04
jun
Expansión

El Banco de España dio a conocer ayer su informe correspondiente al 2015 y esta semana la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicó su informe de “Perspectivas Económicas” de Junio 2016. Ambos informes coinciden en reclamar al próximo gobierno de España reformas que impulsen la productividad, como condición indispensable para lograr un crecimiento económico sostenible a medio plazo.

Para el Banco de España la economía española debe seguir profundizando en las reformas estructurales: mayor equilibrio fiscal, sostenibilidad del sistema de pensiones, reducción de la elevada tasa de desempleo estructural, buen funcionamiento del tejido empresarial, flexibilizar los mercados de trabajo y productos y conseguir una formación eficiente de precios y costes.

Aumentos de productividad

De ahí que por primera vez en la historia del informe anual del Banco de España  se dedique un capítulo entero a la dinámica empresarial: un factor clave para la economía española. Gracias a la crisis económica los empresarios acometieron ajustes de costes de forma mucho más rápida que en una situación de expansión económica. Para aumentar la productividad, hay que continuar con esa destrucción creadora de empresas y sectores lo que va permitir una reasignación eficiente de los recursos. Se conseguirá así crear empresas modernas, competitivas y duraderas a largo plazo. Los aumentos de productividad pasan también por facilitar el aumento del tamaño de las empresas.

El crecimiento de la productividad supone también apoyar programas de investigación y desarrollo (I+D), procurando que dichos programas se conviertan en proyectos empresariales generadores de empleo. Si nuestras empresas quieren competir en un mercado global tienen que plantearse el reto de acercarse a la frontera del conocimiento y, en este sentido, sus equipos humanos tienen que ser capaces de asimilar los cambios que se están produciendo en las nuevas tecnologías, como por ejemplo en las de la digitalización. De ahí que la política tecnológica deba procurar conectar los centros de excelencia investigadora con las necesidades de las empresas.

Y junto con ese suministro de tecnología hace falta financiación. Hay que seguir desarrollando mecanismos financieros que apoyen proyectos que combinen innovación y emprendimiento. Es ahí donde se debe incidir si se quiere realmente seguir generando una economía sostenible y creadora de empleo duradero. En definitiva, buscar fórmulas (“business angels”, capital semilla, “incubadoras”, fondos de coinversión, etc.) que permitan seleccionar proyectos en fases tempranas para que puedan convertirse en empresas competitivas.

El resultado de la aplicación de todas estas políticas permitiría mantener tasas de crecimiento más altas y superar los obstáculos principales para poder competir mejor en los mercados internacionales.

Un escenario global adverso

Porque el futuro de nuestra economía sigue estando en las exportaciones por lo que sigue siendo vital el crecimiento económico de nuestros clientes: la economía mundial. No puede extrañar, por tanto, que hayan saltado todas las alarmas cuando el último informe de la OCDE señala que la economía mundial se encuentra en un escenario de recuperación económica débil y frágil. Una situación de bajo crecimiento del que el conjunto de los países del Mundo solo puede salir si hay capacidad para impulsar la productividad a la vez que se aumenta la demanda de consumo e inversión.

Por tanto, la OCDE sigue reclamando, por un lado, reformas para aumentar la eficiencia de las empresas y por otro, a los países poco endeudados como, por ejemplo, Alemania, Corea del Sur, Noruega, Singapur o Nueva Zelanda  políticas expansivas de carácter fiscal que aumenten la demanda agregada y faciliten así un crecimiento económico mundial más sostenible en el medio plazo.

La OCDE avisa que, a nivel mundial, las empresas siguen siendo muy tímidas a la hora de invertir, los consumidores reticentes a gastar y los gobiernos son incapaces de aplicar políticas que aumenten la productividad. Por eso la economía mundial crecerá este año sólo un 3%, el peor dato desde el 2009. Si bien prevé que el año que viene el crecimiento repuntará modestamente al 3,3%.

En cuanto al comportamiento de los países miembros de la OCDE (recordemos que son los 34 países más ricos de la Tierra)  la situación es más adversa que la de la economía global y que en promedio crecen por debajo de su potencial: un 1,8% en 2016 y un 2,1% en 2017. Estos bajos ritmos de expansión reducen el ritmo de creación de empleo y privan sobre todo a los jóvenes de oportunidades de trabajo y dificultan el pago de las pensiones y los gastos de salud de los mayores.

Los problemas de España

Con este panorama de mayores riesgos asociados al enfriamiento de la economía mundial parece probable que las exportaciones españolas dejen de crecer. A este estancamiento de la demanda externa se une la caída del crecimiento en la inversión generada por la incertidumbre de que los partidos políticos no sean capaces, a partir del 26 de junio, de formar un gobierno que ponga en marcha las reformas estructurales que venimos indicando.

La OCDE asegura que el crecimiento español se ralentizará gradualmente hasta el 2,8% este año y el 2,3% en 2017, cifras muy similares a las que ha publicado el consenso de los economistas. En cuanto a la tasa de paro, la OCDE espera que siga cayendo paulatinamente, y que se sitúe en un 19,8% este año y 18,4% el año que viene. Una tasa de paro todavía muy alta que pasa por políticas activas de empleo que faciliten la inserción de los desempleados en la vida laboral.

El Banco de España observa que solucionar los problemas de la enorme temporalidad, del paro juvenil y el de larga duración no va a ser una tarea fácil. Desgraciadamente todavía existen muchos trabajadores que carecen del perfil profesional o de la formación necesaria  que en estos momentos demandan las empresas. Además, la precarización de los contratos laborales desincentiva tanto a los trabajadores como a los empresarios para aumentar la formación continua y el nivel de capital humano.

Por tanto, la reducción del desempleo estructural en España tiene todavía un amplio recorrido de mejora. La solución pasa por a) implantar un contrato indefinido, con muy bajas indemnizaciones por despido, que reduzca la diferencia entre contratos temporales y fijos, b) impulsar las políticas activas de empleo, c) aprovechar los recursos existentes para aumentar la eficiencia de los servicios públicos de empleo y d) reforzar la inserción de los parados con planes de formación eficaces.

Así las cosas, tanto el informe del Banco de España como el de la OCDE muestran que el futuro de la economía española pasa por aumentar la productividad. Para ello, entre otras medidas, se precisa orientar el tejido empresarial hacia la innovación y el emprendimiento. De esta forma se evitará que nuestra economía quede atrapada en la mediocridad que parece reinar en la economía mundial. Y conseguiremos mejorar el crecimiento económico, la creación de empleo duradero a largo plazo y, en definitiva, el bienestar de los españoles.


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