17
abr
Murcia Plaza

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) levantó un gran revuelo este miércoles al incluir en su última encuesta una pregunta mal formulada, peor redactada, e indudablemente manipuladora, que reza así:

¿Cree usted que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener la libertad total para la difusión de noticias e informaciones?

Esa es la pregunta de la vergüenza, de entre una retahíla de otras muchas, que ha desatado iras y elevado la voz de alarma. El motivo resulta bastante evidente. Se trata del colofón explícito a los múltiples comunicados en prensa, entrevistas, indirectas y globos sonda de diversa índole con los que el Gobierno ha intentado vender a los españoles la idoneidad de una vía de información unívoca. Con esta perla, el CIS ya ha perdido todo pudor y rubor. Una desfachatez a la que, por otra parte, nos tenía acostumbrados, pues lo que José Félix Tezanos pueda o haya podido decir, muy a pesar de todos, ha de presumirse como falaz, desvirtuando así la institución que preside.

Esta interrogación del CIS se enmarca en un debate en torno a la constitucionalidad de la suspensión de derechos y libertades impuesta por el estado de alarma. Unas restricciones que dan fe del poderío del Estado, o del Gobierno, pues cada vez se percibe menos la distinción entre ambos, y que hoy encuentran su enemigo público número uno en la libertad de prensa. A eso se refería el vicepresidente Pablo Iglesias al declarar ayer jueves, cuando fue cuestionado sobre la infame pregunta número 6 de la encuesta, que el objetivo consistía en que la “ultraderecha mediática y política no forme parte en ningún caso del futuro de nuestras sociedades”. Así es, mediática y política. La valoración de lo que ha de catalogarse como ultraderecha, por supuesto, dependerá de su augusta opinión. La misma que, si lo estima oportuno, puede esgrimir cualquier otro criterio para excluir nuevas posturas políticas o ideológicas que “deban” estar fuera de la política y la sociedad. Ni Orwell en 1984 lo hubiese explicado mejor. Nos encontramos ante el manual de instrucciones del Estado totalitario, en el que ya hemos dejado atrás varios capítulos.

Los españoles vivimos en verdad tiempos inciertos, ya que nuestros derechos y libertades sufren el asedio de aquellos que tienen encomendada su protección. Otro gran problema que sacó a relucir el CIS (de ser cierta la estadística, claro está) se cifra en la respuesta a la pregunta: el 66,7% respondió a esta afirmativamente, apoyando, por tanto, que exista una única fuente oficial que transmita información veraz. Insisto, si lo damos por cierto, al Estado orwelliano en el que está degenerando rápidamente España hemos de añadirle el descrito por Huxley en Un mundo feliz, en el que retrata a una sociedad que ha puesto precio a su felicidad: el de que la dejen adormecida, controlada y sin capacidad de respuesta ni, qué decir tiene, de rebeldía.

Despertemos antes de que sea tarde.


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