10
oct
OkDiario

A lo largo de esta semana se ha producido la aprobación del cuadro macroeconómico que publicaba el Gobierno de España, así como el techo de gasto con el fin de elaborar los presupuestos. En lo que respecta al plano macroeconómico, llama la atención la corrección que hace el Gobierno tras las reticencias que ha mostrado a ofrecer un diagnóstico tan pesimista como el que ahora se presenta.

En este sentido, la contracción que ofrece el Ejecutivo contempla una caída del PIB del 11%, ajustándose a las previsiones hechas hasta la fecha. La incertidumbre que asoma en el horizonte provoca que no se puedan descartar escenarios más pesimistas que el ofrecido.

El Banco de España coincide con esta afirmación que comentamos, ya que el propio presidente del banco central, Pablo Hernández de Cos, advertía del error de caer en la autocomplacencia y ningunear una crisis de dimensiones históricas. Por esta razón, el organismo avisaba al Gobierno de que, al igual que contempla dicha contracción, tenga en cuenta también posibles riesgos que pueden agravar el pronóstico en los próximos meses.

Estamos hablando de una economía como la española que, como ya anunciaba la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en sus informes, sufrirá el mayor deterioro potencial ante los rebrotes y el cierre de la actividad económica. Por todos estos motivos, las declaraciones del Banco de España no deberían caer en saco roto.

A su vez, la gobernabilidad que presenta el país demuestra ser muy limitada, en un escenario en el que seguimos improvisando en la aplicación de políticas para afrontar los daños que se han ido derivando de esta situación. Si a esto le sumamos la rigidez impuesta, estamos hablando de un ‘cocktail’ extremadamente peligroso.

En un escenario en el que la incertidumbre es la principal protagonista, limitar la improvisación con rigidez conlleva unos riesgos que España no debería asumir.

Desajustes económicos

Un claro ejemplo lo encontramos en los ERTE. Como pudimos observar hasta el último momento el Gobierno no fue capaz de ponerse de acuerdo para ampliar la única medida que ha relajado el acoplamiento en la destrucción de empleo y la contracción económica.

Hablamos de un acuerdo que estará en vigor 4 meses, por lo que las negociaciones deberán retomarse muy pronto. Esto muestra una situación muy preocupante, teniendo en cuenta la actuación de otros países que están respondiendo con más capacidad y recursos.

En nuestro mercado laboral la rigidez del Gobierno en la acción política, producto de un interés político que prima sobre el conjunto de intereses de la ciudadanía, está provocando un mayor deterioro en nuestra economía.

Debemos ser conscientes y asumir que la inacción del gobierno y la rigidez está llevándonos a escenarios más preocupantes que los que presentan otros países. Por ello, flexibilizar la actuación en este escenario de extrema incertidumbre es clave para poder enfrentar la pandemia con el rigor y la importancia que esta merece.

Apuesta por la flexibilidad

Y hablo de flexibilidad por la sencilla razón de que la nueva normativa limita y dificulta la propia sostenibilidad y viabilidad de las empresas, ya que prohíbe despedir por causas derivadas de covid-19 y la externalización de actividades a empresas afectadas por ERE.

Sin embargo, como refleja el último informe del banco central, resulta curioso que sigamos aplicando rigidez y dificultando la adaptabilidad en un escenario en el que esa misma rigidez ha provocado que el 30% de empresas en el país se encuentren en situación de quiebra técnica, a la vez que presentamos la mayor destrucción de empleo del bloque comunitario.

Pues, en definitiva, si algo está demostrando esta crisis es que esa improvisación rígida, en un entorno extremadamente cambiante, no solo no contiene nada, sino que también es la peor de las estrategias para lograr la recuperación económica.


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