17
nov
Vocento

El medio rural está experimentando una paulatina y lenta transformación social y económica que tiene uno de sus puntales en el turismo, gracias al impulso que han supuesto los programas europeos Leader y Proder para la construcción o rehabilitación de alojamientos. Estas políticas han permitido que cobren atractivo vacacional espacios cercanos a la montaña o los parques naturales. A ello se suma la toma de conciencia de que este sector constituye una fuente de ingresos relevante para la economía rural. Así, se estima que la inversión realizada en hospedajes se puede recuperar en una
media de diez años.

Los habitantes de los lugares rurales donde la agricultura o la ganadería han dejado de ser rentables han hecho de la necesidad virtud. Cada vez son más los ayuntamientos que han sabido crear una demanda turística alternativa al ‘sol y playa’. Hay mucho alcalde que ha aprendido a difundir el atractivo que tiene la naturaleza, el folklore y las tradiciones de su población. También, ha favorecido la mayor sensibilidad de la sociedad por el medio ambiente y la propensión a viajar a sitios tranquilos. Estos factores han modificado los hábitos de consumo y han promocionado el turismo rural. Aunque las vacaciones campestres no sean un fenómeno masivo y, además, tengan un marcado carácter estacional, en bastantes pueblos se están logrando los suficientes recursos para evitar que su gente se marche.

Debido a esta creciente demanda, el precio de los alojamientos rurales se ha incrementado en los últimos cinco años un 11,3% en septiembre de 2019 respecto al mismo mes de 2014. Por comunidades, País Vasco (20%), Cantabria (19%) y Asturias (18%) son las que presentan un mayor aumento en el importe de esta clase de alojamientos, mientras que en Extremadura (-5,7%) es la única que ha disminuido su precio. Se registran menores subidas en Canarias (6%) y Murcia (6,2%). Por otra parte, de media, los turistas pasan 2,54 días de vacaciones en entornos rurales.

Fuente: Vocento

Las estancias más largas, según los datos de septiembre del INE, se han dado en Canarias y Baleares, con 4,44 y 3,91 días respectivamente, mientras que las más cortas son en Madrid y Galicia (1,59 jornadas) y La Rioja (1,98). La globalización de la economía favorece que se genere más riqueza donde exista mayor inversión tecnológica, lo que provoca que las grandes ciudades, como Madrid, vayan a seguir creciendo. La pregunta del millón es qué puede hacer el mundo rural para fijar su población. Una solución para los municipios que no están demasiado lejos de un gran núcleo urbano es mejorar el transporte para que se pueda vivir en el campo y trabajar en la ciudad.

Pero, ¿qué pueden hacer con los municipios muy alejados de las grandes metrópolis? La respuesta es, cuando se pueda, el teletrabajo. Para que este tipo de empleo crezca será fundamental no solo dotar a los pueblos de unas autopistas de la información de máxima capacidad, sino generar buenos servicios públicos en las cabeceras de comarca. La elección de trabajar en casa aumentará porque reduce costes y es compatible con la sociedad postindustrial. Sin embargo, hay que hacer mucho más, porque la mayoría de los habitantes rurales tienen profesiones que no permiten trabajar ‘on-line’.


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