21
abr
Panam Post

La economía española se encuentra en un escenario bastante complicado. Con los datos encima de la mesa, además de en un escenario en el que elegir, podemos observar cómo las previsiones que se arrojan desde los distintos organismos —incluyendo organismos nacionales— no alientan a ningún optimismo, al menos, justificado. Las previsiones, tanto las emitidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como las emitidas por el Banco de España (BdE), arrojan mucho pesimismo sobre una economía que, en estos momentos, se encuentra plenamente bloqueada.

De partida, el FMI, que reajustaba sus previsiones en línea con lo sucedido y ante el brote pandémico que vive el planeta, arroja un pronóstico sobre la economía española bastante pesimista, al menos si el contraste lo hacemos con las economías avanzadas. En este sentido, la economía española sufriría una contracción del -8 % en el producto interior bruto (PIB), hundiendo la actividad económica en el país. Unos pronósticos que, como veremos a continuación, no son tan pesimistas si los observamos en detalle.

De acuerdo con el organismo multilateral, una contracción significativa para la economía española, pero con una posterior recuperación que haría crecer la economía para el ejercicio 2021 a ritmos superiores al 4 %. Ahora bien, unos ritmos que, como recogen las previsiones, se basan en una disipación de los efectos del coronavirus a mitad del año. Es decir, contemplando como base de cálculo un escenario en el que la economía se reanuda durante todo el segundo semestre del año, permitiéndoles a las empresas volver a la normalidad previa al confinamiento.

Sin embargo, la incertidumbre de estas variables, así como el estado de la economía, siguen presentando muchas incógnitas como para fiarse de un pronóstico que, analizado en detalle, deja muchas más incertidumbres en el horizonte que de no haberlo visto siquiera. Y es que, es el propio organismo el que ha reconocido su incapacidad de proyectar mediciones objetivas ante la situación que atraviesa la economía en el país, pues es imposible el hacer estimaciones con un aceptable nivel de confianza, dado el nivel de incertidumbre y de riesgos que se encuentran presentes en el marco actual.

Una situación que sí refleja, en su caso, el Banco de España. Este, a diferencia del FMI, se ha encargado de hacer el informe, pero incluyendo la evolución de las variables en todos los escenarios posibles. Es decir, en lugar de proyectar una contracción en la economía española de un rango determinado, el organismo central se ha encargado de realizar estudios basados en horquillas. En este sentido, horquillas que evalúan el comportamiento monitorizado de la economía, pudiendo aproximarse lo máximo posible a los efectos.

Para ello, en lugar de escoger una base de cálculo acotada, el Banco de España escogió una base de cálculo más amplia, permitiendo proyectar la economía con variables que, en lugar de actuar como lo proyecta el FMI, experimentan un peor desempeño, prolongando el confinamiento y el distanciamiento social durante un periodo más prolongado. Así, generando unos pronósticos que, pese a reflejar ese optimismo que, bajo mi criterio, presentaba el FMI, también arroja estadísticas que, ante lo ocurrido, proyectan un crecimiento sujeto a los peores comportamientos que podrían experimentar dichas variables; como se dice comúnmente, se pusieron en el peor de los escenarios.

En este sentido, el Banco de España ha proyectado una contracción, ante una prolongación del confinamiento, que podría alcanzar hasta el 13,6 % del PIB. Una contracción que casi duplica la que, en este caso, preveía el FMI, dejando un aliento de pesimismo en el aire que, por el momento, es incapaz de disiparse ante las incertidumbres que contempla el escenario actual. Una contracción que, en este caso, provocaría graves secuelas a una economía tan expuesta como la española.

En este sentido, la autoridad monetaria ya ha anunciado la posibilidad de que la deuda pública pueda llegar a superar el 120 % del PIB. Por el momento, una auténtica locura, pero que podría llegar a hacerse realidad ante los mensajes que vemos desde el Gobierno, así como el gasto acumulado y el posible incremento, que ya lo vemos, en las primas de riesgo; incrementando finalmente el coste de una deuda que ya oscilaba en el 100 % del PIB. Una deuda a la que debemos sumar un déficit presupuestario que podría llegar a superar el 10 % del PIB —actualmente en el 2,7 %—, así como llevarnos a una tasa de paro que llegase a sobrepasar el 20 %.

Como vemos, los pronósticos del Banco de España dejan una visión más real que el del FMI para la economía española. Además de que, en este caso y ante la excepcionalidad de la crisis que vive la economía en estos momentos, debemos tener en cuenta todas las variables posibles, ajustando la medición a escenarios realistas, que no se basen en la autocomplacencia y que traten de minimizar los riesgos al permitir el anteponerse a los hechos. Caer en una autocomplacencia, haciendo una selección de pronósticos que, con base en unos resultados, casan más con los intereses del Gobierno, es el mayor error que cualquier economía puede cometer.


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