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La Razón

Año y medio con un Gobierno que no se ha votado. Cuando por fi n se va a la urnas, los partidos no alcanzan un acuerdo y se termina en una repetición electoral. Cualquier país que hubiese pasado por esto estaría dando saltos de alegría cuando se formase un nuevo Ejecutivo salido de unos comicios. Pero en España ha sucedido todo lo contrario. El pacto entre el Partido Socialista y Unidas Podemos para dirigir la nación ha levantado una nube de incertidumbre. Y muy pocos esperan que las decisiones de la dupla Sánchez-Iglesias puedan despejarla. Las recientes rencillas entre la dos formaciones aportan inestabilidad, y la revolución que pretenden llevar a cabo en materia económica afectará a los bolsillos de todos y a cada uno de los españoles. Los resultados, según las previsiones, darán la puntilla a una ciudadanía ya de por sí muy desencantada.

La CEOE avisa a navegantes. La patronal cree que las medidas económicas y laborales del nuevo Ejecutivo, como aumentar el salario mínimo, el impuesto de Sociedades o el IRPF a las rentas altas, «están más cerca del populismo que de la ortodoxia» e «impactarán de forma muy negativa en la creación de empleo, en el futuro de las empresas y desincentivarán cualquier posibilidad de inversión en España, tanto desde dentro como desde el exterior».

Añaden que se incidirá en dos grandes problemas de nuestra nación, la economía sumergida y las escasas oportunidades de encontrar un trabajo. El motivo está en que los dos principales motores de facturación y contratación, las pymes y los autónomos, se verán especialmente perjudicados por las políticas de la dupla PSOE-Unidas Podemos. Con sus medidas, el Gobierno hiere a una economía que ya está en serio peligro debido a la ralentización del crecimiento. Y algunos estiman que impulsará los peores augurios ya para este año. El investigador principal de la «think tank» Civismo, Javier Santacruz, argumenta que «las políticas que se han planteado en la sesión de investidura provocarán que la recesión que se produciría con bastante probabilidad el cuarto trimestre de 2020 se pueda adelantar».

Pero que no cunda el pánico porque la nueva pareja de hecho ha demostrado debilidades. Tanto es lo que les une como lo que les separa, y eso provocará que muchas de las medidas anunciadas se las lleve el viento. Santacruz confiesa que el Gobierno tendrá dificultades para aprobar los Presupuestos y sin ellos «nada de lo que ha prometido y nada de lo que ha firmado con sus socios de investidura será posible llevar a cabo».

PSOE y Podemos son como los hijos caprichosos que mucho desean pero se enfrentan a las restricciones de los padres, aquellos que vigilan las cuentas de la familia, la Unión Europea. Santacruz recuerda que el Ejecutivo «se enfrenta al previsible rechazo por parte de la Comisión Europea por indisciplina fiscal, con un déficit desbocado (probablemente cierre 2019 con el 2,5%, casi la misma cifra que el año pasado, por lo que 2019 es un año perdido) y con un endeudamiento elevado».

Si España quiere que Europa le deje más margen, debe fomentar la entrada de dinero desde fuera de nuestras fronteras para impulsar el crecimiento. Sobre todo, porque desde Bruselas conocen que nuestro país, en los últimos años, ha dependido de eso mismo. «La entrada de capitales extranjeros y de inversiones procedentes de distintos lugares del mundo ha revitalizado nuestra situación, por ejemplo, en el sector inmobiliario», manifiesta el economista Josep María Gay de Liébana.

Sin embargo, las medidas del Gobierno lograrán lo contrario, desincentivarán la inversión, especialmente el aumento del salario mínimo por el incremento de los costes laborales que supone para las empresas, comenta Santacruz. Gay de Liébana añade otras políticas como la Tasa Tobin, el control de los precios del alquiler o del sector eléctrico como perjudiciales a la inversión porque suponen un exceso de regulación y un exagerado intervencionismo del Estado en la economía.

Además, Gay de Liébana explica que «los cambios anunciados en la declaración programática de la llamada Coalición Progresista inquietan desde el punto de vista fiscal, de la estabilidad normativa y de la seguridad jurídica. Y el dinero quiere destinos aburridos pero plácidos, conociendo los marcos regulatorios con antelación y sobre todo que sean previsibles y sostenibles y no cambiantes». En España ocurre todo lo contrario, dice, porque ahora «estamos demasiado expuestos a la imprevisibilidad». Esa incertidumbre se ha metido en el cuerpo de los empresarios, que temen que las compras desde el extranjero mermen. Las exportaciones fueron vitales durante la recuperación y, mientras países como Alemania o Francia experimentan un crecimiento casi nulo, nosotros todavía continuamos en el entorno del 2% gracias a las ventas internacionales. Desde CEOE cuentan que «nuestro actual superávit exterior es una circunstancia diferencial en el actual momento cíclico, siendo una palanca clave de crecimiento y empleo».

En definitiva, que nuestras compañías dejen de resultar atractivas en el extranjero y reduzcan sus exportaciones sería fatal para el desarrollo de la economía en los próximos años. «No preservar la competitividad de las empresas españolas podría perjudicar especialmente en el medio y largo plazo a sectores como la industria, que está más expuesta a la competencia y a la desaceleración exterior», mantienen fuentes de CEOE.

Conviene continuar preservando las exportaciones cuando el consumo dentro de nuestro país se va contrayendo porque la ralentización fomenta el ahorro en lugar del gasto. Pues bien, medidas que desincentiven la contratación impulsarán aún más esa tendencia por el miedo a perder el trabajo y toparse con más dificultades de lo habitual para encontrar otro.


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