una sociedad. En 2012 se perdieron 200.000 puestos de trabajo con perfiles de directivos, científicos, expertos y técnicos.

La caída resultó muy grave en Extremadura (-15,2% respecto a los ocupados en 2011), Castilla-La Mancha (-14,9%), La Rioja (-10,4%), Asturias (-8,2%) y también Castilla y León (-8,2%). Apenas dos regiones aumentaron la contratación de estos trabajadores: Baleares (+9,1%) y Madrid (+1,3%). El fracaso se hace patente cuando se tiene en cuenta que el número de licenciados con estas capacidades es cada vez mayor. Muchos se ven abocados a la emigración, lo que conlleva una pérdida sustancial de capital intelectual excelente. Alemania ocupa ya a 50.000 titulados superiores españoles, de los que una gran parte trabajan sustentando su poderosa industria. Formar a cada ingeniero supone un coste aproximado de 60.000 euros, y es probable que muchos no vuelvan si encuentran reconocimiento profesional en el exterior.

Vocento

Desde que empezó la crisis, Cataluña ha sido la región que más se ha empobrecido por esa fuga de cerebros. Entre graduados en formación profesional, licenciados universitarios y doctores, esta comunidad ha perdido el 14,7% de los puestos de trabajo destinados a los profesionales más capacitados, seguida muy de cerca de Murcia (-14,3%). En un nivelmuy similar está la Comunidad Valenciana (-14%) y Extremadura (-11,2%). Las regiones murciana y valenciana han sufrido en su tejido industrial los estragos del estallido de la burbuja inmobiliaria, sector que ejercía un efecto de arrastre. Cataluña, en cambio, destacaba hace apenas una década por sus potentes industrias y comercio. Por el contrario, hoy se ha visto erosionada por una regulación excesivamente restrictiva en el terreno económico, especialmente en temas ambientales, como recoge el Índice de Libertad Económica elaborado por el ‘think tank’ Civismo.

La fuga de cerebros es difícil de evitar solo con incentivos gubernamentales, por ejemplo, mediante contrataciones en las universidades y en la Administración. La experiencia de esta crisis demuestra que, con frecuencia, estos están mal configurados y acaban siendo pan para hoy y hambre para mañana. País Vasco es el ejemplo: apenas perdió un 2,3% de los puestos más cualificados entre 2008 y 2011, pero se desplomaron un 5,9% solo en 2012. Sin embargo, Madrid es el modelo contrario de que esos estímulos pueden ser eficientes: tras un ajuste fuerte, hubo una incipiente recuperación.

La clave para generar empleo cualificado es ofrecer buenas condiciones para atraer capital internacional –por ejemplo, una gran seguridad jurídica y apoyar la actividad empresarial reduciendo tanta regulación innecesaria. ¿Cuántos químicos o ingenieros quedarían empleados si se explotara el petróleo de Canarias, o el gas pizarra de Cantabria y País Vasco? Poner puertas al futuro es condenar a una generación al exilio, aunque de media hayamos pagado 30.000 euros por formar a cada uno de ellos.


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