20
jul
Actualidad Económica

Uno de los peores dramas que puede sufrir un joven es querer trabajar y no tener oportunidad de hacerlo. Esa especie de exclusión social frustra en mayor medida a quienes más se han esforzado por cualificarse. Nunca ha habido una generación mejor preparada, peor aprovechada y más insatisfecha.

Nuestro Gobierno, cuya potestas (poder político capaz de imponer decisiones mediante la coacción legal o física) ha crecido desmesuradamente frente a su auctoritas (poder moral, basado en el reconocimiento o prestigio de una persona), está muy perdido en esta materia. El Ministerio de Educación intenta potenciar el empleo de esta generación a base de formación profesional, pero esto no resuelve el problema, porque hace falta despertar una viva actitud emprendedora que no se puede enseñar en el aula.

Los desempleados en España entre 15 y 24 años se sitúan en el 32,9%, el valor más alto de los países de la UE-28 que pertenecen a la OCDE. Con un 32,4% le sigue Grecia, cuya trayectoria parece que, de hecho, quiere seguir Moncloa. Esta desocupación tan elevada no es por la pandemia, porque hace un año la cifra era similar. Los países con menor paro juvenil son los que tienen un déficit público muy reducido o incluso superávit, justo lo contrario que en España. Destacan Alemania (5,4%), República Checa (7,2%), Polonia (9,1%) y Países Bajos (9,5%).

Fuente: Actualidad Económica

Los Estados en los que la juventud sufre mayor agravio frente a los trabajadores entre 25 y 74 años son Luxemburgo, donde presentan un porcentaje de paro 20 puntos más alto, España (19,8 puntos), Suecia (19,6) y Grecia (18,8). En el extremo contraria se hallan Alemania con solo 1,7 puntos de diferencia entre ambas franjas de edad, República Checa (5,1), Eslovenia (6), Dinamarca (6,4) y Polonia (6,6). Aunque se han utilizado las últimas cifras de la OCDE y Eurostat, no recogen las previsiones del desplome laboral que está conllevando la pandemia. El Banco de España, a partir de datos del 9 de junio, estimaba que el paro cerraría 2020 en un 23,6% si se producía un rebrote del covid en otoño, situación que ya estamos sufriendo.

Es cierto que entre los jóvenes hay desaprensivos que hacen del arte de vivir de los demás una profesión, por creer que declararse un antisistema da derecho a todo. Sin embargo, la mayoría están dispuestos a realizar un esfuerzo abnegado para conseguir sus aspiraciones. Ansían depender de ellos mismos, para tener la libertad de dirigir su propia vida y ser felices al avanzar en el camino que conduce a sus sueños. Recientemente, he dirigido la Escuela de Libertad para universitarios de Civismo y mi conclusión resulta categórica: cuando nuestros jóvenes se saben responsablemente libres y conocen sus potencialidades y el escenario cambiante que los aguarda, son capaces de crecer por dentro para convertirse en la mejor versión de sí mismos. Entonces no hay quien les pare, porque dejan de ser espectadores de sus propias vidas y pasan a protagonizarlas, lo que los lleva a aprender la importancia de la versatilidad para adaptarse a una época de incertidumbre en todos los ámbitos y, sobre todo, en el laboral.


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