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ABC

Cada vez hay más motivos para ser euroescéptico. La estrategia de la Comisión Europea para prevenir el desastre del país heleno ha sido torpe e ingenua. Esos políticos, que supuestamente nos representan, no durarían dos ejercicios como directivos de una empresa que exija beneficios.

Los contribuyentes no entendemos que Europa practique la solidaridad con un país que se caracteriza por el incumplimiento fiscal. Escuchen al ex primer ministro griego Papandreu quejarse de la extendida cultura del subsidio y la hipertrofia funcionarial de su país, y se convencerán de que la UE debería haber sido más cautelosa con Grecia. Cuando todos quieren vivir del Estado, este quiebra o se endeuda aceleradamente con los euros fáciles que le fían los demás. La solución más realista para que el país heleno se recupere es que salga de la Unión, lo dije en estas páginas el 22 de julio de 2011 (http://goo.gl/CF4wnu).

Los griegos no soportaron la austeridad que impuso el anterior primer ministro, Samaras. Optaron por dejarse seducir por el olimpo de la abundancia que les ofrecía el populismo radical de Syriza. Las consecuencias han sido el brusco frenazo de su recuperación y una fuga de capitales que ya supera los 50.000 millones de euros. Ayer Grecia reconoció que le faltan 400 millones para cubrir sus necesidades de financiación en abril, lo que ha obligado por decreto a que todos los municipios transfieran al Estado sus reservas en efectivo.Paralelamente, el BCE elevó la capacidad de crédito de los bancos griegos hasta 1.500 millones. Estos dos nuevos parches cortoplacistas saltarán pronto y acelerarán el reventón de la economía griega. Las medidas de austeridad que demanda la Comisión solo las soporta el papel porque son inasumibles para los desesperados ciudadanos.

 Europa debe reinventarse y ser más ágil para resolver sus problemas. Se deben modificar, cuanto antes, los tratados para que Grecia salga del euro. Cuanto más se retrase, más perderemos todos, comenzando por los griegos.


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