12
oct
El Mundo

Pregunta.– ¿El plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la economía española, además de tener un nombre muy largo, es el plan que necesita España?

Respuesta.– Dudo que realmente haya un plan serio ahí. Los políticos son maximizadores de utilidad a corto plazo y yo creo que la base de este plan es resistir lo que se pueda con ayuda de los fondos europeos, acudir al endeudamiento y retrasar la toma de medidas serias lo más posible porque consideran que pueden ser impopulares o llevarían a una ruptura del Gobierno.

P.– ¿No le parece que lo presentado por el presidente Sánchez sí contiene áreas de actuación específicas y un cierto nivel de concreción?

R.– Un Gobierno lo que tiene que hacer es que la economía funcione, y más en un país como éste en el que la actividad empresarial es muy complicada. Y no lo digo yo, lo dicen todos los índices internacionales. Lo que tiene que hacer el Gobierno es permitir que las empresas funcionen, sentar las bases de una regulación adecuada y mantener las variables macroeconómicas en unos niveles aceptables. El Gobierno no cambia el sistema productivo, lo cambian las empresas.

P.– ¿Y el hecho de que Podemos esté en el Gobierno va en contra de lo que plantea?

R.– Es evidente. La visión de Podemos es una visión de desconfianza hacia la empresa y de controlar lo máximo posible. Hay muchas experiencias que demuestran que eso funciona muy mal, y en España funcionará mal.

P.– En el plan de Recuperación se prevé la creación de 800.000 puestos de trabajo entre 2021 y 2023. ¿No es una cifra un tanto escasa?

 R.- En estos momentos no hay nadie mínimamente serio que pueda decir cuál es el número de parados en España porque los ERTE falsean los datos. Y otra cuestión de la que se habla poco es que, cuando llega la crisis, el mercado de trabajo ya estaba mal. Un país que tiene un paro del 14% después de varios años creciendo por encima de la media europea tiene un problema. Y, si ahora volvemos atrás con esa muletilla de ‘eliminar las cláusulas más lesivas’ [de la reforma laboral], va a ser muy difícil llegar al nivel de empleo de otros países europeos.

P.– ¿Dejará el paro alguna vez de ser un problema en España?

R.– Me resisto a pensar que el Altísimo nos ha mandado una maldición. Se podría mejorar la situación, sin duda, pero hay que estar dispuesto y ser consciente de que las reformas chocan con la mentalidad de mucha gente. Y los políticos, que a lo que van es a conseguir el poder, son conscientes y adaptan su política. Pues a lo mejor deberíamos pensar que la mentalidad económica de los españoles tiene muchos problemas.

P.– ¿Sugiere que la mentalidad de la sociedad agrava los problemas?

R.– Es difícil oponerse a ideas muy extendidas y esto no sólo se observa con el mercado de trabajo, tenemos también, por ejemplo, la ley catalana de arrendamientos urbanos. No me cabe duda de que hay mucha gente que está a favor de esa ley. ¿Por qué? Porque no descuenta los efectos no buscados. Es muy importante la educación en ideas económicas básicas. Hace no mucho tiempo, un grupo de economistas hicimos un estudio sobre la enseñanza de la economía en Bachillerato y buena parte de los textos tenían ideas muy similares a las del programa económico de Podemos. Y el chico que ha estudiado cuatro cosas de economía en Bachillerato, cuando escucha estas cosas dice ‘sí, esto me parece muy bien’.

P.– ¿Quiere decir que las ideas de Podemos están tan equivocadas como las de un estudiante que apenas tiene nociones de economía?

R.– Yo diría que sí. ¿Usted sabe quién era Larraz? Larraz fue el primer ministro de Hacienda con Franco después de la guerra. Se entrevista en un momento dado con Franco, y salió espantado. Escribió en su diario: ‘Franco tiene las ideas económicas de un capitán recién salido de la Escuela de Estado Mayor’. No es un problema sólo de derechas o de izquierdas, sino de ideas económicas equivocadas. El que esté en su piso y vea que le van a controlar la renta pensará ‘¡qué bien!’. Pero el que quiera conseguir un piso y vea que la oferta cae, tendrá muchos problemas para encontrar uno. La ley catalana se parece mucho a las leyes de Franco de los años 40. Y Franco no era un peligroso izquierdista.

P.– ¿Cómo encaja en este contexto que el Gobierno hable de subidas de impuestos mientras el resto de potencias europeas revisan a la baja?

 R.– Fíjese lo que dice el Gobierno: ‘Vamos a subir los impuestos a los ricos’. La idea es hacer que la gente piense que son los demás los que van a pagar los impuestos. Pero así no se eleva la recaudación, acabará pagando más todo el mundo.

 P.– ¿No es creíble, como dice el Gobierno, que la clase media no va a sufrir un incremento de impuestos?

R.– Para nada. Piense usted en el impuesto a la banca. No hay que ser un genio para darse cuenta de que cualquier impuesto que grabe una determinada actividad será pagado, en parte, por quien presta el servicio y, en parte, por quien lo demanda. Una parte irá a la cuenta de resultados de los bancos y otra parte irá a los clientes.

P.– Un último punto: ¿cómo de grave para la economía va a ser el estado de alarma sobre Madrid?

 R.– Es evidente que reducir la actividad es un daño para la economía. Pero hay otro elemento sobre expectativas que a mí me preocupa mucho: la gran mayoría de la gente ya ve esto como un planteamiento político, piensa que se están adoptando estas medidas porque el Gobierno central está enfrentando a la Comunidad de Madrid. Las expectativas son muy importantes y más en una situación de crisis. Y esto es muy malo para las expectativas.


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