02
abr
Diario de Navarra

Cataluña representa un modelo en el que vislumbrar qué porvenir aguarda a Navarra si su Ejecutivo actúa de forma parecida. Avivar el nacionalismo ha roto la convivencia catalana y perjudicado su economía. Dejemos claro que el separatismo va contra la historia, porque inventarse un nuevo Estado resulta impropio de un siglo caracterizado por la globalización y la unión de países.

Si nos centramos en la educación, los gobiernos catalán y navarro la han sometido a la ideologización más burda, al convertir la lengua en un elemento identitario que vertebra el sentido de pertenencia a un pueblo supuestamente distinto al español. La lengua es una forma de cultura e instrumentalizarla con una finalidad política implica mancillar su genuina legitimidad: la de constituir un vínculo de armonía que relacione a los ciudadanos, sin que su ideología importe. La presión del cuatripartito para impulsar el euskera ha lesionado la libertad de los padres que deseaban una enseñanza vehicular en inglés. Recuerden cómo se pretendió reducir drásticamente la financiación del Programa de Aprendizaje de Inglés (PAI) para tener más recursos con los que expandir el euskera.

Los ciudadanos no son menores de edad, y saben lo que conviene a sus hijos. Habrá quienes prefieran que éstos hablen y, sobre todo piensen, en un idioma internacional, y también quienes opten por que se comuniquen y razonen en euskera. La solución se halla en permitir elegir a los padres, porque a ellos compete, y no a la Administración, la responsabilidad suprema sobre sus niños. Otro abuso es que se establezca el euskera como requisito para tener un puesto de trabajo público. Con estas medidas coercitivas están convirtiendo un desarrollo cultural que podría resultar ilusionante en una herramienta partidista. El euskera merece un mejor trato, porque sólo en un escenario de libertad su estudio y fomento resulta atractivo.

El otro ámbito más afectado por las políticas nacionalistas es el económico, del que analizaré tres variables.

1) La tasa nacional de crecimiento estimada por FUNCAS para 2017 es del 3,3% en términos reales, de la que 0,91 puntos porcentuales corresponden a Madrid, frente a los 0,84 aportados por Cataluña. Para 2018, las contribuciones pronosticadas son de 0,81 puntos para Madrid y 0,52 para Cataluña. Es decir, en sólo un año, la economía catalana perdería casi la mitad de su influencia en el crecimiento de la economía española. Respecto a Navarra, hace una semana el INE publicó que su crecimiento en 2017 ha sido del 2,8%, lo que le sitúa en el puesto undécimo de las 17 CC.AA, cuando antes éramos de las primeras.

2) Otro efecto de la convulsión independentista en Cataluña ha sido el traslado de la sede fiscal. Según el Colegio de Registradores de la Propiedad, 3.208 empresas se han ido a otras regiones hasta el cierre de 2017. En Navarra todavía no hay cifras de 2017, pero en 2016 se fueron 130 empresas que facturaban 400,8 millones, y entraron 54, que facturaban 53,4 millones.

3) La inversión huye cuando se advierte inestabilidad política e inseguridad jurídica. Según el Registro de Inversiones Extranjeras, el peso de la inversión en Cataluña respecto al conjunto del país ha pasado del 20,1% en 2016 al 13% en 2017. Si la comparación se lleva a cabo con la media de los últimos cinco años, la caída en el pasado año alcanza el 23,9%. En Navarra, la inversión extranjera ha bajado desde 836 millones en 2016 a 47 en 2017, lo que supone un descenso del 94,4%, desinversión sólo superada por Cantabria, con un 94,6%.

Los nacionalistas navarros deben dilucidar si el paraíso que les prometen compensa la crispación y quebranto económico que ahora padecen los catalanes.


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