08
mar
Actualidad Económica

Todo pasa en esta vida, y la crisis actual no es una excepción, porque el covid ha venido para marcharse, aunque no sepamos cuándo nos abandonará del todo. Ha habido epidemias mucho peores antes, como la Peste Negra del siglo XIV, que ocasionó el fallecimiento de entre el 30% y el 60% de la población europea. También la gripe española se llevó por delante en un solo año entre 20 y 40 millones de vidas. Además, otro motivo para recobrar la tranquilidad es que vivimos en el mejor momento de la sanidad en la historia, como lo demuestra el tiempo récord empleado para disponer de vacunas. Estos logros objetivos confirman que el resurgimiento se producirá, aunque desconozcamos la fecha. Quien actúe con excesiva cautela y espere inactivo demasiado perderá oportunidades que, por el contrario, rentabilizarán los audaces que se atrevan a emprender de nuevo.

Este optimismo descansa en un hecho incuestionable: el coronavirus ha disparado la tasa de ahorro. El ingente capital embalsado se irá liberando conforme las expectativas renazcan de nuevo. Por ello, los Gobiernos debieran ofrecer condiciones que fomenten que el dinero se ponga en circulación y dinamice la actividad empresarial. Así como en los años 60 se elogiaba al ahorrador, al atribuirle austeridad y prudencia, ahora, desde un punto de vista pragmático, constituye un error. Hoy, un excesivo remanente de ahorro de los particulares y empresas supone un freno al relanzamiento económico.

Fuente: Actualidad Económica

Hasta aquí las buenas noticias. Las menos buenas consisten en que contar con un elevado potencial financiero no basta para que la recuperación arranque. Hace falta, además, que haya confianza en el Gobierno del país. Desde luego, no ayuda que el Estado aumente su hipertrofia, a costa de hachazos fiscales a las empresas. El riesgo que ha de asumir todo emprendedor se desincentiva cuando presencia despilfarros injustificables en tiempo de crisis, que tendrán que pagar ellos sin rechistar.

Hoy, el ranking trata de elaborar un posible predictor de la recuperación: el ahorro familiar, entendido como el dinero que queda tras abonar los gastos frente a los ingresos totales, expresado en porcentaje. Los países de la OCDE cuyos ciudadanos más ahorraron en 2020, el año de la pandemia, fueron Luxemburgo (27,4%), Irlanda (22,8%) y Francia (20,6%). En el extremo contrario se hallan Grecia (-7,8%), Nueva Zelanda (4,7%) y Eslovaquia (5%). Las causas de esta diversidad de comportamientos responden en buen parte a la singular idiosincrasia de cada nación. Así como los griegos han tenido que tirar del ahorro para sobrevivir, en Nueva Zelanda no existe cultura del ahorro, porque su economía es muy estable y el temor a una crisis, reducido.

Otro dato elocuente acerca del ahorro en este grupo de países lo encontramos en su aumento durante el año de la pandemia respecto al anterior. Lideran Irlanda, con 15,3 puntos porcentuales más, Reino Unido (12,9) y España (12,2). Quizá, más que el miedo a lo que venga, la razón de estos crecimientos radique en la incapacidad de gastar que ha supuesto el confinamiento. Con los comercios y la hostelería cerrados y sin vacaciones, el consumo ha disminuido drásticamente. No hay duda de que el ahorro acumulado constituye un potencial dinamizador de la actividad económica enorme, pero como la confianza de los ciudadanos en sus respectivas economías difiere mucho, también la recuperación será dispar.


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