21
mar
OkDiario

En los últimos años la supremacía estadounidense en el orden global ha puesto a la economía norteamericana, así como sus líderes políticos, en el epicentro global. Las decisiones adoptadas por los Estados Unidos, a lo largo de la historia han sido, como poco, el punto de referencia para todos los países. Desde la crisis del ébola hasta la debacle financiera de 2007, Estados Unidos siempre ha sido la potencia que ha estado ahí para “salvar al mundo” de los excesos que nos llevaban a situaciones no tan positivas.

Al igual que un padre a un hijo, el país norteamericano siempre ha sido el encargado de liderar una respuesta mundial para controlar y paliar la situación. Sus grandes estrategas, su capacidad de respuesta, así como su poder, influenciaban en el resto de mandatarios globales, conformando ese orden mundial que les situaba en la cúspide del iceberg. Una cúspide disputada, pero en la que el liderazgo estadounidense guardaba su puesto sin opciones a competirlo con otros países.

Sin embargo, a día de hoy, la situación parece haber cambiado. Justo en un momento donde la sociedad se enfrenta a una de las mayores crisis de la historia. En un momento donde un brote pandémico ha acabado con la estabilidad en el planeta, Estados Unidos ha pasado muy desapercibido. Hemos visto a Donald Trump tratar de controlar la situación, sin embargo, la situación en el país era tan drástica que su intención de controlar se ha visto mermada por su incapacidad para contener el virus dentro de sus fronteras.

Una situación que llevó al presidente Trump, al inicio de toda la crisis del COVID-19, a ofrecer ayuda al resto de países, pero que, ante el número de casos que se iban dando en los Estados Unidos, los cuales han infectado en cuestión de días la ciudad de Nueva York, las ayudas del Gobierno norteamericano, finalmente, han quedado bloqueadas en la frontera de los Estados Unidos. Incapaz de dar una respuesta desde Washington para controlar el país, el planeta ha entendido, no solo que esta crisis no es una crisis convencional, sino que, además, el liderazgo mundial podría verse en entredicho, así como ese supuesto orden mundial del que hacíamos mención.

El rol de China

Sin embargo, y sin ser conscientes de ello, pese a la ausencia de los Estados Unidos en ese liderazgo que aporte la tan esperada respuesta global, sí hemos visto a un país tratando de asumirla. Un país que, entre todo el desastre, trataba de aportar luz y ya no solo eso, sino que, siendo uno de los países más afectados por la situación, se encargó de suministrar ayudas a todo el planeta. Su capacidad de producción le ha permitido dotar al resto de países de ayudas y, a su vez, intentar liderar esa respuesta global, ante la ausencia de países que, como Estados Unidos, estaban siendo superados por el contagioso virus.

Y sí, este país ha sido China. El crecimiento del gigante asiático es verdaderamente brutal. En cuestión de años, el Producto Interior Bruto (PIB) de China ha experimentado un crecimiento tan elevado que ha sido capaz de igualar a la totalidad del PIB de todos los países de la Eurozona. Un dato que, aunque sea meramente anecdótico, refleja una capacidad de crecimiento abrumadora. Un crecimiento que ha dotado al país de una cantidad de recursos y capacidades que, en estos momentos, le están permitiendo liderar esa respuesta global de la que hablábamos.

Incluso, para más inri, fue el millonario chino, fundador de Alibaba Group, Jack Ma, el que en medio de todo el conflicto, mandó suministros a Estados Unidos para tratar de ayudar al país norteamericano, ante la mala gestión que, desde Washington, seguía sin contener un virus que estaba infectando a cada vez más norteamericanos. Un detalle que puede parecer insignificante, pero que sitúa a China en el epicentro de una crisis, como gestor y salvador en un escenario en el que ningún país se ha visto capacitado para liderar esa respuesta.

Así también lo hemos visto con su respuesta, publicando continuamente en los medios la eficacia de las medidas adoptadas por el país oriental, las cuales ahora replicamos todos los países en occidente, tomando como referencia su capacidad de respuesta y la fantástica gestión en la contención del brote vírico. Además, de que hemos visto a China, en un momento de crisis, ayudar a todo un planeta con suministros sanitarios, debido a que, precisamente, la capacidad de China en los últimos años para convertirse, con un 17% del PIB mundial, en el productor mundial. Lo que, ante lo ocurrido, el bloqueo del primer eslabón de la cadena de valor, aun sin ser estratégico, ha acabado con la capacidad de respuesta de países como, por ejemplo y muy al hilo con lo mencionado, Estados Unidos.

Además de todo lo ocurrido, la crisis del coronavirus ha sacudido al orden mundial. Pese al liderazgo de Estados Unidos, la intención de China de convertirse en la economía que lidere el orden mundial ha puesto sobre las cuerdas al país norteamericano.

Por primera vez en la historia, China no sólo ha sido capaz de demostrar su capacidad para liderar una respuesta global, sino que, además, lo ha hecho, demostrando al mundo su capacidad de competir por el primer puesto en la pirámide, disputando con Estados Unidos ese tan ansiado reconocimiento. Una situación que, desde Washington, miran con la rabia y la impotencia de ver la respuesta de China, en un escenario en el que el desorden ha dejado fuera de juego a Donald Trump y toda su ejecutiva.


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