01
oct
El Economista

La desaceleración de la economía española ha dejado de ser un mantra manoseado por políticos y economistas para convertirse en una realidad atestiguada que se recrudece con el paso de los meses. Las últimas pulsiones de la coyuntura se observan en el dato de PIB del segundo trimestre del año, que crece el 0,4 por ciento ahondando en el desfallecimiento que está experimentando en este ejercicio, en una tasa de ahorro inusitadamente elevada y un avance de los precios que se encuentra oficialmente estancado tras conocerse el dato de IPC de septiembre, el cual permaneció invariable con respecto al mes anterior. Datos que dio a conocer este lunes el INE, añadiendo más presión si cabe para los partidos de cara a una campaña electoral que ya contara sobre la mesa con los ingredientes de una economía que se deprime por momentos.

Uno de los indicadores de esta tendencia está en la evolución del ahorro. Según el INE, los hogares españoles gastaron en el segundo trimestre menos de lo que ingresaron, lo que llevó a que su tasa de ahorro se situara en el 19,3 por ciento, su valor más alto en diez años, cuando en 2009 alcanzó el 20,1 por ciento. El indicador vuelve así a tasas positivas, después de haberse situado en tasas negativas en el primer trimestre del año.

Concretamente, los hogares elevaron su renta disponible bruta un 5,8 por ciento en el segundo trimestre, hasta 218.205 millones de euros, pero su gasto en consumo se situó por debajo de esta cantidad, en 175.935 millones de euros, un 2,1 por ciento más, de forma que su ahorro fue positivo, situándose, en concreto, en 41.984 millones de euros, frente a los 33.513 millones de euros del segundo trimestre de 2018.

Este factor, de incremento del ahorro, explica el investigador principal del Think Tank Civismo, Javier Santacruz, “no es más que un espejismo: aparte de que el dato desestacionalizado y corregido de calendario invita poco al optimismo (el repunte no es demasiado grande), este incremento es más bien un efecto derivado de la aceleración en las subidas salariales y al mismo tiempo el estancamiento del consumo”.

Misma lectura que aporta el presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas, Antonio Pedraza, quien atribuye este repunte a una mayor renta disponible de los hogares impulsada por el alza de los salarios que se encuentra en el entorno del 2,2 por ciento para este y una inflación que no logra tomar impulso.

Depresión de la actividad

Cabe recordar que el INE avanzó también este lunes que la inflación no experimentó variación en septiembre en relación al mes anterior pero recortó dos décimas su tasa interanual, hasta el 0,1 por ciento, su menor nivel desde agosto de 2016, como consecuencia del abaratamiento de la electricidad.

Pero el experto del Consejo General de Economistas también apunta a un factor de “ahorro prevención” en el repunte reflejado por el INE, donde muchos ahorradores están moviendo su dinero hacia productos asegurados de renta fija y deuda soberana como producto de un temor ante la desaceleración de la economía. Al mismo tiempo, Pedraza advierte de las “consecuencias negativas” para la economía de una inflación en mínimos “a pesar de la liquidez inyectada desde el Banco Central Europeo (BCE) que no se ha traducido en mayores niveles de inversión” y que responde a una “actividad deprimida”.

Todo ello, redunda en un crecimiento que se modera cada trimestre (0,5 por ciento y 0,4 por ciento en lo que va de año – que implica el menor avance de los últimos tres ejercicios–) y que apunta a un avance del conjunto del año del 2 por ciento, según estimó recientemente el Banco de España. Por su parte, la agencia de calificación Fitch ha rebajado dos décimas, hasta el 2,1 por ciento, su previsión de crecimiento para la economía española en 2019, según su último informe de perspectivas globales difundido ayer.


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