02
jul
La Región

Desde esta columna conmemoro año tras años una sola efeméride. Un aniversario que no se encuentra en la agenda y que, como el Carnaval, no encuentra nunca ubicación concreta en el calendario. El pasado año 2019, cayó el 27 de junio. Ese día, felicité a los contribuyentes, obligados tributarios todos, ya que celebrábamos el Día de la Liberación Fiscal.

¿Qué es esto de la Liberación Fiscal? Pues un término que maneja el Think Tank “Fundación Civismo” para referirse al momento del año en el que los españoles dejarían de pagar impuestos en el supuesto de que todas sus contribuciones al fisco las priorizaran y concentraran desde el mes de enero. Es decir, se contabilizan los sueldos íntegros que cada pagador tendría que realizar a la Hacienda Pública antes de poder disfrutar del primer euro para él mismo. Alguien podría decir que esto es un ejercicio descarado de demagogia política. Es posible, no lo niego. Pero, a veces, muchas, la utilización de la demagogia resulta idónea para poder visualizar los asuntos que el aparataje público intenta disimular. Abraham Lincoln describía la demagogia con la siguiente frase: «Es la capacidad de vestir las ideas menores con palabras mayores».

El informe que cada año publica esta fundación, hace una media de los impuestos pagados por los individuos y los relaciona con la media de su coste laboral. Con estos datos, se pueden traducir fácilmente el número de días que se necesitan, de media, para hacer frente a las obligaciones tributarias. Para 2020, el Día de la Liberación Fiscal llegó el pasado 26 de junio (una fecha muy significativa, ya que cuatro días después venció el plazo para la presentación de la declaración de la renta). Podríamos felicitarnos, ya que habríamos ganado un día con respecto a 2019, pero no lancemos las campanas al vuelo. 2020 es un año bisiesto, así que el número de jornadas que tenemos que dedicar al pago de impuestos sigue siendo el mismo: 178 días dedicados a pagar las diferentes figuras impositivas, sin poder disponer de un solo euro del salario.

Utilicemos un poco más demagogia de la buena (como el colesterol) para calcular los años que un cotizante medio tendría que trabajar para el fisco. Durante los 35 años de carrera de cotización media, un asariado está trabajando para las arcas públicas, de forma exclusiva, un total de 17. ¿Cómo se quedan? Ah, que ¿hay que pagar la Sanidad, la Educación y todos los servicios públicos de los que disfrutamos? Por supuesto. Pero también hay que ser escrupulosamente exigentes en lo que se gasta el Estado y cómo lo hace.

Por cierto, los gallegos estamos en la media (27 de junio). Los mejor situados, los ceutíes y melillenses (23 de junio); los peores, los Cataluña (5 de julio).


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