29
may
Periodicos del Grupo Vocento

Los políticos a veces siguen la táctica del comerciante estafador, ese que opta por mezclar medio litro de leche con medio litro de agua para que aparente una mayor cantidad, sin importarle que luego tenga la mitad de concentración de nutrientes. Esto queda reflejado en la composición del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB). Aunque aparentemente la actividad económica de toda España ha crecido un 16,2% entre 2005 y 2015 si se compara el PIB nominal de ambos ejercicios, sólo el 29% de ese avance se puede achacar al crecimiento real, mientras que el otro 71% corresponde al efecto del aumento de los precios. Por ponerlo en términos prácticos, el crecimiento ‘real’ en una fábrica de coches significaría que esta factoría produce hoy más coches que ayer o que ha logrado elevar sus márgenes de venta, mientras que el denominado efecto precios refleja que los automóviles que vende son más caros, pero no porque los consumidores estén dispuestos a pagar más por ellos, sino porque los precios de sus componentes o de la electricidad han aumentado y se repercuten luego al comprador.

Las diferencias por regiones son aquí enormes. Mientras que en Madrid sólo el 45,6% del incremento de la riqueza en euros se debe al efecto de los precios, en Asturias y Cantabria esta cifra supera el 130%. Es decir, los precios han subido tanto que los ciudadanos han perdido poder adquisitivo a lo largo de los últimos 10 años. Las comunidades que han logrado impulsar su PIB con un menor efecto de los precios son la ya mencionada Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Navarra, Murcia y Aragón. Aunque se puede pensar que un incremento de la renta traerá aparejado una subida de los precios (debido a que los comerciantes subirán las tarifas a los consumidores que puedan pagarlo), estas regiones han obtenido un fuerte crecimiento real, con una inflación inferior a la media en todos los casos. Esto se debe a que se han desarrollado con la apertura de los mercados a la competencia, lo que genera empleo y deprime los precios y hace que los productos sean asequibles para más consumidores.

Por el contrario, hay muchas regiones que han visto cómo sus precios se disparaban pese a no disfrutar de un gran crecimiento real. Aparte de Asturias y Cantabria, en esta zona nos encontramos a la Comunidad Valenciana, Castilla y León, Andalucía, La Rioja, Cataluña, Canarias, Baleares, País Vasco y Galicia. Esto puede deberse a un crecimiento a base de subvenciones públicas, que parece generar actividad pero que no mejora la eficiencia de las empresas, por lo que éstas no producen más. Otra de las causas de estos resultados puede ser que algunos gobiernos prefieren reducir la competencia para privilegiar a algunos sectores. Así, estas compañías pueden subir los precios y sus trabajadores disponen de mayores ingresos, pero limitan la cantidad de bienes y servicios que el resto de los ciudadanos puede adquirir.

Además, este tipo de crecimiento ‘aguado’ desincentiva la atracción de empresas porque, ¿dónde preferirán instalarse las nuevas compañías? ¿Allí donde los precios son más altos y tienen que pagar más a sus trabajadores? ¿O donde puedan contener sus costes sin que sus empleados pierdan poder adquisitivo? 


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