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Si hay un tema relacionado con la política y la economía sobre el que se haya hablado por extenso a lo largo de los últimos meses y años, ese es el Brexit. Se han publicado exhaustivos trabajos académicos al respecto, y se han empleado litros de tinta para tratar de explicar un proceso de ruptura con la UE que puede resultar muy difícil de comprender. Esta incomprensión ha generado una gran incertidumbre económica y financiera a lo largo de los últimos tres años. En un escenario de ralentización europea como el actual, con unos bancos centrales que han agotado toda su pólvora y recalentado sus armas, y con los principales Estados miembros negándose a realizar reformas estructurales de calado y fiándolo todo a la sempiterna política de gasto, el Brexit se torna mucho más complicado y problemático.

Se han señalado en multitud de ocasiones los efectos que podría tener (ya se están observando muchos de ellos) sobre la economía británica, pero no debemos olvidar que, en dicho proceso, también se ven involucrados el resto de países de la UE, ya que son socios comerciales directa o indirectamente de Reino Unido. Por ello, todos los gobiernos interesados en atraer parte del capital extranjero que dejaría Londres tras la salida de la UE están diseñado planes estratégicos para favorecer la inversión financiera directa. La ejecución de dichos planes podría complicarse mucho más en una situación de Brexit duro, no solo por sus efectos a posteriori, sino por la incertidumbre e inestabilidad política, que han sido seña de identidad del proceso de ruptura con la UE desde junio de 2016. ¿Conocemos realmente las repercusiones?

En estos últimos meses, las economías europeas han experimentado de un modo generalizado la contracción del ritmo de creación de empleo y una clara reducción del volumen de inversión. Reino Unido no ha corrido mejor suerte y, debido principalmente a las incógnitas que lo rodean, ha visto cómo disminuía el crecimiento de su volumen de inversión financiera directa en un 6%, y la generación de empleo, en un 1,5%.

La incertidumbre empresarial en Reino Unido se encuentra prácticamente en máximos desde hace más de 10 años, coincidiendo con la crisis financiera global de 2008. Según una encuesta de Decision Maker Panel, tras el Brexit, las empresas esperaban que sus ventas decrecieran alrededor de un 2,5%, a lo que se sumaría una reducción en las exportaciones, y un incremento de los costes unitarios, laborales y financieros. Según los datos que se manejan, estos últimos han aumentado cerca de un 4% hasta 2020, mientras que las ventas al exterior se han contraído más del 2%. Dichas cifras reflejan un escenario negativo evidente para la economía británica, con efectos colaterales sobre la inversión y el ritmo de creación de empleo. Pero, ¿cómo sabemos que estos números son producto de la incertidumbre y no la simple continuación del ciclo económico?

Tres economistas (Nicholas Bloom, Scarlet Chen y Paul Mizen) han publicado recientemente un informe titulado Rising Brexit uncertainty has reduced investment and employment, en el que se pueden observar de manera muy clara los perniciosos resultados económicos del proceso de ruptura con la UE. Para ello, han analizado en un amplio trabajo econométrico los cambios en el volumen de inversión y empleo, y los han ligado a 3.000 empresas británicas expuestas a diferentes niveles de incertidumbre (ya que los efectos del Brexit no son los mismos en una empresa que se dedica principalmente a exportar a países europeos que una pequeña que vive de la demanda interior). Del estudio se desprende que la pura incertidumbre política podría estar relacionada con una caída cercana al 6% del volumen de inversión.

Gráfica 1. Impacto esperado del Brexit (% y puntos porcentuales para costes financieros)

Fuente: Bloom, Chen y Mizen a partir de datos de Decision Maker Panel

En un proceso de cambio estructural de la economía como el que vivimos hoy en día, lo más relevante para un país debe ser mantener (o aumentar) el nivel de productividad, que, a su vez, va altamente ligada a la innovación y desarrollo de nuevos productos y procesos productivos. Por ello preocupa, y mucho, que actualmente Reino Unido esté sufriendo fuertes retrocesos en su nivel de productividad. El efecto resulta más notorio en aquellas empresas que exportan, importan componentes, o se financian a través de otros países de la UE. Coincide que dichas compañías son también las que registran un mayor nivel de productividad, atendiendo a la serie histórica. Por ello, si la ven mermada, ello generará un efecto amplificador sobre el total de la economía británica, y por ende, la europea. Las estimaciones muestran una reducción de la productividad británica del 0,5% al año; teniendo en cuenta que esta solo ha crecido un 1% a lo largo de los últimos años.

Gráfica 2. Impacto final esperado del Brexit sobre las ventas versus productividad

Fuente: Bloom, Chen y Mizen a partir de datos de Decision Maker Panel

Y, ¿cómo afecta todo esto a España?

Sorprenderá saber que los efectos del Brexit sobre nuestra economía podrían ser bastante mayores de lo esperado. No en vano, Reino Unido se trata del quinto país que más invierte en la economía española, con un volumen de 63.000 millones acumulados a lo largo de once años. Además, el 46% de la inversión financiera directa que reciben los británicos proviene de países de la UE, y el propio funcionamiento de su marco financiero promueve que ese dinero se canalice hacia proyectos en otros Estados. Por tanto, tras el Brexit, se reduciría sustancialmente la inversión de la isla en España.


España debe estar alerta ante las oportunidades de atracción de capital extranjero que puedan surgir del Brexit


Respecto al turismo, el impacto sería también muy perjudicial, ya que, al año, cerca de 16 millones de turistas británicos se decantan por nuestro país como destino vacacional. Un endurecimiento de las condiciones para visitar países de la UE causaría en los próximos años una fuerte caída del volumen de viajeros de esta nacionalidad. Por todo ello, administraciones españolas como la Junta de Andalucía publicaron recientemente un programa estratégico de medidas para promover la atracción de capital británico. Algunas de ellas podrían ser enormemente útiles a la hora de garantizar seguridad y estabilidad a los inversores, como un asesoramiento legal individualizado a las empresas extranjeras que se asienten en Andalucía, mayor inversión en I+D a través de un Centro de Innovación Logística, o distintas ventajas fiscales que se ofrecerían a las empresas y trabajadores británicos, incentivando así su decisión de radicarse en Andalucía (u otras regiones de España con planes estratégicos similares). El problema se encuentra en que dichos planes se realizan sobre una base de arenas movedizas, ya que se desconoce el resultado final de este proceso de ruptura. Por ello, diseñar grandes programas (con su correspondiente carga al Erario) puede resultar incluso contraproducente para la economía española. Planes estratégicos para promover la atracción de capital, sí. Planes megalómanos de gasto público, no.

En conclusión, la incertidumbre e inestabilidad en torno al Brexit es máxima, con las consecuentes repercusiones económicas. Por consiguiente, las administraciones españolas deben estar alerta ante las nuevas oportunidades de atracción de capital extranjero que puedan surgir de dicho proceso. Recordemos, eso sí, que la economía se mueve por incentivos, y un mayor gasto público en este sentido solo supondría un nuevo obstáculo.


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