25
jun
Huffington Post

En las últimas semanas he estado tratando de analizar cuán afectado se vería el consumo, así como qué externalidades negativas podrían derivarse de una situación en la que los niveles de renta se viesen tan deteriorados que, tras abrir los comercios, los niveles de consumo no compensasen la apertura, así como la asunción de costes fijos que esto supone. Una reflexión que, a priori, parecía una hipótesis confusa e insignificante, pero que, tras la realidad, ha comenzado a mostrarse como una hipótesis muy plausible. Y es que tras un análisis realizado por el Banco de España, la confusa e insignificante hipótesis ha cogido fuerza, mostrando ese deterioro que, en su inicio, pronosticaban nuestros artículos.

En este sentido, hace unas semanas escribíamos desde Fundación Civismo un post en el que hacíamos alusión a esto. En línea con los indicadores de confianza de los consumidores, los índices de expectativas, así como las encuestas realizadas por distintos economistas e instituciones económicas, el consumo se ha contraído de tal forma que, de acuerdo con los indicadores económicos que se muestran en el país, ya refleja descensos cercanos al 35%. Un descenso que, pese a que el shock de oferta comienza a disiparse, sigue cayendo, reflejando esta situación incluso en los propios papers que realizan instituciones como BBVA, así como las propias encuestas sobre consumo futuro, una vez el COVID-19 amaine por completo.

Lo que a priori comenzó siendo un shock de oferta, como dijimos, ha comenzado a convertirse en un claro shock de demanda. La complicada situación que atraviesan las familias españolas, en un escenario en el que además debemos computar el efecto que tienen las medidas de distanciamiento social, así como todos los efectos económicos, en la renta de los propios ciudadanos, ha provocado que el consumo se vea muy resentido. Tan resentido que, como veremos a continuación, ha comenzado a ser un problema que, pese a que a priori no se mostraba como una gran amenaza, ya comienza a preocupar, incluso, al propio Banco de España. Pues, de seguir en esta línea, podríamos estar ante un mayor deterioro económico.

En este sentido, el reciente estudio del Banco de España analizaba esta situación. Una situación en la que la apertura prematura de los comercios, tras levantar las medidas de distanciamiento social, no se viene compensada con una reactivación del consumo. Pues, atendiendo a las necesidades de aquellas empresas que reabren sus puertas, la incorporación de las plantillas, así como la propia reactivación del continuo flujo de gastos fijos que conlleva la reapertura, en un escenario en el que el consumo no se reactive, compensando así los gastos que estas empresas poseen, podría acabar deteriorando aún más un tejido productivo que ya soporta más de tres meses de paralización económica, así como de ingresos.

Atendiendo a los criterios de caja de las empresas españolas, con una liquidez que, en su cómputo, no llega a alcanzar el 3% de la liquidez total de las empresas europeas; con un 99’9% del tejido empresarial compuesto por pymes y muy pequeños empresarios; con un tejido empresarial que presenta unos recursos tan limitados, así como unas dimensiones que, en contraste con las empresas europeas, se muestran bastante escasas, estamos hablando de que, ante la situación y la incapacidad de generar ingresos, manteniendo, eso sí, sus costes fijos, las empresas españolas, en prácticamente su totalidad, salen gravemente deterioradas. Un deterioro que también citaban desde FEDEA, donde se aconsejaba extender las medidas hasta el año 2021 para garantizar el no perder capacidad productiva, dificultando, por supuesto, la recuperación económica en el país. Una recuperación que, atendiendo a los precedentes existentes, se prolongó en más de 9 años.

Con 57 días de caja media, las empresas españolas presentan una relación de días operativos sin un ingreso fijo de los más limitados de la Unión Europea. Por tanto, con más de 100 días que llevamos confinados, donde la economía se ha visto paralizada, si no de forma total, parcial, las empresas españolas han agotado todo su margen de liquidez, precisando más para poder seguir manteniendo los costes residuales para, si no abrir, mantener los costes que supone tener cerrado el negocio. Si a esos 100 días de confinamiento le añadimos la situación del consumo, estamos hablando del suicidio de unos empresarios que ya muestran una manifiesta incapacidad de afrontar la situación en solitario. 

A esto se refería el Banco de España en su estudio. Pues, como decía Ray Dalio, debemos ser conscientes de que todo agente socioeconómico que realice un gasto está produciendo, de forma directa, un ingreso para otro agente socioeconómico que, posteriormente, será reinvertido en la economía. Creando así un círculo virtuoso que, en aras de engrandecer al economista John Maynard Keynes, queda muy bien reflejado y explicado en la paradoja del ahorro keynesiana. Una paradoja que, precisamente, muestra cómo la economía podría perder todo su ahorro con el simple hecho de ahorrar de más. Con esto, Keynes se refería a un ahorro que, al no ser gastado, no produciría actividad económica suficiente para mantener a ese ahorrador en el mercado, teniendo que precisar de su ahorro finalmente para suplir los ingresos que, por los efectos ocasionados por el exceso de ahorro, ya no se producen.

Así, en conclusión, aunque parezca un simple juego de niños, es algo en lo que parecen no caer los economistas que se encuentran el Gobierno. Unos economistas que, tildándose de ortodoxos, siguen más pendientes de ver qué ocurre con el gasto público para crear empleo que, por otro lado, incentivar al tejido productivo, creando así un empleo mucho más rentable y sólido que el generado por el sector público. Confusas situaciones que solo un Gobierno podría generar. Y es que, de ser la empresa privada la que toma las decisiones, las medidas planteadas, aunque fuesen en una minoría, irían enfocadas a la reactivación de los pequeños empresarios; unos pequeños empresarios que, de acuerdo con los datos que ofrece el INE, soportan el 70% del empleo en una economía que prevé contar con una quinta parte de su economía en situación de desempleo cuando la situación se disipe.


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