07
ago
Expansión

Gobierno acaba de presentar al Congreso de los Diputados el proyecto de Presupuestos de 2016. Como es habitual, el texto va acompañado de un cuadro macroeconómico que recoge las estimaciones en las que se basan los cálculos del Ministerio de Hacienda.

Hace algunos días fue hecho público, cuando el cuadro fue objeto de críticas muy duras por parte de la oposición. Pero, como por desgracia tantas veces ocurre en este país, los partidos que están fuera del Gobierno no se molestaron en hacer un análisis mínimamente serio y se limitaron a un rechazo radical de las cifras y a considerarlas mera propaganda electoral, sin que hayamos podido saber muy bien por qué -y en qué aspectos concretos- las consideran inaceptables.

Sin embargo, de un documento como éste se pueden sacar muchas ideas sobre la situación de la economía española y su posible evolución futura. Veamos algunas interesantes.

En primer lugar, la cifra estimada de crecimiento del PIB. El Gobierno la sitúa en un 3%, que parece un cálculo bastante razonable, y en línea contra otras estimaciones realizadas tanto dentro como fuera de España. Nuestra economía, ciertamente, está creciendo, y, si no surgen circunstancias adversas que nos desvíen de la tendencia, podemos alcanzar perfectamente esta tasa. Ahora bien, si desagregamos las cifras, vemos que se espera que casi todo el crecimiento tenga su origen en la demanda interna, en especial en la formación bruta de capital fijo y en el consumo privado. El sector exterior va a aportar apenas una décima a la tasa de crecimiento; y esto es muy poco, ciertamente. Pero hay un elemento positivo que debe ser destacado: las tasas de aumento de las exportaciones y las importaciones se sitúan por encima del 6 %; es decir, el doble que la tasa de crecimiento del PIB. Y tal dato, de cumplirse la estimación, sería muy positivo porque reflejaría una mayor internacionalización de la economía española, lo que tiene siempre efectos favorables para el crecimiento futuro.

El lado negativo de las previsiones está, sin duda, en la tasa de paro esperada, que sigue muy cerca del 20%, el 19,7% en concreto. Es cierto que se genera empleo y que en 2014 la tasa oficial de desempleo era superior al 24% y que este año está en torno al 22%. Pero, pese a la indudable mejoría -y al hecho de que la cifra real es, sin duda, algo más reducida que la oficial-, el número de desempleado es excesivo desde cualquier punto de vista. Y el dato refleja que no se trata de un problema meramente coyuntural que se pueda solucionar por completo con un mayor crecimiento económico. Estamos, en cambio, ante un serio problema estructural, que la reforma laboral no ha resuelto; y que podría empeorar si dicha reforma fuera abandonada, como prometen que harán algunos partidos de la oposición si llegan al poder.

Si el defectuoso funcionamiento del mercado de trabajo es uno de nuestros males permanentes, algo parecido sucede con el funcionamiento del sector público. El gobierno estima para 2016 un déficit presupuestario para el total de las administraciones públicas del 2,8% del PIB. ¿Es buena o mala esta cifra? Depende del punto de vista. Excelente, sin duda, si la comparamos con lo que ha sucedido en los últimos años y si pensamos que en 2014 cerramos las cuentas con un déficit cercano al 5,7% y que, en 2011 nos acercamos nada menos que al 9%. Pero menos positiva si pensamos que este déficit se estima en el marco de un crecimiento sustancial de la economía; y que un déficit del 2,8%, que puede ser aceptable para una economía en recesión, no lo es si el PIB está creciendo al 3%. Es cierto que las estimaciones del Gobierno hablan de reducir a la mitad el déficit en 2017 y, prácticamente eliminarlo (0,3%) en 2018. Pero habrá que ver si tan optimista predicción se cumple, y si un posible cambio de gobierno no impediría el ajuste previsto. Y es muy importante reducir el gasto público y eliminar el déficit, entre otras cosas, porque convendría bajar cuanto antes los impuestos, que siguen siendo muy altos en España, y porque hay que pagar una deuda pública que previsiblemente seguirá aumentando en términos globales en 2016, aunque vaya a representar un porcentaje algo menor del PIB (98,2%) como consecuencia del crecimiento de éste.

Estas cifras pueden leerse, ciertamente, de muy diversas maneras. En mi opinión, lo que el cuadro macroeconómico refleja es una economía que, por una parte, ha conseguido relanzar su crecimiento y continúa en su proceso de internacionalización; pero que, por otra, sigue teniendo dos problemas serios que no se van a arreglar con la mejora de la coyuntura: un mercado de trabajo defectuoso y mal regulado y un sector público muy gravoso para el país. Ambos sectores exigen reformas profundas, que aún no se han llevado a cabo y que van a encontrar una seria oposición tanto en buena parte de la opinión pública como en partidos políticos, sindicatos y personas que vean su posición actual amenazada. Pero, superada la crisis coyuntural, deberían ser tales reformas los objetivos a perseguir. Nos jugamos mucho en ello.


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