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jul

Sinn Féin es sin duda un partido peculiar. Tuvo un papel prominente en las luchas por la libertad en Irlanda en el último siglo. Tuvo un papel infame como ala política de una fuerza paramilitar que practicó el terrorismo. Tuvo un papel fundamental en hacer posible el fin de los Troubles y de las injusticias que les dieron lugar, y debe tener un papel clave en liderar Irlanda del Norte en la era del Brexit.

También tenéis la costumbre de intervenir en la política española y de meter la pata. Como habéis hecho hace unas semanas.

Es fácil entender que, como partido que respaldó a un grupo terrorista, sintáis afinidad por los separatistas radicales vascos y su propia ala terrorista, ETA. Es más difícil comprender cómo habéis podido tragaros que la situación vasca y la de Irlanda del Norte se parecen en algo.

Francamente, nunca he entendido cómo un partido que luchó por la igualdad y contra la discriminación estatal pueda respaldar a unos segregacionistas que se empeñaron en expulsar de su país a cualquiera que no compartiera su credo político y cultural. Comunistas que mataron a civiles y a niños intentando destruir el régimen con más autonomía de Europa. Preguntadle a vuestra compañera parlamentaria Maite Pagazaurtundúa.

Irlanda del Norte luchó contra un régimen sectario que discriminaba a la gente en función de su identidad cultural. Si pertenecías al grupo “equivocado”, te exponías al acoso, a la discriminación en los servicios y en la contratación pública. No podías trabajar en la policía. Se limitaba tu representación política con demarcaciones manipuladas. Teníais una queja justificada.

Los nacionalistas vascos vivían en una región gobernada por nacionalistas vascos. Nunca fueron los débiles en esta película. Hace mucho que han impuesto su propio idioma en los colegios, incluso donde no se hablaba, como en la provincia de Álava. Lo usan como barrera de acceso al empleo y los contratos públicos. Han usado su sobrerrepresentación parlamentaria para extorsionar al Gobierno español y sacarle enormes presupuestos. Han expulsado a políticos rivales y hacen que les sea físicamente imposible celebrar mítines en cientos de lugares.

En resumen, están haciendo al resto de los vascos (y a muchos navarros) lo que los sectarios protestantes os hicieron durante décadas o generaciones. Y esta es la gente a la que lleváis tiempo apoyando.

En cuanto a los separatistas catalanes a los que os pareció apropiado respaldar durante la constitución de este Parlamento Europeo, son aún peores. Se aprovechan de un sistema electoral descompensado para dominar una comunidad autónoma que no respalda sus ideas. Imponen el idioma regional, llegando a vigilar y castigar a los niños en los patios de colegio, a multar a quien no lo emplea en los carteles de sus tiendas, y a impedir el acceso de quien no lo habla al empleo público. Hasta han sido condenados por acosar y hostigar a policías regionales (Mossos y Mossas como Inma Alcolea) no separatistas. Zahieren a los políticos de la oposición, intentando impedir manifestaciones y expulsarlos de los lugares que dominan (o donde creen tener la fuerza para hacerlo). Presionan a los jueces que no les favorecen. Cubren los espacios y eventos públicos y oficiales con símbolos sectarios, en lo que vosotros, tan familiarizados con la Orden de Orange, deberíais reconocer como intentos de intimidación política.

Los separatistas catalanes no han llegado a respaldar el terrorismo, sólo a intentar un autogolpe que, según han admitido, esperaban que derivara en violencia sangrienta. Eso sí, han implantado un régimen de adoctrinamiento y discriminación en la mejor escuela de lo que os hicieron los protestantes.


Los separatistas catalanes han implantado un régimen de adoctrinamiento en la mejor escuela de lo que os hicieron los protestantes


Por último, pero no menos importante, son abiertamente racistas (los escritos del president Torra están a la altura del sudafricano P.W. Botha) y su partido es conservador hasta la médula. El partido, por cierto, de Carles Puigdemont. La persona a la que quisisteis honrar en el Parlamento Europeo.

Igual es la perspectiva que tenemos desde aquí, pero parece que a los principios de liberad e igualdad, por no hablar del progreso social, los serviríais mucho mejor si dejarais de bendecir a cada movimiento que dice luchar por un pueblo oprimido, y empezarais a verificar quién es realmente el oprimido y quién el opresor. Igual, así también evitáis hacer el ridículo.

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