16
aug
OkDiario

Desgraciadamente para nuestro país, los indicadores adelantados que ofrece la OCDE muestran ese claro “descuelgue” de la economía española en lo que a la recuperación del bloque comunitario europeo se refiere. Mientras las previsiones al inicio de la pandemia ofrecían pronósticos más optimistas, el deterioro contrastado en la gestión pública de una crisis sin precedentes, como la que hoy nos acontece, ha acabado deteriorando la situación de la economía española hasta tal punto que esta se muestra como la economía más dañada de toda la Unión Europea, junto a la economía italiana.

En este sentido, atendiendo a estos indicadores adelantados que comentamos, hablamos de unos indicadores que, siendo realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se publican periódicamente. Algunos de los indicadores seleccionados para el cálculo son los de horas trabajadas, permisos de construcción, peticiones de subsidio de desempleo, pedidos de bienes duraderos, evolución de la Bolsa, agregado monetario M2, índice de expectativas de consumo, entre otros.

El objetivo de publicar y analizar estos indicadores, además de ser la razón por la que reciben dicho nombre, es el de adelantarse al ciclo real 6-12 meses. Para ello, se trata de buscar tendencias de largo plazo en el índice, siendo el objetivo de esto el poder predecir puntos de inflexión en las distintas economías que integran la organización multilateral. Anteriormente, la regla general era que tres meses consecutivos de caídas en el índice señalan a una recesión en el plazo de un año, mientras que, por otro lado, si se producen tres aumentos consecutivos, estos podrían estar señalando una recuperación.

Los datos que ofrecen estos indicadores para el mes de julio muestran un claro retroceso de 0,63 puntos en las expectativas para la economía española. Un dato que se muestra como un indicador a tener en cuenta, ya que dicho dato se contrasta con una clara mejora de 0,98 puntos en el registro realizado para el conjunto de países que integran la OCDE. En este sentido, y como ya había ocurrido anteriormente, destacando un claro desmarque de la economía española y que, como ya ocurrió en 2008, reabre la brecha de la recuperación entre España y el conjunto de economías homólogas del bloque comunitario.

La economía española no se encuentra dentro del club de países que ya muestran esos signos de recuperación y optimismo. Mientras que el indicador para los países “ricos” se ha disparado hasta los 97,98 puntos, tras el alza de 0,98 puntos registrada, España ha sufrido el mayor retroceso registrado por la OCDE, tras registrar una caída de 0,63 puntos, que ha situado el indicador en los 93,72.

Ni comparando estas cifras con la zona euro, donde se registran crecimientos de hasta 0,64 puntos, situando al conjunto de países en los 97,29, se puede extraer una lectura positiva para España. Pues, en su contraste, hablamos de una caída que se sitúa muy por debajo de la media internacional, así como muy por debajo del conjunto de economías en la zona euro.

Medidas

Estos datos, tras haber recogido registros que, como el empleo o el PIB, situaban a España como una de las economías más dañadas por el COVID, preocupan a unos gobernantes que no se encuentran en disposición de aplicar muchas medidas, si no es con la ayuda, y consentimiento, de un bloque comunitario que, nuevamente, palia los efectos de una crisis con ayudas que, en cierta forma, compensen el escaso fondo de maniobra con el que contaba la economía española tras verse inmersa en la crisis.

Un fondo de maniobra que, atendiendo a las previsiones que arrojan, también, desde todos los organismos, prevé seguir reduciéndose, tras tener que afrontar determinadas obligaciones que, con el deterioro de la economía española, situarían el nivel de deuda y de déficit excesivamente deteriorados.

Como vemos, una situación más para preocuparnos por una economía que, encabezando las caídas por el gran deterioro de un sector estratégico para nuestra economía como es el sector turístico, vuelve a mostrar una perpetua vulnerabilidad de la economía española a la hora de enfrentarse a las crisis. Una vulnerabilidad que, de no comenzar a aplicar políticas para revertir la situación, podría condenarnos, nuevamente, a una recuperación más tardía que la que prevén mostrar el conjunto de países europeos; una recuperación que, atendiendo a precedentes como la crisis pasada, llevó a España a recuperar su economía 9 años después de que lo hiciese Alemania.


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