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Navarra en libertad: Lengua vasca y convivencia

11
mar
 Colegio Mayor Larraona (Avenida Pío XII-45, Pamplona) 11/03/2019 19:00h

Civismo celebró una conferencia en Pamplona, dentro de su ciclo Navarra en Libertad, sobre lengua vasca y convivencia. La impartió Iñaki Iriarte, quien reconoció que “la política lingüística constituye una fuente recurrente de controversias”. Por ello, remarcó la importancia de que la sociedad abra ese debate, “no para dividirnos más, sino con una voluntad integradora y conciliadora”, ya que, a su juicio, está en juego la convivencia en la Comunidad Foral. “Si no lo conseguimos, vamos camino de convertirnos en flamencos y valones”, ilustró, aludiendo a la rivalidad, a veces agresiva, entre ambas comunidades belgas.

A continuación, repasó la historia del euskera en Navarra, “que nunca ha sido homogénea en el uso de las lenguas, y donde el castellano no ha sido jamás importado, sino siempre autóctono”. En esta revisión, Iriarte se remontó hasta la Antigüedad (“entonces ni todos los vascones lo hablaban, ni todos los que lo hacían eran vascones”), pasando por la Edad Moderna, cuando “su retroceso es común a otras lenguas europeas como el bretón o el galés”, hasta 1935: justo antes de la llegada del franquismo, apenas lo utilizaba un 17% de la población, porcentaje que, al acabar el régimen, habría descendido al 11%. “El euskera era, por tanto, una lengua minoritaria cuando comienza la democracia”, resumió, para añadir que resultaría “absurdo” que la política lingüística tuviera como objetivo restaurar épocas pretéritas, ya que supondría “castigar al presente por los pecados (imaginarios o reales) del pasado”.

En referencia a ese presente del euskera, Iriarte señaló, remitiéndose a la VI Encuesta Sociolingüística, que, en la actualidad, el 77% de los navarros no lo habla. En la zona no vascófona de la Comunidad, esta proporción se eleva hasta el 98%, motivo por el que no hay una enseñanza pública en este idioma. Además, la euskaldunización está ocultando un conocimiento “deficitario”: sólo un 22% de los hablantes consume textos en euskera, y un 42% admite no hacerlo por problemas lectores. A este respecto, Iriarte  subrayó: “El hecho de que una lengua esté discriminada se trata de una injusticia, pero que se hable menos que otra no puede considerarse un agravio”.

En ese sentido, detalló que la utilización del euskera ha aumentado desde los años 80 ligeramente en el ámbito laboral y, sobre todo, en los servicios municipales, pero no en el hogar. Esto le llevó a preguntarse si una completa euskaldunización de la población escolar y de la Administración aseguraría un mayor uso. Iriarte concluyó que no, dado que “la pérdida de una lengua puede darse incluso si ésta tiene el estatuto de lengua oficial, como ocurrió con el latín”.


“Los derechos lingüísticos de los vascoparlantes se han convertido en deberes lingüísticos para el resto de la sociedad navarra”

Iñaki Iriarte


“Para el nacionalismo vasco, el carácter minoritario del euskera se trata de una anomalía que tiene unos culpables y que ha de corregirse (promoviendo exclusivamente el modelo educativo D entre los castellanoparlantes, premiando su conocimiento para acceder a la Administración foral o a los concursos públicos, subvencionando a los medios de comunicación que lo empleen), pero es que esa normalidad nunca ha existido”, remarcó Iriarte.

Así, este profesor de la EHU/UPV denunció que “los derechos lingüísticos de los vascoparlantes se han convertido en deberes lingüísticos para el resto de la sociedad navarra, que no desprecia el euskera pero que, en cuarenta años de democracia, no ha considerado importante aprenderlo”. En otras palabras, “se tiene derecho a hablar lo que se quiera, pero los demás no han de tener el deber de entenderte”.

Partiendo de esta base, Iriarte bosquejó las líneas maestras que habrían de articular una política lingüística alternativa a la actual, la cual “al fomentar sólo la enseñanza de una de las lenguas del territorio, enfrenta a la sociedad por su diferente acceso a los recursos educativos, culturales y laborales”. Entre estos pilares se encuentran el respeto a la libertad individual, a la realidad cultural (“no puede pensarse que el 77% de la población necesita ser normalizada, y la tarea de los gobernantes consiste en optimizar los recursos para la prestación de servicios, y no en cambiar esa realidad”), así como fomentar la lengua entre sus hablantes en vez de intentar extenderla entre quienes no la conocen y no están interesados en aprenderla.

Por último, el ponente puso como ejemplo de política a imitar la del Tirol italiano, donde, cada cierto tiempo, los ciudadanos tienen la oportunidad de declarar su identidad lingüística, de modo que sus tratos con la Administración se produzcan en ese idioma. Asimismo, la proporción de hablantes de cada uno de ellos se utiliza como criterio a la hora de ofertar servicios y empleos públicos.

“Hay que proteger los derechos de la minoría sin perjudicar a la mayoría”, concluyó Iriarte.