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Tras varios meses durante los cuales se venía especulando sobre el posible tamaño de la subida de tipos que se produciría en el mes de julio, finalmente el BCE dio a conocer que esta sería mayor de lo que muchos analistas habían predicho. Tal y como confirmó Christine Lagarde, la subida alcanzaría medio punto porcentual y situaría la tasa de depósito del BCE en el 0%, posicionándola fuera de terreno negativo por primera vez desde la crisis del euro. El mensaje de la presidenta del BCE fue asimismo más contundente de lo que muchos esperaban, aunque ciertamente necesario tras registrar la Eurozona una inflación del 8,6% al cierre del mes de junio.

Sin embargo, últimamente las conversaciones de política monetaria en la Eurozona han estado más centradas en la inestabilidad política de Italia y el spread de sus bonos a 10 años con respecto a los alemanes, que en la tasa de inflación en sí. El masivo incremento de la prima de riesgo italiana se produjo principalmente tras la dimisión de Mario Draghi como Primer Ministro de Italia y la crisis política que se ha generado en el país durante las últimas semanas.

Para prevenir que movimientos similares de las primas de riesgo de los países más endeudados de la Eurozona se puedan repetir en un futuro cercano, el BCE anunció el TPI el pasado jueves. Es precisamente en el funcionamiento de dicho instrumento y sus límites donde se encuentra el principal misterio de la política monetaria del BCE a medio plazo.

El principal cometido del nuevo mecanismo ideado por el BCE es prevenir una crisis de deuda similar a la del año 2012, evitando incrementos de la prima de riesgo de los países fiscalmente más débiles que no sean debidas íntegramente a sus fundamentales macroeconómicos. Para ello, en caso de que la prima de riesgo de alguno de los Estados miembro de la Eurozona comenzara a incrementarse por movimientos de los mercados que no se encontraran respaldados por la situación macroeconómica a criterio del BCE, este podría intervenir adquiriendo masivamente bonos soberanos de dicho Estado, reduciendo así el yield de sus bonos y la prima de riesgo.

El anuncio y puesta en marcha de dicho instrumento fue algo más acelerado de lo que muchos esperábamos, en un intento de apaciguar a los mercados ante la crisis política italiana y sus devastadores fundamentales. De hecho, muchos analistas creen que miembros del Consejo del BCE que en un principio se oponían a dicho instrumento finalmente lo apoyaron a cambio de una mayor alza de los tipos de interés, tal y como observamos el pasado jueves.

Pero, ¿cómo funcionará realmente este instrumento?

Tal y como ha anunciado el BCE, a través del TPI el banco central podrá adquirir bonos soberanos de los Estados miembros de la Eurozona con madurez de 1 a 10 años mientras estos estados estén sufriendo un deterioro de sus condiciones financieras no generado por fundamentales económicos específicos de dicho país. Todo ello viene a significar que el BCE evitará incrementos notables de la prima de riesgo que no vengan justificados por cambios bruscos en las proyecciones económicas de un país. Por otro lado, y aunque no muchos medios lo hayan destacado, cabe comentar que el BCE anunció que podría adquirir incluso activos del sector privado si ello fuera apropiado para menguar el spread de la deuda soberana.

De hecho, el banco central no ha anunciado ningún limite cuantitativo aplicable a dicho instrumento, comentando que el volumen de compras en caso de que el TPI tenga que ser puesto en marcha dependerá de la gravedad de cada caso particular, hasta llegar a lo necesario para estabilizar la prima de riesgo en un rango aceptable para la estabilidad macroeconómica y las condiciones de financiación de cada estado miembro.

Por otro lado, dicho mecanismo no será incondicional, ni mucho menos. Aparte de las condiciones previamente descritas y necesarias para la activación del mecanismo, el BCE considerará a la hora de ponerlo en marcha si las dinámicas de deuda pública del estado en cuestión son aceptables y si las políticas económicas que esté poniendo en marcha son sólidas y sostenibles en el largo plazo; ambas a juicio del banco central.

Además, antes de la activación del TPI, el BCE evaluará determinados indicadores de mercado y transmisión de política monetaria, como puede ser el coste de la deuda para un determinado estado o las empresas de dicho país, asegurando así que dichas compras de deuda sean no solo necesarias, sino también efectivas. Asimismo, el BCE no olvida que la activación de dicho instrumento podría truncar su objetivo del 2% de inflación y, por lo tanto, resalta también que este será un factor a tener en cuenta a la hora de analizar la idoneidad de esta política.

Si algo han sacado en claro los mercados de todo esto es que la época de baja inflación y flujo constante de liquidez por parte del BCE ha terminado. La época del BCE como héroe redentor de los mercados ya es historia, y, por lo tanto, es normal que observemos los ajustes que llevan meses produciéndose en los principales índices del mundo. Lo que era excepcional era el escenario de política monetaria de la última década y no hacia el que avanzamos en la actualidad. Algunos parecen haber olvidado que el “Whatever it takes” puede ir en ambas direcciones.


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