03
dec
Diario de Navarra

Cuando una persona cae en el bucle cerrado del lamento recurrente, la esperanza y la ilusión se desvanecen. Si se carece de motivación para actuar, lo probable es que la situación empeore. Aunque para poder mejorar haya que analizar la coyuntura, si esto nos conduce a la parálisis, entonces nos estamos pegando un tiro en el pie, y cojeando, nos hallaremos más torpes para llegar a la solución.

San Francisco Javier representa un buen modelo para recuperar el optimismo, porque el santo patrón de los navarros fue un emprendedor incansable en su labor evangelizadora. Su amor a Dios le llevó a querer al prójimo y darle lo más valioso que encerraba, aunque por hacerlo se complicara la vida. Su tesón a la hora de trabajar por un ideal debiera inspirarnos para emplear la energía que perdemos quejándonos en hacer algo grande por los demás. El mero hecho de intentarlo ayudará a que nos sintamos mejor, y dinamizará nuestra voluntad de contribuir a arreglar aquello que criticamos. Cada quien ha de descubrir en qué puede resultar más útil, porque cuando se tiene un porqué, siempre se puede encontrar un cómo.

Para saber en qué conviene canalizar nuestros esfuerzos, hay que observar con atención nuestro entorno y ser realistas, ya que, así, lograremos encarar los problemas de una forma más certera y eficaz. Navarra ha dejado de liderar los indicadores macroeconómicos regionales. Ahora, nos situamos con más frecuencia cerca de la media nacional que en los primeros puestos, privilegiada posición que ocupábamos hace un lustro. Otro rasgo que nos caracteriza a día de hoy es el gasto público, plasmado en tres indicadores: 1) Navarra encabezó el gasto sanitario por habitante en 2018 (1.692 euros), lo que implica que, vistas las justas reclamaciones de médicos y pacientes, nuestros políticos gestionan este alto presupuesto muy mal. 2) Se trató de la segunda comunidad autónoma con el gasto público más elevado por habitante en 2018 (14.021 euros). 3) Es la tercera en aumento del gasto social entre 2009 y 2018. Además, los navarros soportamos, en conjunto, los tributos más altos de España para casi todas las rentas, a excepción de las más bajas. La conclusión es irrefutable: la Comunidad foral puede acabar resultando insostenible.

Sin embargo, y pese a esa sombría amenaza, podemos mostrarnos optimistas si nos decidimos a organizarnos como sociedad civil para protestar ante cada provocación de los políticos. La última ha sido la ‘mordida’ al dinero de todos al dilapidar seis millones de euros en sobredimensionar el Gobierno. Si los navarros reaccionamos masivamente y con audacia a través de los medios de comunicación, redes sociales incluidas, y asociándonos, quienes están en el poder trocarán la arrogancia que exhiben por una actitud de respeto hacia los ciudadanos. En los momentos difíciles que estamos viviendo, con nuestra identidad como pueblo y viabilidad económica cuestionadas, hace falta que todos pongamos un granito de arena para asegurar el futuro de Navarra. Ello no quita que comprendamos a quienes han tenido que marcharse para protegerse de unos impuestos confiscatorios.

Quizá, quienes más capacidad tienen para ayudar sean los empresarios. Si se unieran para acometer iniciativas ante la opinión pública, el gobierno dejaría de derrochar. Quienes generan empleo y riqueza deben perder el miedo y plantarse. Así, conseguirían evitar que nuestra región sea la peor de Europa para alojar un patrimonio empresarial. Si permanecen unidos, el Ejecutivo Frankenstein que padecemos entrará en pánico. Si queremos una Navarra mejor, todos debemos colaborar.


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