05
oct
Diario de Navarra

Los impuestos son el arma más sutil para aniquilar un territorio o… hacerlo rico. La modificación del Impuesto sobre el Patrimonio arruinará Navarra porque el esfuerzo fiscal que exige es confiscatorio. Habrán leído la bajada del mínimo exento de 800.000 euros a 550.000, cuando en el Estado es de 700.000 y en Madrid cero. También, el valor exento de la vivienda habitual (250.000) resulta inferior al de España (300.000) y al de Álava y Vizcaya (400.000). Además, se propone un escudo fiscal que apenas protege. Si se tiene en cuenta que el contribuyente que se marcha por el Impuesto sobre Patrimonio se lleva también el de la Renta, da la impresión que no han hecho las cuentas. Es un hecho irrefutable que expoliar a las rentas medias-altas perjudica sobre todo a los más pobres, porque disminuye la recaudación al provocar la deslocalización de los grandes contribuyentes.

El Gobierno debe valorar lo sucedido en el territorio con una economía más parecida a la de Navarra. Copio textualmente del Diario Vasco del pasado 23 de octubre: “En 2008, cuando solo Guipúzcoa mantuvo en España el Impuesto de Patrimonio, perdió 400 contribuyentes de más de 1,5 millones de euros”. El mismo periódico añade que los patrimonios que se marcharon “aportaban cinco veces más de los que han llegado”.

La presidenta debe explicar por qué ha elegido un modelo ya fracasado. ¿No sería mejor que copiase los regímenes fiscales que han tenido éxito, como el de Madrid (la locomotora de España), Vizcaya o Álava? Resulta contradictorio que el PNV, partido que forma parte de Geroa Bai, suprima la normativa fiscal que impuso Bildu en el territorio vecino y nos lo imponga en Navarra. Esta incoherencia del partido al que está vinculada la presidenta va a provocar no solo la pérdida de los contribuyentes que pagan más, sino que no vengan nuevos inversores. ¿Para esto sirve el gran poder que otorga el Convenio Económico?

El Ejecutivo está decepcionando a quienes le habían dado un voto de confianza por la moderación que mostraban los partidos que conforman el Gobierno en la campaña. Las declaraciones de los nuevos cargos están mostrando que esa actitud mesurada era puro marketing electoral. Que nadie se engañe, la presidenta acatará las políticas que le dicten los miembros más radicales de su Gobierno, porque valora más la poltrona del poder que el cumplimiento de sus promesas. Ante unas acciones tan nefastas para el porvenir de Navarra no propondré nunca la desobediencia civil que dejó caer el consejero de Educación ante las leyes del Estado. Sin embargo, sí invoco la necesidad de una acción concertada de la sociedad civil, para que se organice y haga oír su voz para que Navarra no sea una comunidad fallida. El nuevo subidón impositivo causará un empobrecimiento estructural difícil de resolver (los que se van no suelen retornar).

Hay políticos tan arrogantes que se jactan de saber mejor que nosotros mismos lo que hay que hacer con nuestro dinero… pero ocultan que para sus fines. Las declaraciones de los Consejeros despiertan la sospecha de que el nuevo apretón tributario encierra clientelismo hacia los trabajadores de tres sectores estratégicos para el nacionalismo: policía, Hacienda y educación euskaldún.

Los nacionalistas han sido más inteligentes que los defensores de la identidad de nuestra tierra. Han descubierto que una Navarra arruinada será más proclive al rescate por Euskadi, la Comunidad ‘hermana’ rica. El nacionalismo es un sentimiento fácilmente excitable y contagioso que no atiende a razones frías; serenarlo para que no sea autodestructivo y favorezca la convivencia requiere una inteligencia que no he visto en los políticos constitucionalistas.


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