20
nov
Diario de Navarra

Probablemente, en aquellas cuestiones en las que la política no entra, esas en las que no hay posicionamientos ideológicos previos insuperables, nuestro Gobierno, a través de sus sociedades públicas, es capaz de superar retos esenciales. Ha sido sorprendente el logro de los vuelos regulares a Fráncfort desde Noáin. Es bien sabido que uno de los motivos por los que una Comunidad mejora sus opciones para atraer inversión y radicar empresas es poseer un aeropuerto con vuelos suficientes. Nadie vendrá a nuestra región si no tiene bien resueltos los traslados de sus trabajadores y productos a los destinos en que tenga actividad. 

Nunca como ahora el mundo ha caminado más aceleradamente hacia la globalización. La mera producción a un coste competitivo en origen frente a otros países no es suficiente. Ahora se requiere también ahorro en tiempo y precio de pasaje en el transporte de personas y mercancías. El vuelo de Lufthansa hace que el aeropuerto de Noáin sea una buena lanzadera al Hub que representa Fráncfort con sus 462.885 operaciones aéreas anuales. Hasta hoy, cualquier vuelo regular internacional desde Pamplona implicaba tomar el enlace en Madrid-Barajas. Por este aeródromo han pasado en 2016 hasta 50,4 millones de pasajeros, mientras que por el de Fráncfort, lo han hecho 60,8 (un 20,6% más). Este mayor tamaño supone una oferta más amplia y competitiva de vuelos del aeropuerto germano. Con objeto de asegurar la continuidad de Lufthansa en la Comunidad Foral, convendría que los navarros procurásemos utilizar Fráncfort como escala intermedia en nuestros trayectos internacionales.

Así como la salida internacional parece resuelta, la comunicación aérea interior es un desastre absoluto. La mayoría de aviones de Air Nostrum, la franquicia de Iberia, son diminutos y aterrizan en las puertas de embarque más lejanas del acceso terrestre (las ‘K’), lo que supone caminar entre 15 y 20 minutos. Además, los precios para volar a Madrid a veces son mayores que los de muchos vuelos transatlánticos. Se pueden encontrar viajes Madrid-Nueva York y regreso (se recorren 11.535 Km) que cuestan 425 euros, mientras que las tarifas de un Pamplona-Madrid y regreso (640 Km), excepto las de unas pocas plazas que se agotan enseguida, son mayores. Si tomamos las ofertas de Lufthansa, cubrir el trayecto Pamplona-Nueva York (vía Fráncfort) y su regreso supone 500 euros. Sin embargo, lo peor de Air Nostrum no es el precio, sino que, al operar en solitario en Noáin, adopta un régimen de monopolio, ofreciendo los horarios que a su logística convienen, en lugar de los que precisan los pasajeros.

Dado que Pamplona no genera un volumen de viajeros suficiente como para que opere una línea aérea low-cost, lo deseable es traer a Noáin una compañía que mejore la actual oferta de horarios y que lo haga a un precio razonable. ¡Ojalá se encuentre una aerolínea que nos uniese a destinos interiores, como Madrid, Barcelona y Málaga! Si se piensa en la promoción del turismo de la Comunidad foral, la ruta a Barcelona se perfila como la de mayor necesidad.

En el caso que nos ocupa, la cooperación de instituciones y expertos del sector ha sido la clave del éxito para convencer a la solicitadísima Lufthansa. Parece de justicia aludir al tesón y profesionalidad de Amaya Manrique (Sodena), Juanchi Patús (Anavi), Javier Lacunza (Baluarte), Antonio García Aparicio (Aeropuerto), Javier Taberna, Fernando San Miguel (Cámara de Comercio) y otras muchas personas. En economía la ruta directa del acierto es la colaboración público-privada. El vicepresidente Ayerdi lo tiene más claro que su Gobierno. Ahora le queda impulsar las otras vías, las férreas, infraestructuras que ineludiblemente forman parte de toda región que quiera tener futuro.


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