11
may
Periodicos del Grupo Vocento

Hace dos semanas traté en estas páginas la ‘adicción’ de algunas comunidades autónomas al gasto público, dejando en evidencia que, en algunos casos, los políticos siguen una receta engañosa: adecuar los ingresos a los gastos. Los más asiduos a estas prácticas argumentan que se trata de una situación coyuntural, como si un desequilibrio de miles de millones de euros tuviera tan fácil solución. Por el contrario, la experiencia demuestra que esos graves déficits nunca se amortizan a corto plazo y terminan convirtiéndose en deuda para varias generaciones. ¡Como si el contribuyente fuera un burro de carga capaz de tirar hacia adelante con todos los despilfarros!

Entre 2007 y 2013, algunas regiones se endeudaron en cantidades que duplican sus ingresos habituales. Es el caso de Cataluña y la Comunidad Valenciana. Sin embargo, no lo han hecho (como lo haría un ciudadano previsor) para adquirir una casa con la esperanza de que siempre conservará cierto valor. No. La razón es otra: mantener su ritmo de gasto habitual. ¿Se imagina una familia que gasta en bienes prescindibles y perecederos los ingresos de varios años? Pues bien, la sostenibilidad económica de un país se asemeja a la de una familia. Los gobiernos autonómicos intentan convencernos de que dilapidar el dinero de todos en proyectos innecesarios (como infraestructuras que no se inauguran) estimula el crecimiento, pero la realidad es otra: el gasto público solo se convierte en inversión cuando se destina a aquello que dinamiza la actividad de las empresas, por ejemplo, la disminución de los costes laborales.

Los datos muestran que, de las tres comunidades que más se han endeudado entre 2008 y 2013 (Cataluña, Comunidad Valenciana y Castilla-LaMancha), solo Cataluña ha experimentado una evolución del PIB cercana a la media, cayendo un 4,55% en el acumulado de los últimos seis años. Mientras, las otras dos, se desploman a la penúltima y antepenúltima posición, con caídas que superan el 8%.

Por su parte, de las tres regiones donde menos avanza la deuda al situarse por debajo del 70% de los ingresos anuales, únicamente Galicia y Canarias consiguen que su PIB sea de los quemejor ha evolucionado. La explicación reside en que la deuda solo es positiva cuando se utiliza para invertir, no cuando se malgasta. De ahí que los datos no reflejen correlación positiva entre una cantidad mayor de deuda y el PIB. Por consiguiente, todo se traduce a políticos que gestionan con acierto y otros de modo irresponsable.

En este contexto, Navarra se presenta como la comunidad que mejor resiste la crisis; con una caída del PIB del 2,99% apenas ha necesitado endeudarse un 77,6% de su presupuesto. Algo similar se podría decir de Madrid y PaísVasco. Con todo, Baleares tiene una ‘hipoteca’ de 1,75 veces sus ingresos, aunque con la crisis no haya sufrido una gran pérdida de su PIB (3,01%).

En el tramo central se encuentran Aragón, Cantabria, La Rioja y Castilla y León, regiones que no presentan extraordinarios descensos de PIB (entre el 4,94% y el 6,3%), ni endeudamientos que llamen especialmente la atención (entre el 87,9% y el 113,1%). Incluso, dentro de este grupo, la que menos deuda acumula, Castilla y León, constituye también la que menos actividad económica ha perdido con la crisis.

Finalmente, entre las comunidades autónomas que padecieron un mayor desgaste, destacan Murcia, Andalucía y Asturias, con un desplome del PIB comprendido entre el 6,87% y el 9,04%. Es cierto que estas dos últimas no presentan una gran acumulación de pasivos, pero Murcia sí registra un endeudamiento por encima de la media.

 

 


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