20
jun
El Mundo

Ayer hubo rumores de que se podía implantar un corralito en Grecia. La creciente fuga de depósitos obligó al Banco Central Europeo a aumentar el margen de la Provisión Urgente de Liquidez (ELA, por sus siglas en inglés) que actualmente se halla en 84.100 millones. Con esta decisión, el BCE ha demostrado una gran lealtad institucional, muy por encima de las diatribas verbales de los dirigentes griegos a los que se supone muy interesados en llegar a un acuerdo.

El término corralito fue acuñado en Argentina en 2001 por el periodistaAntonio Laje y fue una restricción de la libre disposición de fondos del sistema bancario decretada el 3 de diciembre de 2001 por el Gobierno deFernando de la Rúa. Corralito es el término que se utiliza en Sudamérica para referirse a un parque infantil, un sitio donde se encierra a alguien que no es plenamente dueño de sus actos o que aún no ha alcanzado la madurez.

En ese sentido, no es extraño que, a la vista de lo sucedido en los últimos seis años, la opinión pública intuya que lo más lógico es que en Grecia se imponga uno.

El corralito es distinto del corralón. El primero suponía la limitación en la disposición de fondos (no se podían sacar más de 250 pesos argentinos en efectivo por semana del total de las cuentas de un titular), además de una serie de medidas bancarias que restringían los flujos de capitales. El segundo se produjo en una nueva fase, a partir del 6 de enero de 2002, cuando el nuevo presidente argentino Eduardo Duhalde acabó con la convertibilidad fija de la moneda argentina por la que un peso equivalía a un dólar norteamericano.

Es decir que, si trasladáramos estos hechos a la situación de Grecia hoy, el país pasó en menos de un mes de las simples restricciones a la disponibilidad de efectivo a abandonar el euro.

El ex ministro argentino Domingo Cavallo, que implantó el corralito original, lo explicó así en marzo de 2002: «El Gobierno de Duhalde devaluó la moneda e impuso un complejo mecanismo de restricciones, con confiscación parcial de los ahorros, reprogramaciones forzosas, restricciones al uso y a la transferencia entre bancos de los ahorros del público. Si bien se siguió utilizando la expresión corralito, ya instalada entre la gente, en rigor, la situación de los ahorros actualmente se parece más a la de un cepo». Cepo o corralón.

Un corralito en Grecia habría sido inevitable hace ya meses. De no pertenecer al euro, el Banco de Grecia habría tenido que proveer de liquidez a su sistema hace tiempo, pero lo habría hecho en una divisa que no hubiese tenido mayor credibilidad, por lo que su valor hubiese sido bajísimo. Con los mercados de capitales cerrados, el ELA del Banco Central Europeo es la vía de transfusión que mantiene con vida a la economía griega.

No se entiende así la imprudencia del Gobierno de Alexis Tsipras. Su ministro Yanis Varufakis ha publicado en su blog una transcripción de su exposición ante los ministros europeos. En un párrafo les prometió que Grecia ya no pediría prestado en el futuro ni a Europa ni al Fondo Monetario Internacional y en otros dos pidió dinero, a corto y a largo plazo. Un doble lenguaje que a la larga es insostenible.


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