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mar
El Mundo

Uno de los factores que ha complicado las cosas en Grecia ha sido su tradición de aplicar el spoil system (sistema del botín), un modelo clientelar que permite que los partidos políticos que ganan una elección repartan los puestos de funcionarios y altos cargos del Estado entre sus seguidores. El fenómeno fue bautizado en EEUU tras la elección de Andrew Jackson en 1828 a partir de la frase “Al vencedor corresponde todo el botín”. En España, una práctica similar se dio durante el siglo XIX con las llamadas cesantías -empleados del Gobierno que perdían su empleo al cambiar éste- y sus primeras víctimas fueron los funcionarios leales al rey intruso José Bonaparte.

El spoil system prácticamente ha paralizado Grecia desde la victoria de Tsipras en enero. La sustitución de los funcionarios ha sido compleja por dos razones: primero porque la alianza entre Syriza (que en sí misma ya es una coalición de izquierdas) y el nacionalista y xenófobo grupo de los Griegos Independientes obliga a complicados equilibrios en los ministerios y, en segundo lugar, porque sus cuadros, salvo raras excepciones, nunca habían gobernado. Desde el fin de la dictadura militar, el bipartidismo griego siempre había favorecido a funcionarios de filiación socialista o conservadores, pero no a los de izquierda.

El resultado es que los problemas con los socios de la UE y con Bruselas ya no sólo son ideológicos sino de simple competencia profesional o de conocimiento de las reglas del juego. Los nuevos funcionarios griegos ignoran la situación de su país. Así quedó de manifiesto el pasado 18 de marzo cuando altos funcionarios del BCE y la Comisión se quejaron de que su contraparte griega argumentaba sistemáticamente que carecían de la información que se les pedía y eso bloqueaba las conversaciones. Los griegos, en cambio, se lamentaron de que las preguntas de los europeos desbordaban el plano técnico y entraban en consideraciones de corte político.

A esto se añade el hecho de que en Grecia, el rechazo a la Troika y a todo lo que huela a tecnocracia ha llevado a un recelo generalizado hacia cualquiera que desempeñe un puesto de carácter técnico. Se considera que el conocimiento técnico está al servicio del mantenimiento del sistema y no del cambio.

Un dato reciente es muy expresivo de la parálisis del Estado. Grecia insistió en recuperar una partida de 1.200 millones de euros del segundo rescate que necesita con urgencia para pagar sueldos y pensiones. El miércoles la partida le fue denegada por el Ecofin, como era previsible. Sin embargo, varios comisarios europeos han constatado esta misma semana que hay más de 2.000 millones en fondos de cohesión que Grecia podría utilizar, pero ha sido incapaz de cumplir el procedimiento formal.

Los problemas de Grecia son multidimensionales. Ya no son sólo de expectativas económicas -los indicadores empezaron a empeorar en el cuarto trimestre de 2014, víspera de la victoria de Tsipras- sino de adaptación a los procedimientos más simples.


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