10
jul
Expansión

La semana que viene, el día 13, el Instituto Nacional de Estadística (INE) informará de que el crecimiento de los precios de los bienes de consumo (IPC), en España, desde el 1 de julio del año pasado al 30 de junio de este, ha seguido descendiendo hasta situarse en el 1,5%. Un dato muy inferior a los interanuales de enero y febrero de 2017, que fueron, en ambos meses, del 3%. Esta caída de la inflación se ha debido, en buena parte, a la reducción de los precios del petróleo, que pasaron de 56 dólares/barril en enero de este año a 47 en el mes de junio, lo que representa una disminución del 16%. De igual forma, durante el mes de junio los precios del petróleo alcanzaron un precio más bajo (47 dólares) que el conjunto del primer semestre de este año, cuyo promedio fue de 52 dólares.

LOS PRECIOS DE LA ENERGÍA

A pesar de los grandes esfuerzos que han hecho la OPEP y Rusia para firmar acuerdos de reducción de la producción de crudo, éstos no han sido suficientes para que el precio del petróleo durante el mes de junio no pudiera superar la barrera de los 50 dólares barril. Ello se ha debido a varias razones. En primera lugar, cabe señalar que la OPEP ha perdido su poder de mercado, debido a la entrada en él de dos nuevos productores: EEUU e Irán. A este hecho se suman las nuevas tecnologías de fracking (técnica que fractura la roca por medio de una mezcla de agua, productos químicos y arena que se inyecta a presión en el subsuelo) que están abaratando la producción que se obtiene por este sistema. Ésta reducción de costes ha permitido incrementar la producción tanto de gas como de petróleo en EEUU, llevando a que este país pase de importador de estos recursos a exportador.

En segundo lugar, por el mayor protagonismo del gas, que ha adquirido una cuota de mercado cada vez mayor, gracias a sus bajos costes. Esto ha conducido a que muchos países, para reducir el valor de sus importaciones energéticas, hayan preferido comprar más gas y menos petróleo para la producción de energía. Además, dado que el gas genera menores emisiones de CO2 al ambiente, resulta más adecuado para aplicar las políticas de reducción de gases de efecto invernadero acordadas recientemente en París.

RENOVABLES Y CONTAMINACIÓN

Precisamente, la firma del tratado de París en 2015, junto al incremento de la polución en múltiples ciudades y la mayor sensibilidad de algunos países sobre el cambio climático también están contribuyendo al crecimiento de la demanda de energías más limpias (hidroeléctrica, solar, eólica, nuclear y otras), alcanzando estas un crecimiento del 5% en 2016, frente al 0,7% de las energías fósiles (petróleo, gas y carbón). De 2015 a 2016, países como China e India incrementaron el consumo de energías renovables en un 30% y en un 25% respectivamente. Eso sin olvidar que el menor crecimiento de la economía china ha provocado también una reducción de la demanda de energía.

Por otro lado, es importante recalcar que por sus bajos costes, el carbón era el recurso sustitutivo más importante del petróleo para la producción de energía, sin embargo, y debido a sus efectos contaminantes está perdiendo cada vez más mercado, hasta el punto de que, en 2016, su demanda cayera a nivel mundial un 1,4%; en EEUU, un 8,8%; y en la Unión Europea (UE), un 8,7%. Sin embargo, después del petróleo, el carbón sigue siendo aún el recurso fósil más utilizado, con el 28% del mercado. Eso sí, la tendencia a disminuir su consumo va a afectar a los ingresos por exportaciones de países como Australia, EEUU, Indonesia, Rusia y Colombia.

En el caso europeo, los bajos precios del gas y del petróleo están siendo muy beneficiosos para la economía debido a que produce poco y consume mucho de ambos recursos naturales. Según British Petroleum (BP), en 2016 la UE solo representó el 3.3% de la producción mundial de gas y el 1.6% de la producción de crudo, mientras que el consumo en el mismo año fue de 12.1% y 13.4% respectivamente. Se espera que la reducción de precios de los recursos fósiles se mantenga estable durante las próximas décadas lo que beneficiará a la economía europea y especialmente a la española en términos de reducción de la inflación, menores costes empresariales, impulso del consumo (al aumentar la renta disponible de los ciudadanos) e incremento del PIB y del empleo.

A pesar de que muchos analistas consideran que Europa no está a la vanguardia en las tecnologías del sector de hidrocarburos, debido a que no tiene tantas reservas como algunos de sus vecinos (Rusia), sí está, en cambio, a la cabeza en la producción de energías renovables. Además, las políticas ambientales que se están poniendo en práctica en la UE están incentivando las inversiones en este sector.

PROYECCIONES ENERGÉTICAS PARA 2035

Un informe reciente de BP reveló que la demanda energética va a seguir aumentando hasta 2035 como consecuencia de que la economía mundial crecerá aproximadamente al 3,4% anual, lo que irá acompañado de un aumento de la población, principalmente en los países asiáticos y africanos. La combinación de mayor crecimiento económico y de la población generará un incremento de las clases medias de unas 2 mil millones de personas. Una situación que llevará a una mayor demanda energética.

Pero la tendencia será de una menor participación de las energías fósiles y a un aumento muy rápido de la demanda de las energías renovables. En 2035 las renovables representarán el 30% de la energía total, frente al 20% actual. La Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA por sus siglas en inglés) señala que esta participación podría llegar a ser mayor, por la reducción de los costes de producción para la energía solar y eólica de aproximadamente un 40% y un 13% respectivamente, gracias al apoyo de los gobiernos, el incremento de las economías de escala y los progresos tecnológicos en el sector por la alta inversión en I+D.

En definitiva, a largo plazo el escenario más probable para la economía mundial y especialmente para la europea será de una aceleración del proceso de sustitución de las energías fósiles y contaminantes por energías más limpias y renovables. Y en el corto plazo, con precios de la energía que se mantendrán bajos, reducidos niveles de inflación y bajos tipos de interés, lo que permitirá mantener tasas altas de crecimiento y de creación de empleo.


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