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Diario de Navarra

Vaya por delante que estoy por proteger el vascuence navarro, el nuestro. Un legado cultural que los políticos de un lado no hicieron nada por promocionar, y que los del otro ignoraron para imponer un nuevo euskera, el batúa, que unifica los ricos dialectos precedentes.

Lo peor que le puede ocurrir a una lengua es su instrumentalización para favorecer una ideología política. Este manejo lleva a que el vascuence, en lugar de servir de medio de comunicación, sea un modo de segregación o de fractura social. Por ejemplo, excesos como forzar la Oferta Pública de Empleo de 100 plazas en euskera, en contra de la plantilla orgánica establecida, lo que consiguen es un rechazo de este idioma por parte de quienes desean que el Ejecutivo foral respete la legalidad. Estas arbitrariedades son vistas como un regalo del cuatripartito a su electorado afín. Provocar una apreciación clientelista no ayuda en absoluto a que el euskera sea lo que debiera ser: una opción cultural, alejada del partidismo político y del adoctrinamiento nacionalista.

El Ejecutivo, en su torpe voluntarismo de avanzar precipitadamente en sus obsesiones ideológicas, ha favorecido a esta lengua al tiempo que intenta detener el Programa de Aprendizaje en Inglés (PAI). Hace unos días, se conocía que el proyecto de Orden Foral del Gobierno reduce el mínimo semanal de horas del PAI de 10 sesiones a sólo 6, cuando ahora hay centros que dan 16. Este privilegiar al euskera, en detrimento del inglés, tiene una lectura clara: el enfrentamiento entre ambas lenguas, en un momento en que no hay dinero para potenciar a las dos.

Este duelo idiomático puede incitar a que los padres perjudicados ejerzan su derecho a elegir qué opción lingüística desean que se refuerce en el aula. Habrá quienes prioricen la lengua autóctona y no tendrán nada que objetar. Sin embargo, habrá otros que crean que, en un mundo global, resulta más prometedor el dominio de un idioma universal. Probablemente, estos últimos se organizarán para evitar esta merma del aprendizaje del inglés que les quieren imponer.

Conviene recordar un aspecto que ha pasado desapercibido: el pésimo resultado del Informe PISA en País Vasco. Esta comunidad dobla con más de 9.000 euros por alumno escolarizado la media del gasto de España. La renta per cápita de los vascos supera en 8.000 euros al promedio nacional y su industria supone un 25% del PIB. A pesar de estas buenas condiciones, el rendimiento en PISA ha sido muy insatisfactorio. Incluso los resultados del euskera han empeorado. Una de las causas a las que se atribuye esta baja calificación es que las horas extras que supone la ense- ñanza de esta lengua se imparten a costa de la disminución de las dedicadas a matemáticas, lengua, inglés y ciencias. Así, un estudiante vasco, al terminar la enseñanza obligatoria, tiene el equivalente a un curso completo menos de clases de ciencias que un alumno castellano-leonés. La conclusión es muy clara: menos horas de inglés y de matemáticas no beneficia el aprendizaje. Por último, hay otro aspecto relevante que los padres deben valorar: una sobrecarga de asignaturas no ayuda a que los estudiantes que van más justos mejoren su rendimiento escolar.

Señores políticos: permitan que los padres elijan tanto el idioma como el tipo de enseñanza que quieren: pública, concertada, diferenciada, etc. El dinero que sufraga la educación lo dan, vía impuestos, esas familias agredidas. Respeten su libertad para decidir, dentro del marco legal nacional y al margen de criterios partidistas, cómo deben ser educados sus hijos. A fin de cuentas, la responsabilidad última es de los padres. No de ustedes. 


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