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ene
OkDiario

El Gobierno de España anunciaba esta semana que, finalmente, no subirá el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Los datos que arrojan las principales investigaciones sobre el impacto de las subidas anteriores -un 30% en dos años- muestran una incidencia en la destrucción de hasta 50.000 empleos el año pasado.

Y es que, en una situación como la actual, un SMI estancado es, como veremos, el menor de nuestros problemas. La situación que atraviesa nuestro tejido productivo durante esta crisis es bastante delicada, hasta el punto de acabar con una de las medidas estrella que proponía el Gobierno.

Los informes que arroja el Banco de España al respecto muestran que la economía española se presenta como la economía que más tejido productivo ha destruido durante esta crisis. Debido a ese comportamiento procíclico que tanto caracteriza a nuestra economía, la composición estructural que muestra nuestro tejido productivo podría ser el factor determinante que explicase semejante situación.

Si atendemos a esos informes que elabora el Banco de España, lo que estos arrojan es que la empresa española, por su limitado tamaño, así como esa menor capacidad en materia de recursos y liquidez, presenta una situación muy complicada para cuando esta crisis se disipe. La situación que muestra el último informe publicado al respecto señala que, en estos momentos, cerca del 30% de las empresas en el país se encuentran en situación de quiebra técnica.

Por otro lado, entre aquellas empresas que no se encuentran en dicha situación, cerca del 50% prevé reducir su plantilla en los próximos meses, mientras que otro 50%, de acuerdo con los datos que ofrecía CEPYME, desconocía si iba a poder continuar con su operativa cuando esta crisis pasase de largo.

Debemos tener en cuenta que recuperar la economía española pasa por recuperar nuestro tejido productivo. Por ello, centrémonos en este y veamos qué es lo que nos lleva a acusar un mayor deterioro que el que muestran otros países en el contraste. Empezando por ahí, podemos extraer conclusiones y darnos cuenta que, aunque parezca que no es así, contamos con un tejido productivo centrado en la vulnerabilidad y el riesgo.

Me estoy refiriendo a las pymes, que representan el 99,8% de nuestro tejido empresarial. Una cifra similar a la que muestra Alemania, por ejemplo. Eso sí, salvaguardando que, cuando se trata de analizar el dato absoluto, Alemania, a diferencia de España, triplica en número de grandes empresas a España.

Sin embargo, tal y como arrojan los datos que ofrece el Ministerio de la Seguridad Social, de las empresas que se han destruido en esta crisis, el 99% son pymes de menos de 50 empleados en plantilla. Esto no es casualidad, ya que hablamos de un tipo de empresas que son mucho más vulnerables en situaciones de crisis que, por el contrario, las grandes empresas.

Así pues, el comportamiento analizado que presenta el tejido productivo español durante el periodo que comprende los años 2008 y 2017 muestra que, mientras que el saldo de grandes empresas arroja una destrucción de 215 empresas durante todo el periodo, el de pymes, acomete una destrucción aproximada de 90.000 empresas.

Pero para el empleo, atendiendo a los informes que se han ido publicando, el último por la Fundación Civismo, muestran que estas empresas, al igual que son más vulnerables a la hora de resistir las crisis económicas, esa misma vulnerabilidad también le lleva a ser más propensas a destruir más empleo en situaciones como esta.

El empleo castiga a las pymes

Por esta razón, mientras que entre los años 2008 y 2017, las grandes empresas registraron una variación acumulada en el empleo del -0,10%, mientras las pymes y microempresas, por su parte, registraron una variación acumulada del -32% y el -15,6%, respectivamente. Datos que, precisamente, se muestran muy similares en las conclusiones que ofrece esta crisis.

En este sentido, lo que analizamos a lo largo del artículo muestra que, entre los factores que hacen que España presente este peculiar comportamiento, contar con un tejido productivo enfocado a pymes, a la vez que supeditar un porcentaje de empleo muy superior a la media europea en este tipo de empresas –72% frente a 66%–, podría ser uno de ellos.

Por esta razón, ante los datos que se muestran y como he dicho en numerosas ocasiones, concluyendo así el informe publicado por el Think Tank con sede en Navarra, pocas razones quedan por seguir apostando por generar más y más pymes, si, complementariamente, no incentivamos el crecimiento de estas y su desarrollo.


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