03
jun

En una reciente entrevista [1], el alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, afirmó, en relación a la confrontación que mantienen Estados Unidos y China que “la posición de Europa debe ser la de no participar”, para añadir más tarde que “nosotros no estamos en una confrontación con China”. Empero, estas declaraciones no se acercan a la realidad. De hecho, los servicios de inteligencia belgas aseguraban tener constancia de que agentes chinos han espiado en los últimos años a sus expertos en guerra biológica y vacunas en las instalaciones que tiene en este país el gigante farmacéutico británico GlaxoSmithKline (GSK) y otras empresas belgas de alta tecnología. Estos actos de espionaje incluirían al Departamento de Biología de la Universidad Católica de Lovaina. Según el citado informe de la inteligencia belga, “el área de vacunas y guerra biológica es de gran interés para China, ya que, debido a su superpoblación, está muy expuesta a epidemias, así como políticamente, ya que ha estudiado el ébola como vector ofensivo”.

A esta situación, hay que añadir la censura, por parte de las autoridades chinas, del artículo elaborado por el representante de la UE en su país, con motivo del 45 aniversario del inicio de las relaciones diplomáticas entre China y la UE.

La canciller alemana, Angela Merkel, ha realizado recientemente unas declaraciones relacionadas con la próxima presidencia alemana de turno del Consejo de la Unión Europea (a partir del 1 de julio). Así, señaló que la UE “deberá defender sus valores: solidaridad, democracia, libertad, protección de todo ser humano”. Y agregó: “Europa no es neutral, sino que es parte del Occidente político, y Estados Unidos continúa siendo el socio más importante, aunque la relación es más complicada de lo que desearíamos. Pero la UE debe también moldear activamente la cooperación con China”. Para subrayar esto, Merkel reafirmó su interés en la Cumbre UE-China del próximo septiembre en Leipzig (Alemania).

A tenor de estas palabras, parece que desde Berlín se busca matizar lo dicho por Borrell. Sin embargo, el fondo es el mismo. En el Gobierno alemán siguen resistiéndose a las legítimas pretensiones estadounidenses sobre un aumento del presupuesto de defensa germano. Parece que Alemania ya ha decidido que la UE debe pivotar hacia una posición más cercana a Pekín, a pesar de los grandes déficits en materia de derechos humanos que acarrea el régimen chino y a sus continuas actuaciones contra los países europeos.

La UE, sin embargo, corre serio peligro si continúa con su complaciente neutralidad. No resulta coherente que una organización como esta, cuya gran mayoría de miembros también pertenecen a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), alianza liderada por Estados Unidos –que aporta el 70% del presupuesto total-, y creada para la protección de Europa, vaya en contra de su principal aliado. Estas declaraciones del máximo representante comunitario no hacen más que ahondar la brecha existente entre la UE y Estados Unidos. Además, no hay que olvidar que la práctica totalidad de los aliados europeos incumplen con los compromisos adquiridos en la Cumbre de Cardiff de 2014. De todo ello se desprende que la UE actúe de manera ambivalente, sin una dirección estratégica solvente ni peso geoestratégico en el tablero mundial.


La UE corre serio peligro si continúa con su complaciente neutralidad


Desde las instancias europeas, se insiste en la idea de complementariedad entre la UE de la Defensa y la OTAN. No obstante, afirmaciones como las realizadas por la máxima autoridad comunitaria en materia de Asuntos Exteriores y Defensa no parecen ir en la misma dirección, cuando Europa, y España en particular, no pueden ni deben distanciarse de Estados Unidos.

En el apartado material, las capacidades europeas son, todavía, prácticamente inexistentes. Sobre todo, en el ámbito de despliegue en misiones de alta intensidad.  El caso libio constituye el paradigma de la actuación europea en el campo de la geopolítica. Con la PESCO en sus fases iniciales, no parece lo más sensato abandonar a nuestro principal aliado y protector en favor de un proyecto que acaba de comenzar su camino.

Por su parte, España se encuentra más alejada que nunca de Estados Unidos. Los continuos desplantes del actual Gobierno, tales como la complicidad manifiesta con el régimen venezolano, la inclusión del vicepresidente Pablo Iglesias en la Comisión Delegada del Gobierno en Asuntos de Inteligencia, o la súbita retirada de la fragata Méndez Núñez, han desembocado en el señalamiento de nuestro país como un socio no fiable.

Estas actuaciones, vistas como hostiles en Washington, ya han empezado a generar consecuencias. El caso de la no adjudicación del contrato para el diseño de las fragatas estadounidenses resulta palmario. Pese a contar con un modelo ya en uso –las F-100–, equipadas con el sistema AEGIS (el mismo que utiliza la US Navy), las autoridades estadounidenses se decantaron por el modelo FREMM de la naviera italiana Fincantieri. La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, aseveró en el Senado que “es una decisión comercial de Estados Unidos y ante eso no hay ni amigos ni enemigos”. Según la versión de la ministra, Navantia perdió el contrato FFG(X) a causa del precio ofrecido por Fincantieri, “sustancialmente inferior” al que proponía la naviera española.

Sin embargo, el 4 de mayo, el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos publicó que existía un “alto riesgo” de que el programa acabe incrementando hasta un 56% su coste previsto [2]. Por tanto, parece que el precio que ofreció la empresa italiana podría ser artificialmente bajo.

Pero más allá de los últimos desaires del Gobierno, España tiene el dudoso honor de ocupar la penúltima posición en cuanto a presupuesto en defensa (en % del PIB) [3].

Estas cifras se encuentran muy lejos de lo comprometido en Cardiff, donde se acordó un 2%. Desde que esta cumbre tuvo lugar, en 2014, España no ha realizado avances. Junto con Bélgica, se trata del único país que no ha reducido siquiera la distancia. No resulta de extrañar que, en la última cumbre de la OTAN, celebrada en Londres, el presidente Donald Trump no considerase oportuno reunirse de forma bilateral con Pedro Sánchez.

Ante este enfriamiento de las relaciones con Estados Unidos, nuestro Ejecutivo parece volcado en el multilateralismo. Según informaciones publicadas en medios de comunicación, “el Gobierno español, a través de la Secretaría de Estado para la UE, ha lanzado una serie de propuestas al resto de socios europeos con las que busca que la Conferencia sobre el Futuro de Europa incluya una reflexión global tras el coronavirus, involucrando a los socios más cercanos, los países vecinos y candidatos.

La propuesta del Ejecutivo español es un ejercicio para reforzar un multilateralismo que está siendo sometido a una enorme presión también en tiempos de pandemia. La UE no puede renunciar a él porque está en su ADN, pero hará falta replantear el modelo. Y es lo que España propone: que se aproveche el marco de la conferencia para poder iniciar un debate de calado con los socios más cercanos a la UE. China, EEUU y Rusia ejercen su influencia e intentan mover toda la agenda a favor de sus intereses. Los europeos son el multilateralismo, y por eso el Gobierno pide ejercer ese poder en su vecindario y más allá” [4].

Esta búsqueda del multilateralismo no es más que un reflejo de la imposibilidad de actuar unilateralmente. Europa, como cuna de la democracia y de la civilización occidental, debe asumir su parte de responsabilidad a la hora de mantener el orden internacional liberal, situándose del lado de su aliado, Estados Unidos. La relación asimétrica que hasta ahora han sostenido ambos resulta ya inviable. No se puede justificar que Estados Unidos conserve su paraguas de protección –tanto nuclear como convencional-, aportando gran parte del presupuesto de la OTAN, mientras que las naciones europeas destinan sus recursos a políticas sociales en detrimento de su defensa.

Si los Estados del viejo continente y la UE siguen flirteando con regímenes no democráticos, abdicando de su papel como garantes de la libertad y la democracia, habrán asumido entonces un relativismo moral que pondrá en riesgo los cimientos de nuestros sistemas políticos, tal y como ya se está viendo en algunos de estos países.


[1] De Miguel, B. (2020, 25 de mayo). Josep Borrell: “De esta crisis salimos todos los europeos juntos o no sale nadie”. El País. Disponible en https://elpais.com/internacional/2020-05-24/josep-borrell-de-esta-crisis-salimos-todos-los-europeos-juntos-o-no-sale-nadie.html

[2] Congressional Research Service, Navy Frigate (FFG[X]), (2020, 4 de mayo).  Program: Background and Issues for Congress. R44972. Washington D.C. Disponible en https://fas.org/sgp/crs/weapons/R44972.pdf

[3] OTAN (2019). Defence on NATO countries (2013-2019). Bruselas, Bélgica. Disponible en https://www.nato.int/nato_static_fl2014/assets/pdf/pdf_2019_11/20191129_pr-2019-123-en.pdf

[4] Alarcón, N. (2020, 25 de mayo). España propone que la UE refuerce y actualice su defensa del multilateralismo. El Confidencial. Disponible en https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-05-25/espana-propone-que-la-ue-refuerce-y-actualice-su-defensa-del-multilateralismo_2608499/


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