08
jun
Panam Post

Ante la continua sucesión de los hechos, así como la medición de la desescalada, el Banco de España ha vuelto a pronunciarse sobre la situación económica que atraviesa el país, así como sobre el escenario futuro que presentará el país en los próximos meses. Inmersos en la solución y la estrategia para frenar la crisis sanitaria que se deriva del coronavirus (COVID-19), la economía continúa su deterioro a la espera de que los diques de contención del virus queden anclados y reforzados, disipando los efectos en la salud de la pandemia, a la vez que garantiza el control del virus mediante los sistemas de monitoreo y medición.

En este proceso de contención, la actividad económica, así como todos los indicadores que registran dicha actividad, están cayendo en picada. Desde los indicadores de PMI, los cuales registraban descensos tan elevados que batían todos los récords de la serie histórica, con niveles no vistos desde 1976; hasta los propios indicadores de comercio, los cuales cerraban el mes de abril con caídas históricas, reflejadas en descensos que llegaban incluso a rozar el 30% en sectores como el comercio minorista. Estos datos, siendo tomados en cuenta para la proyección de otras variables, están provocando deterioros en las proyecciones que, desde la institución, se están emitiendo.

Proyecciones que ya de partida, como reflejaban los primeros pronósticos del Banco de España, auguraban severas contracciones que pondrían a la economía española en situación de jaque. Sin embargo, en los últimos días, dichas contracciones se han ido agravando, llegando a proyectarse en niveles que podrían mermar el producto interior bruto (PIB) de la economía española en hasta un 15%. Teniendo en cuenta que dicho deterior, de acuerdo con los pronósticos iniciales, comenzó a situarse en niveles cercanos al 6%, estos nuevos registros muestran esa corrección realizada por el Banco de España, así como la incapacidad citada en otros artículos que representa el hecho de medir una economía que, ante la naturaleza del virus, no presenta exactitud en sus movimientos. Una economía repleta de incógnitas que, como ya avisaba el Fondo Monetario Internacional (FMI), dejan un entorno repleto de incertidumbre.

En este sentido, como comentábamos, la economía española prevé sufrir un mayor deterioro de lo esperado. Todo esto como consecuencia de una crisis sin precedentes que ha sumido al país en el caos absoluto. Una situación de la que, a la espera de las actualizaciones y de ver si se producirán modificaciones, podría llevar a la economía del país, tal y como publica el Banco de España, a una situación en la que, derivada de los efectos de la pandemia, los niveles de endeudamiento, en relación con el PIB, podrían llegar a situarse en el 122%. De la misma forma que, por el lado del déficit, los gastos extraordinarios y la gestión de la crisis podría llevarnos a rebasar el umbral del 10 %, llegando a situar el nivel de déficit en torno al 11% o 12%.

En este sentido, una situación económica que, tras el rescate europeo, dejaría las cuentas públicas al borde del colapso. Y es que debemos tener en cuenta que tras la crisis de 2008, las cuentas públicas que, ya en su día, fueron rescatadas presentaban unos niveles de endeudamiento que rozaban el 90% del PIB, de la misma forma que el déficit se situaba en el 8%. Sin embargo, la incapacidad de corrección de esos desequilibrios en una economía que ha estado más de diez años sin presentar una disciplina financiera acorde a los Pactos de Estabilidad y Crecimiento (PEC) establecidos por Europa —máxime en un escenario en el que la política acomodaticia nos ha llevado a registrar crecimientos de, incluso, el 3%—, nos ha dejado con escaso fondo de maniobra para adoptar decisiones, situándonos en una encrucijada en la que, de no llegar el rescate, el escaso colchón fiscal del que disponía España se presentaba insuficiente como para relanzar a la economía española.

La situación, ahora, se ha vuelto bastante compleja. El comportamiento de la economía española preocupa a unos economistas que, siendo mi caso, vemos la recuperación cada vez más gradual. Sin tener en cuentas los descensos trimestrales del PIB, los cuales ya arrojan el pesimismo que, de la misma forma, recogen los indicadores de confianza empresarial y las expectativas, la recuperación de la economía española, teniendo en cuenta ese comportamiento contracíclico que le hace tan característica, sigue presentando inquietudes que, a través de incógnitas incapaces de despejar —como la posible recaída en octubre, o nuevos brotes del virus—, dejan a la economía española ante precedentes como los pasados. Precedentes que, como el de 2008, durante la Gran Recesión, muestran escenarios donde la recuperación de la economía, mientras en Alemania se produjo en un año y medio, en España llegó a postergarse en hasta nueve años para que dicha recuperación se materializase.

Así, España debería comenzar a formalizar su salida de la crisis, comenzando a estimular una economía que, por el momento, se encuentra cuasiestancada. La recuperación de las actividades ha comenzado a darse, pero las expectativas de los empresarios, así como las de los consumidores, reflejan un escenario en el que los agentes económicos, ante la duda, no se encuentran favorables a acompañar a la recuperación económica con su consumo y su capital. Esto, en un escenario en el que la tasa de desempleo se ha disparado hasta niveles del 30% —teniendo en cuenta los ERTE—, así como con unos niveles de renta que, debido a la situación, se han visto mermados, dificultan una recuperación que, como augura el Banco de España, será más gradual que lo, a priori, estimado.


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