14
oct
Actualidad Económica

Entre las víctimas de la absurda guerra comercial que parece dispuesto a desencadenar el presidente Donald Trump se encuentran algunos sectores relevantes de la agricultura española. El aumento de las tarifas arancelarias que se quiere imponer a numerosos productos agrarios va a causar daños a muchas explotaciones y es lógica, por tanto, la preocupación que sus representantes manifiestan. En su peculiar lenguaje, nuestro presidente del Gobierno en funciones ha acuñado una expresión bastante pintoresca al hablar de “atropello arancelario”; seguramente tal expresión no pasará a los libros de economía, pero refleja la existencia de un problema al que no parece fácil encontrar solución, al menos en el corto plazo.

En este conflicto, la estrategia a este lado del Atlántico parece basarse en la idea de que Trump es el malo y nosotros somos los buenos; él es el proteccionista y nosotros somos los que defendemos el comercio libre. Pero, ¿realmente son así las cosas? ¿Son librecambistas los agricultores europeos en general y españoles en particular? Me temo que no, y que los datos que corroboran esta idea son abrumadores. Si hay un sector en la economía mundial sujeto a las políticas de prohibición de importaciones, a los contingentes y a los aranceles es la agricultura.

La conocida PAC (es decir, la Política Agrícola Común de la Unión Europea), basada en controles y subvenciones de todo tipo, representa una clara oposición a los principios básicos de un mercado competitivo. Es cierto que Europa no está sola en este tipo de regulaciones y que en Estados Unidos o Japón la protección a la producción local también domina claramente el sector. Pero resulta bastante sorprendente que ahora nuestros agricultores clamen contra una política proteccionista (condenable, sin ningún género de dudas) cuando están viviendo en un sistema protegido y subvencionado, y con frecuencia manifiestan que tal protección es insuficiente.

Habría que preguntar a los productores agrarios del resto del mundo, en la mayoría de los casos de países con niveles bajos de desarrollo económico, qué piensan de estas críticas que hoy dirigimos a la política comercial norteamericana. Porque mucho me temo que no nos resultaría fácil explicarles que el proteccionismo de Trump es condenable y, en cambio, el nuestro está perfectamente justificado.


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