28
jun
Vocento

Fundación Civismo presentó el viernes el Día de la Liberación Fiscal, la fecha en la que los ciudadanos han generado suficientes ingresos para pagar todos los impuestos. A partir de entonces, empiezan a trabajar para sí mismos. El español medio emplea 178 jornadas de sueldo para satisfacer tributos; el catalán, 187; en el extremo opuesto, el murciano, 176. Una variable complementaria es la cuña fiscal, el porcentaje que suma IRPF y cotizaciones sociales en el salario de un empleado. Navarra arroja el mayor valor, un 41,8%. Le siguen País Vasco (40,3%), Madrid (39,5%) y Cataluña (39,3%).

Una cuña fiscal alta se deriva del hecho de que los políticos impongan tributos excesivos a los que más riqueza y empleo proporcionan. Este populismo fiscal se nutre de avivar la envidia de los menos afortunados hacia los que se han labrado un buen porvenir. Es perverso que, para conseguir votos, se despierte el resentimiento en quienes aspiran a un mejor bienestar, sin recordarles que, para lograrlo, se requiere del propio esfuerzo, no el de los demás. A diferencia de otros países, en el nuestro se vitupera al que ha tenido éxito, aunque se lo haya ‘currado’, porque parece que es el responsable del infortunio ajeno. La economía de mercado se basa en el beneficio para las dos partes que intervienen en una transacción, lo que hace que el intercambio suscite nueva riqueza. La mentalidad de entender la economía como un juego de suma cero, en la que, cuando una gana, se debe a que se lo ha quitado a otro, no responde al mecanismo por el que funciona el mercado.

Fuente: Vocento

La sociedad involuciona cuando los activistas del igualitarismo radical imponen ese relato de que el Estado se arrogue materias en las que la iniciativa privada se muestra más eficiente. No se entiende que un ministro hable de expropiación ante el cierre de una fábrica de coches. La riqueza no la proporciona un Estado totalitario, sino una sociedad vivaz. Lo que necesita es que la Administración le dé cancha, en lugar de impedirle avanzar con una jungla regulatoria impenetrable e impuestos expropiatorios. Soy partidario de impulsar un ascensor social, que permita progresar a quien se esfuerce, como también del carácter progresivo de los impuestos. Esto ya ocurre en España, como lo apoya una correlación de 0,86 entre la cuña fiscal y el salario medio. Pero estoy en contra de un sistema fiscal tan confiscatorio que desincentive el riesgo emprendedor, porque, si no hay actividad, Hacienda no recibe nada. La Agencia Tributaria debería estudiar el nivel de gravámenes que puede soportar una compañía y los contribuyentes de rentas medias y altas. Las obsesiones de algunos políticos por expoliar al que tenga algo siempre causan un desplome recaudatorio; descenso que, me temo, ocurrirá en breve. ¡No maten la gallina de los huevos de oro!


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