23
may
Expansión

Mañana se celebrarán las elecciones más disputadas e inciertas de nuestra democracia. 36 millones de residentes en España están llamados a las urnas para elegir a sus representantes autonómicos y municipales. Es también una oportunidad para que muchos ciudadanos manifiesten a través de su voto si perciben o no la recuperación económica. Pero también será un termómetro que mida la desafección que muestran los encuestados, en los sondeos de opinión, por los actuales políticos y la vida política. Si mañana la ciudadanía vota a los partidos emergentes (Ciudadanos y Podemos) en los porcentajes que muestran las encuestas es porque no están convencidos de que estemos saliendo de la crisis económica, y tampoco creen que los partidos tradicionales tengan la voluntad política de afrontar las reformas necesarias para que se revitalice la vida política. ¿Hacia dónde se inclinará la balanza? ¿Hacia el platillo de la mayor eficiencia económica con mayor crecimiento económico y más empleo o hacia el platillo de la percepción de que hay demasiada corrupción, injusticia y desigualdad?

BUENOS RESULTADOS ECONÓMICOS

En un lado de la balanza está la considerable mejoría de la economía española. Recordemos que desde el tercer trimestre del año 2013 el PIB ha crecido, trimestre a trimestre, de forma ininterrumpida y cada vez a mayor velocidad. Y que este crecimiento ha aumentado el empleo en más de 450.000 personas el año pasado y que durante este año se crearán 600.000 puestos de trabajo más. Que la tasa de paro se ha reducido desde el 27% a comienzos de 2013 al 23% en este segundo trimestre de 2015. En el último año, las dos comunidades autónomas donde más ha bajado el paro están gobernadas por el Partido Popular: Baleares (desde un 26,7% en el primer trimestre de 2014 a un 22,3% en el primer trimestre de 2015) y Aragón (desde el 22,8% al 18,6% en el mismo periodo).

A estos buenos datos de crecimiento y empleo se une el aumento en el número de empresas (9.000 más en el último año). A ello se une en el aumento de la actividad del sector de servicios de mercado, que es el responsable del 50% del PIB español y que está creciendo al ritmo impresionante del 5,6% anual. Lo mismo sucede con la industria, cuya buena evolución está apoyando el extraordinario avance de las exportaciones. Según los últimos datos del Ministerio de Economía, las ventas de mercancías al exterior alcanzaron este año el máximo histórico en un primer trimestre: 61.000 millones de euros.

En definitiva, la recuperación económica ha llegado para quedarse y con ella se consolida un cambio hacia un modelo productivo basado en las exportaciones de bienes y servicios. Los datos publicados esta semana muestran que aumenta la producción industrial, también la que se destina a exportar, y con ella la inversión, el empleo y el consumo. Es el proceso habitual que ha seguido la economía española en las fases de recuperación. Pero la diferencia con otras etapas expansivas es que ahora las exportaciones siguen tirando de la economía junto con la demanda interna.

Si los resultados económicos de España y de las CCAA dirigidas por el Partido Popular son tan buenos, ¿por qué los encuestados son tan cicateros en reconocer que el Gobierno está ayudando a que la economía esté saliendo de la crisis? Porque, según las encuestas, muchos ciudadanos perciben que hay otros problemas que están sin resolver: corrupción, desigualdad, insuficiente democracia interna en el PP (ausencia de elecciones primarias) y promesas incumplidas.

LA REGENERACIÓN POLÍTICA

Si mañana el PP obtuviera una victoria, aunque fuese relativa pero contundente, en el conjunto de las elecciones municipales y autonómicas, querría decir que muchos más votantes de los que contestaron las encuestas son conscientes de que la mejoría de la economía ha llegado a sus casas, y por eso han vuelto a confiar en el PP. La balanza se inclinaría entonces a favor de los buenos datos económicos.

Si, por el contrario, el PP no obtuviese una mayoría que le permitiese seguir gobernado (con pactos o sin ellos) en sus actuales feudos (Madrid, las dos Castillas, Murcia, Valencia, Cantabria, Baleares, Aragón, Extremadura, Ceuta y Melilla), el Gobierno debería afrontar algunas de las demandas que le está haciendo la sociedad (listas abiertas, no llevar imputados en las listas electorales, más democracia interna introduciendo primarias y eliminar las diputaciones). También tendría que hacer reformas si necesitase gobernar con la ayuda de Ciudadanos, quien exige algunos de esos cambios para poder pactar con cualquier partido político.

Por ahora sólo tenemos los datos de las encuestas. Hay un 20% de los entrevistados que dice que las cosas económicas van a mejor y que sus bolsillos lo notan. Hay un 30% que dice que la situación económica es mala y que además lo sufren en sus propias carnes. Queda otro 50% de los encuestados que confiesa que su situación económica personal y familiar mejora, pero que seguimos en crisis y que la situación económica de España sigue siendo mala. En resumen, hay un 80% de los encuestados que contesta que el Partido Popular no ha sabido sacar a la economía de la crisis y ponerla en el camino del crecimiento.

LA NECESIDAD DE PACTOS

Si las elecciones de mañana apoyasen lo que dicen las encuestas, el platillo de la balanza donde están los resultados económicos pesaría menos y el platillo más pesado sería el de la percepción de que falta transparencia en los partidos políticos tradicionales, que la crisis no se está acabando, que el paro sigue estando muy alto, que son necesarias listas abiertas y que no se ha hecho la verdadera reforma de las Administraciones Públicas.

Si fuese así se confirmaría que se está produciendo un rápido proceso de recolocación política en el que los partidos emergentes (Ciudadanos y Podemos) tendrán una representación significativa en los Parlamentos Autonómicos y Municipales. Esta súbita aparición de partidos emergentes se haría a costa de una menor abstención y también de una reducción de votos en los partidos tradicionales, el Partido Popular, el Partido Socialista e Izquierda Unida, que son quienes sufrirían el coste de esta nueva transición política. Conviene recordar que en los años setenta España, gracias al consenso de las diversas fuerzas políticas, transitó de un régimen militar a una democracia y que ese tránsito permitió la gobernabilidad de España en un momento político y económico sumamente complicado. El mapa político que podría quedar mañana después de las elecciones va a exigir pactos en muchos municipios y CCAA.

Si los sondeos reflejan la realidad, los españoles votarán sabiendo y queriendo que el resultado de las elecciones vendrán de la mano de pactos de gobierno. En nuestro imaginario colectivo permanece la posibilidad de realizar acuerdos y negociaciones que permitan hacer políticas de consenso. La firma de los Pactos de la Moncloa no fue la última vez en que se produjeron acuerdos políticos y sociales en España; baste recordar el Acuerdo Nacional sobre el Empleo (que firmaron sindicatos, gobierno y empresarios en 1981), el Acuerdo Social y Económico (suscrito por el Gobierno y los agentes sociales en 2011) y el pacto de gobierno entre el PP y Convergencia durante el primer gobierno de José María Aznar.

Es decir, no estaríamos necesariamente ante un escenario de ingobernabilidad. Sería un panorama nuevo, sugerente, con la necesidad de hacer diferentes combinaciones entre los partidos políticos para que haya gobiernos estables en las CCAA y en los Ayuntamientos.

Lo deseable para todos es que los resultados de mañana sean los más favorables para el futuro de la economía española. Resultados que permitan obtener gobiernos municipales y autonómicos que generen tranquilidad en las empresas, atraigan capital extranjero, y sigan dando, como hasta ahora, prioridad al crecimiento económico, a la generación de empleo y a la reducción de la deuda publica autonómica y municipal.


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